18 de julio de 1988, cima de Luz Ardiden, en los Pirineos. Allí acaba ese día la decimoquinta etapa de un Tour de Francia cuya clasificación general acabará ganando Pedro Delgado. Pero ese día la gloria está reservada para otro castellano y leonés. El plano ochentero de la televisión muestra a un escalador exhausto, que entra solo en meta. Se trata del bejarano Laudelino Cubino, conocido como Lale. La misma imagen revela cómo el corredor eleva las manos al cielo y las coloca después sobre el rostro, como incrédulo. Más tarde, dirá que no sabía cuánta ventaja le llevaba al segundo. Eran casi seis minutos.
Aquella fue la gran tarde de la carrera deportiva de Cubino, que se retiró en 1996, a los 33 años, con un bagaje para contar a sus descendientes. Fueron 35 victorias como profesional. Entre ellas, al menos una en cada una de las tres grandes (Giro, Tour y Vuelta). En una entrevista posterior, el escalador salmantino apuntaría que coronó la cima de Luz Ardiden cinco veces como corredor profesional: en tres de ellas, llegó el primero. Sucedió aquel día de 1988, antes en el Tour del Porvenir y más tarde en la Vuelta a España, que remató en Francia una de sus etapas reinas de 1992.
Cubino fue, por tanto, un ciclista de los buenos, pero el tiempo pasa para todos. Ahí va un dato para quienes lo vieron correr: el año que viene hará treinta años que dejó el dorsal en casa. Lo que nunca ha abandonado es la bicicleta. No en vano, tras algún negocio que salió peor de la cuenta, hace un tiempo montó una tienda vinculada a ese vehículo que le convirtió en un ídolo alternativo para los aficionados que seguían las andanzas de Delgado, Induráin y el resto de la tropa.
La vida después
En el presente, Cubino ha cumplido ya los 62 años. Bien llevados, por cierto. Con la figura intacta, el hombre que emocionó en Luz Ardiden y en tantas otras montañas ha participado este sábado en el congreso silver de Zamora. En ese foro, ha hablado de los beneficios del deporte a partir de cierta edad, de las posibilidades de la provincia como territorio para el cicloturismo y de las oportunidades económicas que puede generar esa circunstancia.
Bajo el fondo del proyecto Iberlobo on bike, que aspira a crear «un destino turístico transfronterizo, sostenible y único» entre la provincia y Tras-os-Montes, Cubino ha asegurado que «Zamora es un paraíso para la práctica del ciclismo». Lo dice un hombre que pedalea desde hace más de cincuenta años: «Todos los que vivimos cerca y venimos lo sabemos. Es ideal», ha remarcado el excorredor profesional, que ha hablado de las posibilidades que genera ese escenario.

No en vano, Cubino procede de la zona de Béjar, donde hace años que las instituciones «apostaron por la promoción» vinculada a la bicicleta. «El camino para Zamora es muy similar», ha advertido Lale Cubino, que considera que hace falta dar forma a «un circuito cicloturista permanente para que la gente del resto de España, e incluso de Europa, se acerque». «Hay toda una industria alrededor de la bicicleta, y es una industria sobre todo rural», ha aclarado el salmantino.
Para Lale Cubino, el desarrollo de las infraestructuras necesarias abriría la puerta a la creación de empleo vinculado al mundo del cicloturismo y a otros negocios paralelos, como la hostelería o el comercio. «El perfil de gente suele ser activo y con capacidad de gasto», ha aseverado el exprofesional, al tiempo que ha remarcado que se trata de un flujo desestacionalizado. La gente sale en bici todo el año, lo que trae consigo «ingresos constantes».
«Además, genera poco ruido, deja poca huella negativa y supone una palanca de transformación», ha insistido Cubino, que ha defendido la relevancia de su deporte a la hora de moverse a partir de ciertas edades. «Incluso, las bicis eléctricas han permitido a la gente de más edad estirarlo un poco», ha celebrado el bejarano, al que le sobran años para ganar en Luz Ardiden y ganas para seguir disfrutando fuera de la competición.
