A Pradorramisquedo le ha entrado el agua hasta la puerta. Lo dicen los árboles cubiertos hasta medio tronco en la zona baja del pueblo y las lagunas alrededor del pequeño puente por el que un hombre cruza con el perro a dar el paseo, ahora que la borrasca ha dado un respiro. Poca gente más se ve en esta pequeña parroquia de Ourense, a la que se llega serpenteando entre la ZA-102 y la OU-124. Es decir, por esa zona de la Alta Sanabria donde se intercalan Castilla y León y Galicia. Para ir de Pías a Porto, todo en Zamora, hay que pasar por este rincón de la provincia vecina.
Ya en la cuesta que atraviesa el pueblo, los gatos campan a sus anchas por los tejados, las escaleras de piedra o los montones de leña que se acumulan en las zonas altas y protegidas de la lluvia. Solo la presencia de un todoterreno advierte de la existencia de algún vecino más aparte del paseante. El hombre se detiene con el coche casi en la salida del pueblo, dispuesto a atender un gallinero más mojado de la cuenta. Su nombre es Javier Rodríguez. Y sonríe cuando se entera del motivo de la visita. Hace ahora veinte años, Pradorramisquedo quiso salir de Galicia y entrar en Zamora. Aquello no se concretó, pero provocó un revuelo que sus protagonistas no han olvidado.

Para entender un poco mejor las razones de Pradorramisquedo, conviene dar algo más de contexto. La parroquia pertenece al ayuntamiento ourensano de Viana do Bolo. Para llegar hasta allí, los vecinos tienen que viajar unos 45 minutos en coche. En cambio, tanto Pías como Porto, municipios zamoranos, quedan a menos de un cuarto de hora de aquí. «La distancia influyó, por el médico, el papeleo y todo lo demás, pero nos lo planteamos, sobre todo, por la falta de servicios», explica Rodríguez.
En aquel momento, a finales de 2005, el alcalde pedáneo de Pradorramisquedo, Rogelio Blanco, promovió esa reclamación desde la óptica de que «la parte de Zamora tenía mejores atenciones». «Y nos quedaba todo mucho más a mano», añade ahora Rodríguez. El planteamiento era convertir a esta parroquia en una pedanía de Porto o de Pías: «Eso no se llegó a aclarar. Era simplemente cambiarnos de provincia», abunda el vecino, que cree que el jaleo que se formó tenía que ver principalmente con «la presión» para conseguir mejoras para la zona.

«Casi todo el mundo sabía que no se podía hacer», insiste Rodríguez, que recuerda que, desde el principio, hubo voces que advirtieron de las dificultades legales para concretar el movimiento. «Para visibilizar nuestros problemas fue una buena idea, pero no tuvimos los resultados esperados. Seguimos exactamente igual», lamenta el vecino gallego, que recalca que la localidad se ha quedado en seis habitantes en invierno. «Antes no éramos muchos, pero sí más», matiza. Por dar cifras oficiales, en 2025 había 15 censados y, en el momento de la revuelta pro zamorana, 45.
Javier Rodríguez profundiza en la sensación de abandono. Y recuerda que Viana do Bolo sigue estando muy lejos. «Ahora que ha habido nevadas no ha venido nadie a limpiarnos la carretera», destaca el vecino, que apunta que, «a veces, la máquina de la Diputación de Zamora que pasa por aquí entra para hacer el favor de despejar la entrada». Desde Pradorramisquedo se mueven coches particulares, porque el taxi queda lejos y «no hay servicio de autobús».

Rodríguez es consciente de que la gente de los pueblos de Zamora también se queja de su propia situación, pero considera que Pradorramisquedo está peor: «Abandonados del todo», confirma el vecino, que es el único residente habitual que forma parte de la población activa. Desde esa realidad, este hombre de Pradorramisquedo habla de la relación de vecindad con todos esos pueblos sanabreses que «hablan gallego». «Si queremos ir al bar, el más cercano está en Porto», recuerda.
Los cambios en estos años
Javier Rodríguez entiende también que han pasado veinte años y que algunas de las ventajas que tenía Zamora entonces han desaparecido. El propio pueblo de Porto «ha bajado mucho», pero no se trataba tanto de eso, sino de tenerlo todo más a mano. ¿Y la identidad? «Esto es un tema práctico. Uno tiene claro lo que siente. Yo puedo pertenecer a Zamora y querer que venga más el médico, aunque me sienta muy gallego», pone como ejemplo el vecino.
Con eso de la sanidad, Rodríguez apunta que la gente de Pradorramisquedo sí usa algunos servicios de Zamora. Por ejemplo, para algunas urgencias vespertinas en Lubián: «Lo que pasa es que antes no estaba todo tan compartimentado. En el día a día era más fácil», asevera el vecino, que mantiene el ganado en la sierra, pero que ve cómo su pueblo se apaga. «En Navidad o en verano podemos llegar a ser setenta, pero son días puntuales», comenta el gallego, antes de despedirse.
¿Que por qué acabó la rebelión? Pues a principios de 2006, más o menos por estas fechas, el entonces alcalde de Viana do Bolo prometió mejores servicios y la cosa se apaciguó. A juzgar por lo que dice la gente que queda allí, el asunto se resolvió con palabras y la vida sigue igual.
