Ni una golondrina ya
llega a buscar tus aleros…
y hacen su cobijo sólo
en tus huecos los murciélagos.
Los versos de León Felipe rompen el silencio de la Plaza Mayor de Benavente. Las peñas callan, también las autoridades. Es el momento de la memoria, del recuerdo de un hombre llamado Carlos Fresno Gago, tabarés como el poeta. El gran dinamizador de su patria chica, el impulsor moderno de la danza del paloteo y el profesor de Los Sauces en la localidad que esta mañana le honra murió en Navidad, pero dejó un legado en los lugares «donde tanto hizo».
Por eso suena León Felipe, con la Plaza Mayor de Benavente convertida en un «palacio mudo» después de los versos y antes de que suene La Alborada con Luis Antonio Pedraza y la Banda Maestro Lupi. Hay lágrimas entre los que quisieron a Carlos. Hay respeto entre los demás. Folclore desde la emoción para quien puso corazón en las tradiciones. «Muchas gracias, Carlos, por tu vida y por todo lo que nos dejaste».

El recuerdo a Carlos Fresno Gago abre la mañana de este lunes festivo en Benavente. Pero hay que sobreponerse a las emociones para transitar hacia la celebración. Y allá van las peñas. Y la banda con cambio de tono. Y Pedraza, claro. Y la gente que ha recogido el pan tradicional de este lunes y acude a contemplar el desfile rumbo a la iglesia de la que saldrá la Virgen de la Vega.
La comitiva viaja con flores, con el orgullo identitario a flor de piel. Los hay que van solos, silentes. Otros no pueden, porque tienen que acompañar y calmar a los niños que han de aprender desde el principio los conceptos básicos de un día al que aún le queda mecha. Una madre empuja a dos gemelos en un carrito para avanzar más allá del templo antes de que la Virgen de la Vega asome entre vivas para viajar por Benavente. Lo que hace esa mujer, en realidad, es empujar la tradición. Como tantos antes de que lo hiciera ella.




