Aunque la fiesta pivota en el disfraz, en Toro el Carnaval es bastante más. La ciudad de Doña Elvira (la de verdad y este martes la de su réplica de Funko Pop) vive este martes una de las tardes más celebradas de su calendario, donde la vergüenza se queda en casa y salen a la calle los disfraces. Cuanto más artesanales y locales, mejor. Así lo celebra el público, que presta más atención a lo más cercano, que celebra lo conocido y que alaba el esfuerzo por recrear lo que, cada día, convive los vecinos de Toro.

Si uno atiende a las fotos que se hacen, la palma de este año se la han llevado los Funko Pop locales. «Míralos, son buenísimos», asegura una espectadora al verlos avanzar por el desfile. A mayores de la citada Doña Elvira, réplicas de juguete de Fernando el Católico, Jesús López Cobos, María de Molina, Fray Diego de Deza o del Cardenal Pardo Tavera han circulado por los grupos de whatsapp de medio pueblo. Alguno echa en falta la representación de la política local entre las figuras. Quizás para otro año. Entre lo local, mención especial también para La Toresana, con su chavalería disfrazada de churros y música creada en exclusiva para la ocasión.
Avanza el desfile con cabida para todo el que se atreve a saltar al centro de la calle. Grupos grandes, como Mulán, las Conservas Cermeños Toro o los sombrereros de Alicia en El País de las Maravillas se alternan con parejas que lucen orgullosas sus disfraces, con familias que han dedicado su tiempo en fabricar un moster-truck para desfilar con el niño y con valientes que echan mano de la nostalgia para rememorar, con una baliza v16 sobre el helicóptero, las hazañas del Inspector Gadget.

En Toro, hay fiesta en Carnaval para el que la quiera. Lo dicho, solo hay que atreverse. El que lo hace, repite.








