Funciona como un goteo. No abruma, no es un estallido, pero va calando poco a poco. Y las investigaciones ya lo constatan. Zamora ha ido dando forma a una red cada vez más fuerte de agentes implicados en la alimentación sostenible. Están los productores ecológicos, pero también las pequeñas empresas transformadoras, los puntos de distribución, los grupos de consumo, los supermercados cooperativos o los colectivos que promueven una compra responsable. Todo va conectado.
«La provincia despunta, tiene un número de casos elevado», constata José Luis Sánchez. Este profesor de Geografía de la Universidad de Salamanca es el investigador principal del proyecto Alisos, una iniciativa vinculada a la alimentación sostenible que cuenta con la financiación del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, que comenzó a desarrollarse en 2021 y que se extenderá hasta 2025 con la participación de la propia USAL, de la UVA, del CSIC y de universidades y entidades madrileñas. Las dos comunidades constituyen el radio de acción.
En una primera fase del proyecto, los investigadores han hecho un inventario de los proyectos con presencia en el territorio. «Se han hecho entrevistas para conocer si las actividades detectadas aportan sostenibilidad, mayor justicia social y económica, una alimentación más saludable y creación de comunidad. No hablamos solo de la rentabilidad económica, sino de una reconexión con el territorio», advierte Sánchez.
En toda Castilla y León se han encontrado 415 proyectos de esta índole, con Zamora en la primera posición si se evalúa la presencia por cada 10.000 habitantes: «En esta provincia hemos observado un pequeño ecosistema innovador o dinamizador de estas propuestas. Es muy contrario a la idea de que aquí no pasa nada», remarca el investigador, que presentará las conclusiones provisionales este viernes, a partir de las seis de la tarde, en Ifeza, en el marco de Ecocultura.
En el coloquio posterior, también participarán David Fonseca, productor en Villamor de los Escuderos, y Alejandro Fontanillo, que cría caracoles en Villar del Buey. Son dos de los ejemplos de negocios con esa vocación ecológica y sostenible en una tierra en la que «se está haciendo un estupendo trabajo» para fomentar este tipo de iniciativas personales, con «Ecocultura como elemento más visible». «Hay un entorno favorable», concede José Luis Sánchez.
El investigador explica que, generalmente, lo que se encuentra son «producciones pequeñas» en las que destaca el autoempleo. Es decir, son negocios en los que los propietarios son los propios trabajadores: «Se generan ideas muy pequeñitas, pero que cuentan con el aprecio de los consumidores», subraya Sánchez, que habla de queserías, mieles, mermeladas, harinas o vinos, como ejemplos reseñables.
El profesor de la USAL menciona igualmente a Naturalia, una asociación de consumidores de productos ecológicos que resulta «una propuesta muy significativa» para un territorio como Zamora, y cita también a colectivos como Bioproeza o Exquisiteza, capaces de aunar a las marcas para promocionarlas: «Hablamos de negocios que a veces están muy dispersos en el territorio y que suelen suministrar productos a los vecinos del núcleo urbano», analiza Sánchez.
Ahora bien, también existen iniciativas que funcionan dentro de las comarcas más alejadas, como sucede en Arribes o en Sanabria, que se presentan como «lugares excepcionales por el clima o el relieve», donde se han ido concentrando productores: «Mantienen actividad, población, cultivos y pastos; ejercen una labor muy importante», asevera Sánchez, que apunta que, en muchas ocasiones, estos negocios los promueven personas que se han trasladado a vivir al medio rural desde la ciudad.
En lo tocante a la rentabilidad, el estudio aborda la cuestión desde la premisa de la voluntariedad, pero su responsable revela que, en general, se trata de negocios que dan para vivir: «unos con más holgura y otros con menos». «Lo importante es la convicción que tienen los productores ante la idea de que otra economía es posible. No todo es el dinero», incide Sánchez, que también tiene apuntadas unas cuantas quejas que tienen un denominador común: demasiada burocracia.
Lo que se puede corregir
«A veces, hablamos de un papeleo desmesurado y poco razonable», comenta el profesor de la USAL, que cita normativas «poco adaptadas» que, en ocasiones, han forzado el cierre de algunos negocios: «Es algo que se podría corregir», insiste Sánchez, que pone sobre la mesa, además, la «mentalidad general» que a veces muestra rechazo por estos productos: «En ocasiones, es reticencia a lo nuevo», opina el experto, que ha constatado casos en los que el público objetivo procede más de Madrid o del País Vasco que del propio entorno.
«Si esa economía se moviera más dentro de la propia región del productor, estaríamos hablando de un importante revulsivo», destaca el investigador, que cree que hay potencial de crecimiento y que ve a Zamora «en el buen camino». «Por comparar con una provincia cercana, todo esto está más decaído en Salamanca», zanja el investigador del proyecto Alisos.