José Luis Cordeiro (Caracas, 1962) protagonizó este sábado, en la clausura del séptimo congreso silver economy de Zamora, la que fue probablemente la intervención más particular desde que se organiza este evento. El ingeniero y autor del libro La muerte de la muerte se sentó frente al público con una corbata estampada con su cara y la portada de su obra; sacó camisetas, una bandera de España y objetos tecnológicos obsoletos; y proclamó lo siguiente: «La muerte es un problema técnico y vamos a curarla». Concretamente, en 2045.
Cordeiro llegó a Zamora directamente desde «el mundo árabe», donde en los últimos días había estado presentando su libro, que va por la duodécima edición y que ha sido traducido a quince idiomas, según él mismo se encargó de destacar. De hecho, la obra es una referencia para personalidades como el presidente de Argentina, Javier Milei, amigo personal de un autor que no ocultó sus vinculaciones políticas durante la charla en Zamora De hecho, hizo referencias expresas a su amistad con el citado líder sudamericano; al aprecio por su compatriota y reciente Nobel de la Paz, María Corina Machado; o a la Corea que avanza y a la que está en el pasado, en alusión a la del Sur y la del Norte respectivamente.
Pero Cordeiro no centró su intervención en las tendencias políticas con las que simpatiza, sino en el rejuvenecimiento. El ingeniero repitió esa palabra decenas de veces. De hecho, denostó el concepto «envejecimiento» y se rebeló contra él, una posición contracorriente dentro de un congreso pensado, precisamente, desde la aceptación de que la población se hace más mayor y que no queda otra que adaptar la sociedad a ese escenario.
No para Cordeiro: «Pronto vamos a rejuvenecer cuerpos, así que yo no vengo a hablar de silver economy», advirtió el ingeniero, ampliamente formado en universidades de América y de Asia, residente ahora en Madrid y de raíces españolas. «Nosotros estimamos que, para el año 2045, vamos a alcanzar la inmortalidad biológica del cuerpo. Las tecnologías avanzan exponencialmente», aseguró el autor de La muerte de la muerte.
A partir de ahí, Cordeiro desarrolló una ponencia en la que hizo un recorrido histórico pensado para constatar los avances que se han ido produciendo a lo largo del tiempo. El ingeniero comenzó por la esperanza de vida en los tiempos del Imperio Romano: «Si se hubiera mantenido, todos aquí estaríamos muertos, pero no solo no ha sido así, sino que cada vez tenemos más tecnología para vivir más y mejor», reflexionó el ponente.
En ese momento, Cordeiro comenzó a sacar objetos de la chistera. Todos, con un denominador común: el almacenamiento de memoria. El ingeniero fue narrando cómo las primeras unidades de esta índole tenían capacidades de un Kbyte, mientras que ahora un Tera cabe en un pequeño dispositivo. «Dentro de unos años, la ‘kaka’ que nos parece lo antiguo será el Tera. Y la biología avanza mucho más rápido que la informática», insistió el interviniente.
En esa línea, Cordeiro auguró que la medicina del futuro no será curativa, sino preventiva; lista para curar «todas» las enfermedades que aparezcan. «Lo que hoy pensamos que es magia se puede convertir en realidad mañana», recalcó el transhumanista, que dijo, entre otras cosas, que esta es «la última generación que no ha sido diseñada» y que, si bien «el plan A es no morir», como todavía quedan veinte años, «a los demás se les puede congelar».
«La industria más grande del mundo»
«Hay cientos de personas congeladas, entre ellos siete españoles, y el objetivo es reanimarlos en el futuro», advirtió Cordeiro. Del entierro y la cremación a la criogenización. Todo, con el objetivo de vivir indefinidamente y de hacerlo jóvenes. «Pronto, todo esto va a ser la industria más grande del mundo, no es ciencia ficción, sino ciencia real», remachó el ingeniero, que mencionó a grandes corporaciones y expertos que trabajan en esto y que aseguró que el desarrollo de la inteligencia artificial allanará el camino: «Estamos entre la última generación mortal y la primera inmortal», cerró el ponente. Si tiene razón, la sociedad tendrá todo el tiempo del mundo para dársela.
