Más de doscientos tractores y centenares de agricultores y ganaderos de la región, algunos de Zamora pero fundamentalmente de Valladolid, se han concentrado esta mañana frente a las Cortes de Castilla y León para exigir a la Junta que se oponga al acuerdo con Mercosur y ponga freno a las «políticas que están acabando con el sector primario». Las reivindicaciones son las mismas que los agricultores pusieron sobre la mesa la semana pasada con una tractorada que, en Zamora, reunió a más de veinte tractores en las calles de la capital.
Los agricultores y ganaderos, que se definen a sí mismos como «custodios del territorio», aseguran que tras la aprobación «por el Consejo Europeo del tratado de Mercosur el pasado 9 de enero, el sector agrario se encuentra en una situación crítica». A pesar del «profundo descontento social y las protestas del sector, la UE ha ignorado las advertencias del campo español y castellanoleonés», lamentan.
Unaspi, la asociación convocante de las protestas de hoy, insta a «todas las fuerzas políticas con representación en las Cortes» a que «exijan al Gobierno central que rompa su alineamiento con el acuerdo y vote en contra del pacto con Mercosur». Es imperativo, defienden, que «España no apoye la ratificación de un tratado que amenaza de forma directa la supervivencia del sector primario y la soberanía alimentaria de nuestros ciudadanos». «Pedimos que desde Castilla y León se exija la aplicación de la preferencia comunitaria, principio fundacional de la UE que está siendo sistemáticamente vulnerado, aun siendo de obligado cumplimiento», añaden.
El tratado, dicen, «es una amenaza directa a la supervivencia del campo y a la soberanía alimentaria, pues ignora el papel fundamental que agricultores y ganaderos desempeñan en la protección del medio ambiente». Aprovechando la comparecencia sobre los incendios que durante estos días acoge el parlamento, el campo asegura que los «graves incendios que han asolado Castilla y León han dejado una lección clara un monte sin ganadería es una bomba de relojería».
Este acuerdo, dicen, abre las puertas a un bloque agrícola cuatro veces superior al europeo, que opera bajo condiciones radicalmente distintas. «Salarios e impuestos significativamente más bajos y exigencias ambientales, laborales y sanitarias inferiores a las europeas. Esta falta de reciprocidad otorga una ventaja comercial injusta a terceros países, que amenaza con la desaparición de nuestras explotaciones y producciones», concluyen.
