Al inicio de la Semana Santa, Villalobos se llevó «un palo muy fuerte». Las últimas hermanas clarisas, cuya Orden llevaba siglos instalada en la localidad, abandonaron el convento ubicado en pleno centro del pueblo y lo dejaron vacío. Sin previsión de que vaya a volver a ocuparse. La pena vecinal se une aquí a la cuestión práctica: ¿Qué va a pasar con las instalaciones que dejan las monjas? Sobre todo, con una iglesia que le hacía mucho servicio a la gente y que ahora, en principio, ha de permanecer cerrada.
El alcalde de Villalobos, Julián Alonso, explica que, en los últimos años, el uso de ese templo ha sido común por parte de las gentes de la localidad, habida cuenta de que la iglesia parroquial del pueblo se encuentra «en un alto, con escaleras par acceder» y con cierto riesgo cuando el frío aprieta, pues en los peldaños se forman capas de hielo y eso supone un peligro, sobre todo para la gente mayor.

Sin embargo, la iglesia pegada al convento «está justo en el centro, tiene accesibilidad y es más acogedora». Por eso, el Ayuntamiento le ha enviado una carta certificada al Obispado para solicitar el uso del templo y para ofrecerse a su mantenimiento. Desde el municipio se entiende que la salida de las hermanas responde a una cuestión de envejecimiento de las monjas y falta de relevo, pero Alonso estima que el uso de esa parte de la instalación que dejan es viable.
«En realidad, lo que queremos es seguir como hasta ahora», abunda el alcalde, que aclara que esa iglesia ya se venía usando para asuntos ordinarios. Pero «porque estaban las hermanas». «Ellas estaban muy unidas al pueblo y querían que se utilizara», admite Julián Alonso, que lamenta que el Obispado no les haya dado respuesta. Fuentes de la diócesis consultadas por este medio apuntan que el tema depende directamente de la Orden y conceden que la solución puede no ser fácil.
El alcalde apunta, en cambio, que los responsables de la Orden miran a la diócesis. Ahora, se trata de resolver quién puede autorizar a Villalobos para que el pueblo utilice el templo: «Nosotros queremos hacernos cargo de todo: la limpieza, los costes de las reparaciones y lo que sea. Antes, las monjas eran independientes y autónomas, y me consta que querían que la iglesia la siguiera utilizando el pueblo», insiste Alonso.

La situación afecta, incluso, a una romería que se celebraba con una imagen que se trasladaba a la iglesia de las clarisas, la Virgen de la Velilla. También a parte de la liturgia habitual de la fiesta de agosto. «Con el convento en sí no sabemos que va a pasar, porque es algo privado», recalca el mandatario municipal, consciente de que la Orden deja en Villalobos unas instalaciones enormes y situadas en pleno centro.
La familia que reside allí
De momento, una familia reside ahora en lo que antiguamente era una casa del servicio para el convento. Aunque su situación ahora está en el aire también con la marcha de las monjas: «No sabemos que va a pasar. Ellos están dispuestos a seguir pagando la renta y, si no, piden tiempo para poder buscar otra cosa», zanja el alcalde.
