«Hace unos meses estábamos en misa e impresionaba ver caer el agua a chorro por el techo». Cerecinos de Campos necesita reparar la iglesia de Santa Marta, la del barrio de arriba, una de las dos de las que tiene el pueblo. En los últimos años, dicen Javier y Jacinta, dos feligreses del pueblo, se ha deteriorado mucho. Lo ha hecho, como sucede con muchas iglesias, al mismo tiempo al que los pueblos se han vaciado y los templos han dejado de congregar a tantas personas cada domingo. Antes vivía un cura en la iglesia (otro en la de abajo) y había varias misas a la semana. Ahora hay una Eucaristía cada 15 días (un domingo en una iglesia y al siguiente, en la otra) y no hay nadie que esté pendiente a diario del templo. Y claro, eso se nota.
La iglesia de Santa Marta forma parte del convenio que la Diputación de Zamora y el Obispado han suscrito para sufragar las actuaciones en inmuebles a lo largo del año 2026, algo que celebran en el pueblo. «Ahora tiene solución, pero si esperas mucho más pasa lo que está pasando en otros pueblos, que las cosas se echan a perder y ya es más difícil arreglarlas». Por Cerecinos de Campos pasó hace unas semanas el arquitecto de la Diócesis para evaluar el estado del inmueble antes de empezar a trabajar y las perspectivas no son malas. Lo peor es el tejado, pero se podrá salvar.

El presupuesto de las obras es de algo más de 120.000 euros, que serán financiados al cincuenta por ciento entre la Diputación y la Iglesia. El Obispado solicita la colaboración de la parroquia, que también tendrá que aportar en lo que pueda para que las obras se acaben haciendo en los próximos meses. Por las casas del pueblo se distribuirán en las próximas semanas cartas en las que se indica la reforma que se va a hacer y se incluye un número de cuenta para que el que quiera aportar, aporte. La esperanza se centra en que los vecinos del barrio de arriba aporten, porque en la otra zona del pueblo la recogida de fondos se prevé menos exitosa. «Aquí siempre hemos sido de ir a una iglesia o de ir a otra», dicen los feligreses.
Sea como fuere, lo cierto es que la iglesia necesita una obra importante. Desde fuera se aprecia cuál es el principal problema, que está en el tejado. Está visiblemente hundido debido a las humedades, que han hecho acto de presencia en el interior de la iglesia y que se dejan notar fuera en las partes del muro más cercanas al suelo. Dentro, las paredes están amarillas por la caída de aguas, y eso que el principal boquete, ese por el que caía el agua a chorro hace unas semanas, se logró solucionar (al menos, parchear) con una pequeña actuación realizada por un albañil de la zona. En la parte más cercana a la torre el muro tiene grietas importantes, por las que cabe la mano. La torre, por su parte, está estructuralmente bien pero subir al campanario es misión complicada por el mal estado de las escaleras. Aquí también habrá que intervenir.

La iglesia se conserva desde los siglos XIV-XV y es por lo tanto la más antigua del pueblo, más que la de San Juan Bautista. Fue construida con ladrillo y canto rodado. Posee una sola planta basílica y en su estructura arquitectónica exterior destaca una torre cuadrada con campanas del siglo XVIII. Tiene una portada orientada al norte en la que destaca como elemento significativo un arco ojival realizado en ladrillo mudéjar cegado y un rosetón.
Del interior destaca el retablo, con siete lienzos que representan distintos pasajes de la vida de Santa Marta. También se guarda la imagen del Cristo de las Aguas, del siglo XIV.

