“No son malas por sí mismas, depende del uso que se haga de ellas”. La frase se repite varias veces cuando se habla sobre el tema. El anuncio lanzado esta semana por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, acerca de prohibir el acceso a redes sociales a los menores de 16 años ha supuesto una importante novedad, y un buen tema de conversación, en los colectivos que trabajan con adolescentes de esta franja de edad. Muchos de los cuales, si no todos, tienen ya sus perfiles abiertos en las diferentes redes sociales, perfiles que utilizan con asiduidad y con los que acceden a contenidos que, en ocasiones, o son directamente perjudiciales o no están enfocados para usuarios de este abanico de edad. Todos coinciden en que es necesario intervenir en la materia, pero difieren en los diagnósticos.
“Es complicado encontrar a un padre con hijos en estas edades, o incluso más pequeños, que no esté a favor de la medida”. Así se explica Eva Alonso, presidenta de la Federación de Asociaciones de Padres de Zamora, la FAPA. Las redes sociales se han convertido en una ventana abierta de los adolescentes al mundo y, como se decía antes, a contenidos que llegan en ocasiones sin filtrar. “Muchas familias compran a los niños el móvil y se lo dejan sin supervisión, sin saber qué están mirando o qué no”, explica Alonso.
Para los padres son especialmente preocupantes varios puntos, pero principalmente dos. El acceso a contenidos sexuales que se saltan los controles y llegan a los perfiles de los menores y el hecho de que las redes se están convirtiendo en caldo de cultivo para casos de bullying en las escuelas e institutos. “El acaso escolar siempre ha existido y siempre ha sido denunciable, pero antes los niños estaban a salvo en casa. Ahora ni eso. Pueden estar en su habitación y estar sufriendo acoso por las redes sociales mientras los padres no son conscientes”, apunta la representante de la FAPA.
“Está demostrado que los menores de 16 años no tienen el cerebro suficientemente formado para ser conscientes de todo lo que hay en Internet y para diferenciar lo bueno y lo malo”, continúa Alonso. Así, “pueden ver un vídeo de un influencer diciendo barbaridades y tomarlo por verdad absoluta por encima incluso de lo que les dicen sus padres”, un peligro en según qué casos y un coladero de bulos casi siempre. Pero la medida, explican en la FAPA, se quedará incompleta si no va acompañada de medidas para favorecer la formación de los padres en la materia.
Sergio Ramos, presidente del Consejo de la Juventud de Zamora, percute precisamente en esta cuestión, la de la formación. “Limitar y prohibir suele ser malo y las redes sociales están ya demasiado instauradas en la juventud. Bien utilizadas, pueden ser buenas. Creo que lo que hay que hacer es invertir en educar, a niños y a padres, en que gente especializada vaya por los colegios para dar formación en esta materia y en que los mismos profesores se formen para enseñar” a los chavales a caminar por las redes sociales.

El Consejo de la Juventud percibe una “carencia de formación” que deriva en el mal uso de las redes y en su uso pernicioso por ciertos sectores. “Hay que enseñar a los adolescentes lo que se puede visitar, lo que no, lo que es bueno y lo que es malo”. Y es que, para el presidente del Consejo de la Juventud, la tecnología está ya tan extendida y forma parte de manera tan directa de la vida de los adolescentes que una medida de este calado puede descarrilar por ser inaplicable. “Los niños trabajan con ordenadores en clase desde Primaria, manejan móviles como norma desde antes de esos 16 años”, indica. “Restringir el acceso a redes a una persona que usa continuamente el ordenador no tiene mucho sentido”, reflexiona. Lo ideal, reivindica Ramos, es “centrar esfuerzos en enseñar a los niños a usar Internet para hacerlo más seguro”.
Que los móviles están extendidos en la juventud desde antes de los 16 años lo confirmaba Eva Alonso y también Sara de la Higuera, concejala de Juventud del Ayuntamiento de Zamora, institución que lleva a cabo periódicamente talleres dedicados a jóvenes y a padres para fomentar un uso sano de las redes sociales. “El regalo estrella de las comuniones es últimamente el móvil. El problema es que se les entrega a los niños sin formación y sin supervisión, y eso redunda en problemas. Primero, porque acceden a contenido inapropiado y, segundo, porque se generan adicciones”, explica De la Higuera, que también insiste en la formación. Pero puntualiza: “Las adicciones por el uso excesivo de la tecnología llegan cada vez a edades más tempranas, también en Zamora”.

A raíz de los cursos realizados por el Ayuntamiento se concluye que son fundamentalmente dos, Instagram y Tik Tok, las plataformas que más usan los adolescentes. “Las usan para ver vídeos en bucle, sin pararse en casi ninguno”, algo que a la larga afecta también a la capacidad de detenerse, reflexionar y dedicar tiempo a los contenidos. “La tecnología nos ha atropellado a todos, como sociedad, y es necesario regular, pero también formar. Es algo que ha llegado para quedarse, la sociedad ya trabaja y se relaciona con la tecnología”, razona la concejala. “Un móvil puede brindar muchas cosas buenas a un adolescente, pero también algunas malas. Hay que saber diferenciar y formar para evitar peligros”, concluye la concejala.
Lo que dicen los datos
No hay datos provinciales sobre el uso de las tecnologías en la infancia y adolescencia, pero sí nacionales, y los aporta Unicef. Los adolescentes están registrados en redes sociales de forma masiva: el 92,5% participa en al menos una red social y el 75,8% en tres o más. Incluso en los últimos cursos de Primaria, el 78,3% ya tiene presencia en alguna red, según el último informe sobre el impacto de la tecnología en la infancia, publicado en noviembre de 2025.
La gran mayoría accede a las redes y otros contenidos desde su propio dispositivo. La presencia del teléfono móvil se hace patente desde los últimos años de Primaria: a los 10 años, el 41% de los niños y niñas dispone de móvil propio, porcentaje que asciende al 76% a los 12 años de edad. En la ESO, prácticamente todos –el 92,8%– tiene su propio teléfono, siendo la edad media de acceso al móvil los 10,8 años. “El regalo estrella de las comuniones”, apuntaba Sara de la Higuera.

“La digitalización representa una oportunidad extraordinaria para la infancia: facilita la inclusión, estimula la creatividad y fortalece vínculos sociales y familiares. Pero una exposición temprana y sin acompañamiento conlleva riesgos que deben abordarse como un problema de salud pública”, advierte el responsable del informe, Gustavo Suárez-Pertierra, presidente de UNICEF España. “El mal uso de la tecnología provoca la pérdida de hábitos saludables, fatiga mental, presión por la imagen, además de exponer a riesgos como el ciberacoso o los contenidos inadecuados”.
El uso irresponsable de las redes tiene consecuencias
Casi un 9% de los chicos y chicas de entre 10 y 20 años dedica más de cinco horas diarias a las redes sociales entre semana, una cifra que se eleva hasta casi el 20% durante el fin de semana. Además, el 5,7% podría haber desarrollado un uso problemático de las redes sociales, porcentaje que alcanza el 7,7% entre quienes cursan Bachillerato – la etapa más vulnerable – y que es significativamente mayor entre las chicas, lo que evidencia importantes diferencias de género en esta problemática. Este uso intensivo se asocia a mayor ansiedad, peor calidad de vida y mayor exposición a situaciones de acoso, ciberacoso o control en la pareja a través de medios digitales.
Aunque los riesgos continúan, se observan avances en el uso responsable de internet. El 58,4% de los encuestados ha hablado con personas desconocidas en la red, el 25,1% ha recibido mensajes de carácter sexual y casi el 9% ha recibido presiones para enviar fotos o videos de carácter erótico o sexual, pero estos datos son mejores que los registrados en 2021, en el informe Impacto de la Tecnología en la Adolescencia. La exposición a la pornografía sigue siendo un reto: el 29,6% dice haberla consumido en alguna ocasión, en uno de cada tres casos de manera fortuita. El consumo se inicia de media a los 11,5 años, y el 70% de los encuestados manifiesta que no habla de sexo en casa.
