Los siete procuradores que repartirá Zamora en las Elecciones de Castilla y León del próximo 15 de marzo se decidirán más desde las zonas urbanas que desde los pueblos. Será la primera vez que ocurra tal cosa en unas autonómicas en esta circunscripción. Los datos del censo electoral, que se pueden consultar en la página del Instituto Nacional de Estadística (INE), revelan que ya hay más posibles votantes entre la capital, Benavente y Toro que en la suma del resto de los municipios.
En concreto, y dejando al margen a quienes podrán votar desde el extranjero, Zamora tendrá 138.953 electores que podrán acudir a las urnas desde el territorio en los comicios autonómicos. De ellos, 69.540 viven repartidos entre la capital, Benavente y Toro. La diferencia con los que residen en el resto del territorio (69.413) es mínima, pero reveladora de una realidad: el medio urbano de la provincia resiste demográficamente mientras el entorno rural se desploma.
Para entender hasta qué punto ha ido mudando la situación, conviene viajar hasta las primeras elecciones autonómicas de Castilla y León, que se celebraron en 1983. En aquellos comicios, la suma de Zamora capital, Benavente y Toro representaba un 33,86% de los electores de la provincia. Dicho de otro modo, dos tercios de las personas con derecho a voto residían en el medio rural de la circunscripción. Desde entonces, los pueblos han ido perdiendo peso progresivamente.
En los comicios de 1987, los núcleos urbanos ya aglutinaban el 35,22% de los electores; en 1991, el 37,02; en 1995, más del 40%. Y la tendencia ha seguido esa misma línea hasta el 47,61% de 2022 y el 50,04 de 2026. Tres municipios unidos por encima de los 245 restantes. Y esa realidad es simplemente el reflejo de lo que sucede desde el punto de vista de la pérdida y la ganancia de vecinos, pues las personas que pueden votar son, básicamente, todos los hombres y mujeres que tienen más de 18 años.
Para afinar el análisis, pasemos de electores a habitantes totales. En el censo oficial que imperaba en 1983 – realizado en 1981 – la provincia de Zamora tenía 223.917 vecinos. De ellos, 82.024 residían entre la capital, Benavente y Toro, mientras que 141.983 vivían en los pueblos. Según el censo de 2025, los núcleos urbanos suman ahora 85.482 individuos mientras que el resto de las localidades juntan apenas 80.082.
De este modo, desde las primeras elecciones autonómicas hasta estas que se avecinan, el medio urbano – impulsado sobre todo por Benavente – ha ganado 3.458 habitantes, mientras que la parte rural ha perdido 61.901. Lo que sucede con la gente que puede votar es simplemente el resultado del cambio de un territorio en el que la gente cada vez vive menos en los sitios pequeños y más en los grandes. No hay que olvidar tampoco el crecimiento de municipios cercanos a Zamora al abrigo de la localidad principal.
Como ya se había analizado previamente, este panorama beneficia, a priori, al PSOE, que suele tener mejores resultados en las ciudades que en los pueblos, aunque el PP aspira a regresar al sendero de los comicios anteriores a 2019 para dominar en todos los terrenos.
