Hay cosas que se hacen bien y dan sus frutos. La clave es tener paciencia para permitir que el trabajo bien hecho florezca. Lo saben bien en el Club Natación Zamora. El año pasado, en la categoría prebenjamín, la que reúne a los más pequeños nadadores, había «7 u 8 críos», no más. Este año son casi veinte. «Estamos muy contentos porque poco a poco las cosas van saliendo», asegura Sara Pomar, directora técnica del club, satisfecha, como el resto de integrantes del equipo, de que la natación encuentre su sitio en el mapa de los deportes locales, siempre dominado por el fútbol con incursiones de otras disciplinas. Pero hay cantera más allá del verde.
El club celebra este año su décimoquinto cumpleaños (dieciséis temporadas) después de la escisión de la Sección de Natación del Club Deportivo Actividades Deportivas Zamora. Desde entonces se ha mantenido fijo en sus objetivos: «conseguir el mayor número de éxitos deportivos posibles e incrementar la presencia regional y nacional». Hace tiempo que se dejó atrás la barrera de los cien deportistas en todas las categorías y, aupados por el empuje de los más pequeños, se trabaja ahora en consolidar a la natación como una disciplina cada vez más mayoritaria.

La formación va por barrios, por edades en este caso, y requiere de una especial mano izquierda con la chavalería. «Es fundamental cuando se arranca establecer relaciones de compañerismo entre los críos, que sean amigos. Lo demás lo aporta la propia natación, que nos enseña a movernos dentro del agua, algo bastante complejo». Cuanto antes se arranque, apuntan los monitores, mejor.
Aunque no se trate de una competición especialmente tensa, los prebenjamines empiezan en esta etapa a saber lo que es enfrentarse al cronómetro. La exigencia es la que es, evidentemente, pero competir desde tempranas edades tiene beneficios, asegura Pomar. «Creemos que es bueno que noten cierta inquietud por hacer las cosas bien, por querer mejorar, por esforzarse. Y es bueno que vean que el esfuerzo, aunque sea grande, no siempre lleva al resultado. Que puedes esforzarte mucho pero ver que hay alguien mejor que tú». La monitora sabe de lo que habla. La conversación se lleva a cabo pocos días después de celebrarse el Campeonato de España Máster de Castellón. Un campeonato en el que el club finalizó en 38 posición de entre los 194 participantes y del que Sara Pomar se trajo tres récords de Castilla y León en su categoría (200 metros mariposa, 400 metros estilos y 200 metros estilos).

El club asegura basar su metodología en una conjunción de «principios educativos y deportivos» en las primeras etapas. «Más allá de formar nadadores de élite, buscamos la formación integral de cada uno de nuestros miembros. Más que en la competición o en los resultados, nos enfocamos en un proceso formativo continuo, con certeza de que este camino guiará» a los niños a «convertirse en adultos íntegros y saludables». Ese, no otro, es el objetivo en las primeras etapas de la formación. «Es parte de nuestra misión educar a nuestros deportistas sobre hábitos nocivos que pueden afectar a su salud y bienestar físico, y que son comunes en la sociedad actual», redundan desde el club.

Pero la cuestión va algo más allá. La actividad física extraescolar durante las primeras etapas del desarrollo es fundamental para el desarrollo de los niños, y hay pocas actividades que activen tanto el cuerpo como la natación. Todo el mundo ha oído aquello de que este es el «deporte más completo», porque «realmente lo es», puesto que necesita de un esfuerzo integral del cuerpo humano. «Fomentar el deporte en los niños no solo fomenta su crecimiento y desarrollo, sino que también los aleja de influencias sociales perjudiciales, promoviendo un estilo de vida positivo y activo».
En las primeras etapas el aspecto lúdico del entrenamiento tiene tanto protagonismo en el día a día como la formación deportiva. Con dos o tres días de entrenamiento por semana, es fundamental que los críos lo pasen bien en el agua si lo que se busca es que no abandonen y sigan formando parte del club hasta las etapas más avanzadas. Tanto los prebenjamines como los benjamines trabajan con la misma metodología, que se vuelve algo más exigente en alevín, ya con entrenamientos más continuos, más largos y potenciando el aspecto técnico. En Infantil se profundiza aún más y en junior, ante la evidencia de que los adolescentes empiezan a necesitar retos, se lleva a cabo una planificación específica con ellos. Después llegan las categorías absoluta y máster, donde ya se trabaja con personas adultas que saben de los esfuerzos que requiere el beneficio buscado.
Si los niños que ahora empiezan a aprender, con la reglamentaria «panzada» mediante, a tirarse de cabeza consiguen a llegar a estas últimas etapas el club ya se daría por contento. «Cuando avanza el tiempo la cosa se vuelve más exigente», reconoce Sara Pomar, que es entrenadora superior de natación por la Real Federación Española de Natación. Cuando llega la universidad, más que por carga lectiva, muchos abandonan el club. «No porque no puedan, es que se tienen que ir a estudiar fuera». También se nota aquí la despoblación. Llegar a esa etapa ya es un logro. Llegar con diversión de por medio, un éxito.

