Paula Ferrín Diánez, hija de Alberto y Amparo, salió en las noticias antes de tener consciencia de su propia existencia. Su nacimiento no solo fue el más madrugador de Zamora en 2001; fue el primero de la provincia y de Castilla y León en este siglo. Aquel 1 de enero, a las 00.45 horas, ese bebé se asomó a un mundo que se abría a nuevos tiempos. Han pasado exactamente 25 años. Ahora, la niña que midió 50 centímetros al salir es una mujer de 1,72 metros que afronta los retos propios de su generación. De lo involuntario de iniciar la existencia al esfuerzo proactivo de buscarse la vida.
Pero empecemos por el principio: el día uno del siglo y de Paula. «Mi familia siempre cuenta la historia. Mi madre dejó que los médicos se fuesen a tomar las uvas porque ella estaba bien, pero pasados 45 minutos yo ya había nacido», explica esta mujer de Zamora capital, que subraya que Amparo Diánez cumplió con la tradición de las campanadas a la una de la tarde, después de un merecido descanso. Luego, también tuvo que atender a los medios, claro. Fue el primer parto de la comunidad y el quinto de España en el siglo XXI: «Tenemos guardados todos los recortes. En realidad, es algo que no tiene importancia, pero de algún modo es especial», destaca la protagonista.
Aquel 1 de enero de 2001 empezó todo para Paula, que luego siguió haciendo la vida en Zamora capital. Se formó en la Candelaria y en el María de Molina, dudó qué estudiar y se decidió por Historia del Arte tras «una muy buena experiencia en el instituto». La propia ciudad también fue una fuente de inspiración para una mujer que nació en el año de Las Edades del Hombre y que ahora cumple 25 con otra edición en marcha. Casualidad o señal.
El caso es que, como tantos jóvenes de su generación, de las anteriores y de las que vendrán, Paula se fue a Salamanca a estudiar. Y le fue bien. Muy bien, en realidad. Fue Premio Extraordinario de carrera y siguió formándose, pero después se topó con la incertidumbre. Ahora, está en Zamora en busca de oportunidades: «Toda la gente de mi edad con la que hablo tiene el mismo problema», destaca la joven, que cree que existen dificultades evidentes en lo laboral y en materia de vivienda. «También Historia del Arte tiene menos salidas», apostilla. Pero el escenario es así en general.
«Creo que somos una generación que hace lo que puede con lo que tiene. También es verdad que Zamora es una ciudad pequeña, que cuesta más y que, por mucho que quieras, a veces te toca marcharte», asume Paula, que cree que, en los tiempos del instituto, lo generalizado era ver a adolescentes deseosos de abrirse a otros horizontes. Ahora, eso va cambiando: «Te empiezas a dar cuenta», arranca la joven, «de que estás bien en casa y ves los lugares de otra manera. Yo todavía tengo que buscar mi camino, pero esto siempre me ha llamado mucho».

Entre el apego y los vuelos
La conversación gira en torno a eso: al apego a la tierra, a las ganas de volar, al amor a la familia, a las oportunidades laborales. No todo encaja siempre. «Aún así, yo creo que Zamora ha avanzado bastante. Por ejemplo, con el tema de los transportes, que al final es algo fundamental», abunda Paula, que aboga por seguir dando pasos. «Simplemente, en cosas como las compras. Parece algo muy superficial, pero al final es necesario y hay ciudades que te ofrecen más», estima.
En lo cultural, la primera persona que nació en Zamora en el siglo XXI piensa que, de un tiempo a esta parte, se hacen más festivales, conciertos, obras de teatro y exposiciones, pero cree que hay margen para dotar a la ciudad de más dinamismo. Sobre todo, pensando en las edades intermedias entre los niños y los mayores. Lo que ya tiene es la Semana Santa, el primer recuerdo de Paula vinculado a lo identitario en su tierra.
De lo que no se acuerda esta mujer es de lo que había en algunos de sus lugares favoritos de la ciudad. Por ejemplo, del Castillo antes de la obra. «Lo recuerdo siempre como es ahora», asevera Paula Ferrín, que disfruta del casco antiguo o de la nueva estampa del Puente de Piedra mientras decide en Zamora qué será de su futuro. ¿Se ve dentro de otros 25 años aquí? «No estoy segura», responde. A su generación y a ella, los primeros del siglo XXI, todavía les queda mucho trecho por recorrer.
