«Llevamos tres días, con este, sin teléfono ni internet. Yo me acabo de subir al monte para poder hablar con la gente». El testimonio corresponde a Soledad Bruña, una mujer residente en Porto de Sanabria. Y está enviado al caer la tarde de este domingo 15 de febrero. Durante el fin de semana de carnaval, la localidad portexa ha estado incomunicada. Lo confirma también el alcalde, Francisco Blanco, que puede responder a los whatsapps porque en ese instante no está en la localidad.
El problema golpea a los vecinos de la zona en una época del año en la que muchos de los residentes tienen a sus familiares cercanos lejos de allí. La falta de comunicación es un problema en sí mismo por múltiples razones y un foco de preocupación para la población vinculada que ve el panorama desde las ciudades. Y lo peor es que no se trata de un escenario aislado.
En una de las localidades más cercanas a Porto, Barjacoba, también en la Alta Sanabria, acaban de salir de un periodo de 25 días sin teléfono ni internet. Y no solo se trata de las comunicaciones familiares. También de los problemas para los negocios, del riesgo para la gente que vive sola o de las alertas para cualquier emergencia. Los portexos esperan resolver el problema con más facilidad, pero la sensación de inseguridad permanece.
A kilómetros de allí, en la parte de Sanabria más pegada al Lago, la situación tampoco es para tirar cohetes. En los últimos días, el temporal ha provocado cortes de luz recurrentes. En varios pueblos suele suceder. En cuanto el tiempo se pone desfavorable, empiezan los problemas con los suministros. Y el clima de esta zona es propenso a dar lugar a determinados fenómenos. Eso lo saben las autoridades y las compañías.
Por eso, a los vecinos les cuesta entender que se den situaciones como la que el sábado por la noche afectó a algunas localidades de Galende y otros puntos de Sanabria. Por ejemplo, en Vigo, la tarde arrancó con pequeños cortes de luz y terminó con uno prolongado que duró más de ocho horas, hasta las seis de la mañana del domingo. No había electricidad ni comunicación posible. Ni siquiera con el 112.
Ese panorama afecta a los particulares, claro. Especialmente, a la población vulnerable. Pero también a los negocios hosteleros que se ven ante la tesitura de carecer de suministros y de ubicarse en un pueblo completamente a oscuras justo en la noche del sábado de carnaval. El problema se resolvió. Ahora bien, no fue algo puntual.
