
El pasado fin de semana, la ciudad amanecía con un nuevo atentado contra el patrimonio histórico perpetrado por un grupo de descerebrados -que se llaman o se creen anarquistas- en una de las caras de la iglesia de Santa María la Nueva, junto a otras pintadas -ya eliminadas- que también realizaron en otras zonas de la ciudad. La limpieza sistemática de este tipo de actuaciones -y, de manera especialmente prioritaria, la eliminación inmediata de cualquier atentado de este tipo contra los Bienes de Interés Cultural- se ha consolidado como una línea de actuación constante, eficaz y «silenciosa», donde el impacto de este trabajo diario es hoy claramente perceptible en el caso particular del Casco Antiguo.
Desde la entrada en vigor del actual contrato del servicio de limpieza viaria, el Conjunto Histórico de la ciudad ha experimentado un cambio profundo en esta materia. Donde durante años se acumulaban pintadas y agresiones reiteradas a espacios con siglos de historia, hoy encontramos calles limpias, fachadas adecentadas y una imagen urbana que vuelve a estar a la altura del valor patrimonial que nuestra ciudad custodia. Basta un sencillo ejercicio de memoria -o una consulta retrospectiva a través de herramientas tan accesibles y objetivas como Google Maps- para constatar la diferencia: La rúa de los Francos, la rúa de los Notarios, las calles Postigo o San Isidoro o plazas tan céntricas como La Marina presentaban hace no tanto un estado muy distinto al actual.
La proliferación de estos deterioros visuales en entramados de calles históricas no es una cuestión estética menor, sino una forma de degradación del espacio público que afecta a la percepción colectiva de la ciudad (algo que sucede, como ejemplo, en ciudades como Vitoria, de la cual nos encontramos a años luz en esta materia). Por ello, la eliminación ágil y sistemática de las pintadas se ha convertido en una definida y estructurada prioridad de trabajo para este equipo de gobierno, consciente de que el orden y el cuidado del espacio compartido son condiciones necesarias para una convivencia urbana saludable.
El servicio municipal de limpieza cuenta con una partida anual cercana a los 100.000 euros para la limpieza de grafitis y se presta de manera gratuita a cualquier vecino que lo solicite. A lo largo de los últimos años ha actuado en centenares de edificios de toda la ciudad, privados y públicos, con un criterio claro: celeridad, eficacia y especial sensibilidad y prioridad absoluta cuando se trata de inmuebles protegidos. La experiencia demuestra que la prontitud es clave: una pintada que permanece días o semanas tiende a generar un efecto llamada, la «teoría de los cristales rotos»; una que se elimina en horas desactiva esa lógica.
Sirva como ejemplo reciente y significativo la actuación llevada a cabo en la iglesia de Santa María la Nueva, donde una pintada ofensiva de grandes dimensiones fue eliminada en menos de 24 horas desde su detección, gracias al aviso del Obispado y a la inmediata intervención del servicio municipal de limpieza. Casos similares se produjeron hace apenas unos días en la iglesia de San Ildefonso o en la muralla en la Avenida de la Feria, rápidamente eliminados. No son hechos aislados. Solo en 2025 se ha actuado contra atentados al patrimonio en templos como Santiago el Burgo, San Cipriano o San Antolín, además de en otros bienes de interés cultural y elementos singulares de la ciudad como el Puente de Piedra, los paños de muralla de San Isidoro y las Peñas de Santa Marta o en la arquitectura ilustrada que representa el Sillón de la Reina.
Estas intervenciones configuran, día a día, el rostro real de la ciudad. Son una forma de pedagogía urbana «silenciosa»: el mensaje implícito de que vandalismo y deterioro no se toleran, de que el patrimonio se cuida, de que lo común merece el mayor de los respetos.
Desde el Ayuntamiento continuaremos profundizando en esta labor esencial, constante y «silenciosa», con el convencimiento de que mantener limpias nuestras calles y protegidos nuestros bienes históricos es una responsabilidad estructural. Una responsabilidad que beneficia tanto a quienes vivimos en Zamora como a la proyección visual de nuestra ciudad para con quienes nos visitan, y que contribuye, sin estridencias, a proyectar una ciudad más digna, más cuidada y más consciente de su propio valor.
