El primer lunes de febrero viene desapacible por Aliste. Un poco de lluvia y otro montón de viento. El rato anima a guarecerse. Es uno de esos días en los que muchos agradecerían el teletrabajo, la rutina habitual de Gonzalo Herrera, que se apaña para comer antes de sentarse al ordenador mientras atiende, junto a su pareja Aida Gallardo, a tres niños de entre uno y cinco años. La escena tiene lugar en el interior de una vivienda de Ceadea, el pueblo elegido por esta familia para hacer la vida; una de las localidades que más creció durante el último año en la provincia.
Sí, la población de este anejo de Fonfría subió un 12% en el último año analizado por el Instituto Nacional de Estadística (del 1 de enero de 2024 al 1 de enero de 2025). Ya no son 91 como en el último censo. Ahora alcanzan los 102, su pico máximo de población desde 2004. Un trabajador del pueblo que llega con la furgoneta a mediodía explica que la clave ha sido la venida de una familia venezolana y de Gonzalo, Aida y los niños. Estos últimos cuentan que se empadronaron el 27 de diciembre de 2024. Entonces eran cuatro. El 10 de enero de 2025 llegó al mundo el más pequeño de la camada, el primer alistano de nacimiento de todos ellos.
Los tres muchachos, Regio, Netón y Argés, representan la mitad de la población infantil de Ceadea, ese pueblo en el que sus padres decidieron desembarcar tras un viaje de búsqueda que comenzó en El Prat, en Barcelona. Allí vivía la pareja catalana cuando decidió apostar por la naturaleza y la tranquilidad. Él salió de un empleo anterior y se embarcó en el mundo del marketing digital con la posibilidad de trabajar en remoto. Y eso facilitó las cosas. La presencia de unos amigos en Burgos terminó de animarles. Acabaron en la comarca de Las Merindades.

En ese movimiento influyó también el deseo de educar a sus hijos en un ambiente distinto al de las ciudades y de ejercer una crianza más presente. «En un sitio como Barcelona, no dejas de estar encerrado en un piso y no tienes contacto con la naturaleza y con la vida real», aclara Gonzalo. ¿Pero cómo aparece Aliste en esta historia? «Teníamos unos amigos que venían para la zona, nos animamos a visitarla y nos gustó», resume el padre de esta familia que mantiene una relación de camaradería con miembros de la comunidad que se ha formado en Brandilanes.
Esos amigos tienen hijos de edades similares a las de Regio, Netón y Argés, y eso terminó por confirmar la mudanza. La familia se marchó de alquiler a Alcañices para probar. «En general, nos gustaban todos estos pueblos», explica Gonzalo, que admite que quizá se hubiese decantado por un lugar un poco «más perdido», para la zona de Riomanzanas, pero que pone por delante la facilidad de «estar cerca» de los servicios y de las actividades que realizan sus hijos por la contorna.
Al final, las compras principales las hacen en las ciudades portuguesas cercanas, los niños van a Bragança a practicar artes marciales, muchas de las atenciones cotidianas están en Alcañices y Gonzalo tiene que coger de vez en cuando el AVE a Madrid desde Zamora para asuntos de su empresa que requieren presencialidad. La mudanza final a Ceadea también se entiende desde la necesidad de encajar todas esas piezas.

La oportunidad de la casa les surgió por un comentario que le llegó a Aida mientras estaba empleada en un bar de Alcañices. La familia vino, vio la vivienda y le encajó. La compraron. «Bueno, todavía es del banco», ríe Gonzalo. Pero el movimiento indica lo que hay: «Nos queremos quedar. La idea es jubilarnos aquí», refuerza Aida. De momento, ayuda que el recibimiento ha sido bueno, que sienten el afecto de los vecinos habituales y que, casi a su vera, está la casa de una familia de Madrid que va los fines de semana con niños de edades similares.
«Intentamos participar también en la vida del pueblo», asevera Gonzalo, que vuelve a reír al apuntar que sus tres hijos nacieron en sitios diferentes: uno en El Prat, otro en Burgos y el pequeño ya en Aliste. Su movimiento habla de la existencia de gente sin relación previa con los pueblos, con condiciones favorables para mudarse y que aspira a una vida alejada del ruido. Sin ir más lejos, su hermano ha hecho el mismo giro vital y se ha trasladado a León: «Buscamos salir de las aglomeraciones», defiende el padre de familia.

El teletrabajo y los oficios
«Llega un momento en el que dices: no quiero pasar toda mi vida chupando asfalto y en un sitio en el que todo el ocio que puedes hacer es pagando. Nosotros no somos de ir a bares ni nada, así que lo que hacemos es dar un paseo por el campo, por la montaña; ir a la Sierra de la Culebra, a los Arribes…», enumera Gonzalo, que es consciente de que su situación laboral es la llave de todo el movimiento de la familia Herrera Gallardo. Aparte del teletrabajo, la suya es una de las empresas que ha implementado la jornada semanal de cuatro días.
«Está esa opción, pero yo aquí veo también que los oficios están buscadísimos», recalca el vecino de Ceadea, que habla de los fontaneros, los albañiles o los electricistas: «Hay muchísimo trabajo», insiste Gonzalo, antes de prepararse, junto a los demás, para salir a la parcela amplia, verde y con vistas que tienen en la trasera de la vivienda. Con la puerta ya entreabierta, sus hijos mayores se calzan las botas para poder saltar en los charcos tras posar pacientemente. «Salen hasta en manga corta», subraya la madre. Ese contacto con la tierra es lo que buscaban para ellos en Aliste.
