Cuatro casas de alquiler en 59 pueblos de la comarca. El dato habla a las claras de la situación de la vivienda en el medio rural y, en concreto, del panorama al que se enfrentan aquellos que quieren ir a vivir a Sayago. Las familias que se quieran instalar en los pueblos de la comarca y que estén interesadas en alquilar una vivienda se sitúan, así las cosas, ante una realidad muy, muy complicada. Hay una casa en alquiler en Bermillo de Sayago, otra en Muga, otra en Fariza y una más en Mayalde (en realidad, en Bermillo hay dos, pero una es una casa rural que se alquila por cerca de mil euros al mes, una cifra que difícilmente pagará una familia que se quiera asentar en la comarca).
La realidad de la vivienda espanta a los posibles nuevos pobladores. Lo asegura José Antonio de la Mano, una de las personas que hay detrás del Banco de Inmuebles de Sayago, colectivo que recientemente ha realizado una batida por los portales inmobiliarios y por los negocios del ramo para conocer la realidad que hay en la comarca. «La principal conclusión que extraemos es que hay gente que quiere venirse a vivir a los pueblos, porque hay más tranquilidad y la vida está más barata, y no encuentran casas para poderse quedar». Las rentas parten siempre de los 400 euros, cifras «similares a las de la ciudad», y las opciones son menos. «Así, difícilmente vendrá alguien», asegura De la Mano.
Frente a esto está la perspectiva de la compra. Es menos útil para las personas que quieren «probar» en un pueblo y es una opción ya reservada a personas que viven en Zamora (o en otra ciudad) y quieren establecerse en el entorno rural. «Casas de menos de 50.000 euros, que estén bien, a las que se pueda entrar a vivir, quedan cuatro o cinco» en toda la comarca. Por ese precio, «la mayoría o están en ruinas o necesitan una reforma total» que al final «cuesta más que la propia casa». El mercado empieza a partir de los 70.000 euros y coge más fuerza cuando se sobrepasa la barrera de los 100.000. «Pero son pueblos pequeños, algunos con pocos servicios», así que no es fácil que llegue un nuevo vecino si tiene que desembolsar estas cantidades.
El dibujo de Sayago coincide con el que hay en otras comarcas de la provincia, donde no hay vivienda disponible a pesar de que los pueblos se vacíen y de que un paseo por cualquier núcleo rural permita comprobar que hay decenas de casas en las que nadie habita. Lo que sucede es que los dueños no las venden, bien porque quieren tenerlas disponibles o bien porque el mercado no anticipa muchas alegrías. Con este panorama la realidad es la que es. «Vivir en la mayoría de los pueblos es cosa imposible . Hay mucha escasez, sobre todo en los núcleos más pequeños. Sin vivienda, es muy difícil que una persona que no tiene relación con el pueblo se anime a vivir en él».
Lo que el Banco de Inmuebles pide, cosa en la que coincide con la mayoría de las personas afectadas, es un empujón público a la cuestión. Implicación que empiece por los ayuntamientos y acabe por el Estado. «Hay ayudas y subvenciones que vienen de la Junta, fundamentalmente, pero que suelen quedarse por debajo de los 35 años». Algo que, razona José Antonio de la Mano, carece de sentido. «En Zamora la gente que se quiere venir a los pueblos muchas veces es mayor de esa edad. Muchos son jubilados que buscan una casa económica para esa etapa de la vida, pero es que los 35 años de tope también dejan fuera a mucha gente que está en edad de trabajar. Hay gente joven, con 40 años, que quiere trabajar y que se queda fuera de muchas líneas de ayuda», lamentan desde el colectivo. «Lo razonable, sobre todo en los pueblos más pequeños, es que hubiera ayudas para la compra, el alquiler y la rehabilitación sin mirar la edad».
El Banco de Inmuebles pide además una vuelta de tuerca a las políticas de construcción que se están llevando a cabo en los últimos meses, que si bien sirven para paliar en parte el problema «no son la panacea». En muchos pueblos, también en pueblos de Sayago, van a construirse casas. «Levantar una casa de cero puede costar más de 100.000 euros», calcula De la Mano. «Si ese dinero la Junta, en lugar de dárselo a los ayuntamientos se lo diera a los particulares, podrían reformarse más casas de las que se construyen». El colectivo aboga por una colaboración «público-privada» para rehabilitar casas, un programa similar, pero más ambicioso, que el que la Diputación de Zamora y la Consejería de Medio Ambiente han planteado. «Si se ayuda a la gente a reformar las casas para después destinarlas a alquiler, lo harán», expresan convencidos desde el Banco de Inmuebles.
