El jueves 12 de febrero es un paréntesis en medio de la sucesión de temporales que golpea a la zona que serpentea entre Zamora y Ourense, allá en la Alta Sanabria. Ni lluvia, ni frío, ni viento. Hasta un poco de sol. De las horas anteriores quedan los restos: pequeñas acumulaciones de agua en la carretera, las cascadas que bajan por las laderas y algunos barrizales que dicen que antes hubo balsas. En ese lugar ubicado en el rincón noroccidental de la provincia, en Porto, la parte del pueblo más cercana al río Bibei quedó anegada el miércoles. Viendo los vídeos, cuesta creer que la situación se haya resuelto tan rápido: «Nada, poca cosa», dicen los parroquianos en el bar sin darle importancia, antes de hablar de otras crecidas más gordas.
Pero aunque las aguas y los temporales salgan en las conversaciones con la gente, no es ese el asunto del reportaje. La cita está concertada para hablar de tradiciones, vínculos fronterizos y jarana. Del carnaval en Porto y más allá, en definitiva. Para eso acuden a la llamada dos mujeres apellidadas Bruña, como muchos por aquí. Sus nombres son Sole y Conchi. Y las dos pertenecen al folión (o fulión) As Tablillas, un conjunto que une a este pueblo zamorano con el de Valdín, ya en Ourense.

Sole es la primera en llegar y en hablar. Y empieza por el principio, por las tradiciones que conoció de niña: «Aquí teníamos un carnaval muy atípico. Yo recuerdo que daba mucho miedo. Cuando era pequeña, en cuanto oía los ruidos de los cencerros, me metía debajo de la cama», admite la mujer, que vivió aquellos tiempos y los del languidecer de las fiestas al paso de la reducción del número de vecinos. Como en tantos lugares. Llegó un punto en el que aquello desapareció.
Y así podría haber acabado la historia, pero allá por 2008 un grupo de gente se animó a ir recuperando el carnaval por estos lares: «Muy poco a poco», subraya Sole. Despacio, pero constantes. Los vecinos que se implicaron en el asunto persistieron y fueron empapándose también de los festejos de la contorna. Y aquí, eso quiere decir mirar a Galicia: «Nosotros hablamos gallego y estamos más cerca de ellos que de Zamora», remarca la mujer. Y así, de esa vinculación natural, nació la idea de montar el folión (o fulión).
¿Y qué es eso? «Es como un conjunto musical con ritmos que se hacen con bombos, azadas y, en nuestro caso, cajas», explica Sole, que aclara que lo habitual es salir con un pasacalles y tocar secuencias diferentes. «Cuando queremos cambiar de uno a otro, hacemos sonar un cuerno que es el que anuncia la variación», señala la vecina. Pero claro, montar esto de cero no es tan fácil. Ni por el número de gente que hace falta ni por el arraigo que se precisa con la tradición para darle un poco de forma al grupo.

Y ahí apareció la conexión con Valdín. Ese es el nombre de la localidad con la que Porto se unió para formar el folión. Entre las dos localidades son 35 personas implicadas: 20 de Zamora y 15 de Galicia. El conjunto se llama As Tablillas por el nombre del paraje que contiene un famoso mirador y que se ubica entre un pueblo y otro. Y el carnaval es el momento de mayor actividad de este grupo que toca, en realidad, en los tiempos de los rituales invernales: de Navidad a Cuaresma, según apunta Conchi.
El grupo va con los bombos, las azadas y las cajas a las «xuntanzas», los carnavales y las fiestas donde los invitan. Lo hacen con los ritmos particulares creados por uno de sus miembros, que forma parte de una banda heavy llamada «Ciconia» y que ha trasladado parte de su conocimiento al folión. Sus ideas musicales viajan estos días por el sur de Galicia, pero también harán parada este sábado en Porto, el pueblo que perdió el carnaval y que ahora tiene uno bien arraigado.
El folión As Tabillas saldrá por las calles de la localidad zamorana durante la tarde. Y la gente del pueblo se disfrazará a su alrededor. Es el segundo año que el carnaval se celebra de esta manera. Antes, habrá una comida popular en el bar a base de caldo gallego con «lacón, oreja, el pie y todas esas cosas». «Creo que es el primer día que vamos a estar todos», apunta Sole, que cuenta que, de los de Porto, doce viven en el pueblo todo el año y ocho vienen de fuera.
«Los ensayos los hacemos también desde Navidad para acá», remarca la vecina, mientras su compañera Conchi destaca que, en el carnaval de Porto, también se han recuperado algunos personajes de toda la vida que irán acompañando a la comitiva. Por ejemplo, el gordo y el touro. De Valdín es típica «a morte», que aparece precisamente en la imagen corporativa del folión que lucen sus componentes en el uniforme y en los instrumentos.

«Ruido y movimiento en el pueblo»
«Vamos intentando recuperarlo todo», abundan las dos mujeres portexas, que admiten que el objetivo de estos pasos es «volver a las raíces que se estaban perdiendo». Todo, en un contexto que no se puede ignorar. En Valdín son 32; en Porto, el censo dice 146, pero Sole asegura que son unos 50 en invierno. «Todo es complicado», resume la vecina. El carnaval es una forma de que haya «ruido y movimiento en el pueblo», sobre todo en esta sucesión de temporales en la que «pasan los días y la gente mayor que hay no ve a nadie».
En estos años de la recuperación, Conchi explica que los veteranos se asoman a las ventanas y disfrutan del espectáculo y del recuerdo. Ahora, también del sonido del folión que es medio de Galicia, medio de este lugar con una identidad única.
