El camino de tierra hacia la ermita y su entorno nace en la misma entrada del Puente Quintos. Es poco trecho cuesta abajo después de pasar entre unos hitos que marcan la propiedad privada. Por un día se puede ignorar la advertencia y avanzar hacia la dehesa. Enseguida asoman los coches aparcados en el paraje. Cada cual donde siempre. Como en todas las romerías, en La Pedrera, los cimientos los pone la costumbre. Y la de aquí dice que el lunes siguiente al de Pascua hay que cumplir con la tradición. De momento, dice eso. No adelantemos acontecimientos.
Nada más plantar el coche, a la hora a la que las familias empiezan a montar las mesas para comer, el tañido de una campana se impone por encima del resto del jolgorio. La hace sonar una niña, que tira más fuerte de la cuerda cuando ve que llega la cámara. Hay que hacer saber que el pueblo de Bretó está de fiesta. Lo dice el instrumento. Pero también los puestos con almendras, el bar que despacha cerveza sin conocimiento, la música de Estopa que sale de los altavoces y los pasodobles que la charanga Rotato se marca para el público que pide lo de siempre.
Más o menos, esa es la escena. Gente que baila, gente que bebe y gente que come. Pero antes ha habido otras cosas. Y después vendrán más. Lo cuenta Juan Domínguez, al que apuntan los vecinos cuando se pregunta quién sabe de la tradición. Es él quien habla de la posibilidad de que esto de hacer la romería ocho días después del Domingo de Resurrección cambie para adaptarse a los tiempos: «Estamos pensando en moverla al fin de semana para que toda la gente joven pueda venir. Pero cuando podamos, cuando el pueblo se convenza. No vamos a hacer nada en contra de la voluntad», advierte el hombre, que también es concejal.
Habrá que ver si la fecha se mueve. Lo demás, en principio, está ya inventado. «La tradición consiste, básicamente, en que tenemos aquí a la Virgen de la Pedrera y venimos a verla desde el pueblo», apunta Juan. Antes, se hace una procesión en la localidad, ante la Virgen que se queda en Bretó, y luego se viaja hasta la dehesa con las cruces en busca de la imagen que motiva la romería. En la ermita hay misa y, por la tarde, procesión de retorno.
En otros tiempos, «hace muchos años», la gente volvía a mediodía para comer en casa, pero ahora las familias se unen en torno a unas mesas largas, unas sillas de plástico y los víveres que cada uno se lleve para compartir en la dehesa. En este 2026, con la tranquilidad de ver que la ermita tiene un techo en condiciones. Había preocupación por su estado, pero los vecinos de Bretó y los de Granja de Moreruela – que vienen aquí en San Marcos – se han puesto de acuerdo para solucionarlo.

Lo siguiente será arreglar el deterioro de la Virgen de la Pedrera. Para otra inversión. Quizá también en comunión con el pueblo vecino. «A mí me gustaría que hiciéramos la romería juntos», señala Juan, consciente de que hay ciertas dificultades para lograr que todo el mundo tenga esa visión. Mínimo, la tradición de Bretó seguirá. Sea en esta fecha o en otra. «No sé si para siempre, pero los años que viva yo, sí», advierte el vecino.
Fuera de esa generación (Juan revela que tiene 67), por la dehesa de Quintos se ven rostros jóvenes. Hay residentes en Benavente que aprovechan la fiesta de La Veguilla para abrazar la tradición del pueblo, gente que vive más lejos y se ha pedido el día y niños que se saltan el cole para aprender un poquito de arraigo. No da la sensación de que esta sea una romería denostada por los que vienen por detrás.
«Algo casi legendario»
Tampoco por los que dinamizan, como Pilar Rodríguez, de la asociación cultural Montes Negros. Así, Montes Negros, es como se llama en realidad la imagen que se honra este día y que también lleva el nombre de La Pedrera. La representante del colectivo aclara que, por aquí, llevan viniendo un día como este generaciones y generaciones de jareros. De gente de Bretó, vaya. En la homilía de este lunes, el cura ha hablado de siglos. Casi «algo legendario».
En eso se apoya la tradición, aunque el sostén también está en lo personal: en invitar a comer, en compartir, en que el niño lo vea a pesar de que sea lunes. Para esos muchachos hay actividades infantiles por la tarde. Como el día anterior hubo verbena para los jóvenes y torneo de calva para todos. «Para mí este es un día sagrado», resume Pilar. Sea en día de diario o en fin de semana, seguirá habiendo niñas de Bretó listas para tocar las campanas por encima de la charanga y de la música del bar.







