Aunque quede tan lejano el primer cuarto visto lo que pasó después, y lo que pudo pasar y no pasó, hubo una jugada que hablaba de lo que iba a ser el partido de este miércoles entre el Caja Rural-CB Zamora y Leyma Coruña. Con el partido arrancando, en un ataque local, Coruña tuvo hasta seis oportunidades de atacar el aro. Esto es, hubo cinco rebotes ofensivos seguidos, en la misma jugada. Cinco opciones de recuperar el balón que no cristalizaron. Ante la catarata de segundas oportunidades, Leyma acabó anotando un triple.
Da la sensación de que, de no ser por el rebote, el CB Zamora podría haber ganado alguno de los dos partidos de la temporada a los gallegos. Especialmente el de ayer, que se perdió por poco (81-76). Los zamoranos concedieron la friolera de 18 rebotes ofensivos a sus rivales. Dieciocho. Sumaron además 17 pérdidas. Diecisiete. Entre ambos números suman 35. Treinta y cinco posesiones extra para el que hasta ahora es el mejor equipo de la liga. Mucha tela. Y, con todo y con eso, se luchó.
¿Qué faltó? Lo identificó bien Saulo Hernández en el postpartido. «Somos un equipo inexperto», dijo. Se notó mucho en los últimos diez minutos. Solo en ese último cuarto, cuando el balón empezaba a quemar, el CB Zamora falló tres tiros libres consecutivos, cometió varias faltas en ataque, tuvo pérdidas en balones que eran para empatar el partido, se cometieron algunos errores en defensa impropios e incluso se perdió un balón por acabarse los cinco segundos para sacar de lateral. Todo en esos diez minutos que definieron el partido y en los que los locales anotaron un par de canastas, sobre todo un triple desde 9 metros, que acabaron de decantar el encuentro de su lado.
Aún así, mucho mérito, porque la visita de este miércoles era de las más comprometidas del año y el equipo siempre estuvo ahí. Cierto que a Leyma le faltó intensidad en la primera parte (perdieron el segundo cuarto y a falta de dos segundos llevaban solamente una falta), pero también es cierto que los zamoranos aguantaron al final, cuando las cosas se pusieron duras y el arreón local amenazaba con echarles del partido al final del tercer cuarto y principio del último. No sucedió. Lástima la falta de experiencia, lástima los errores, lástima las prisas en algunos ataques, porque no es lo mismo jugar rápido que precipitarse.
Vuelve el equipo a casa con las mismas ocho victorias con las que salió, a una del playoff y cinco por encima del descenso, que se aleja a cada jornada que pasa. El equipo está tres triunfos por arriba de Tizona Burgos, que este miércoles caía estrepitosamente en la cancha de Inveready Gipuzkoa (93-65) y que es el siguiente rival de los de Saulo Hernández. Ganar permitirá seguir soñando.
