«Vaya fiesta, ¿no? Merece la pena también vivir esto». La pregunta-reflexión del periodista Juanma Castaño al jugador del Mirandés Pablo Infante, tras la eliminación del equipo burgalés en semifinales de la Copa del Rey 2012 en el campo del Athletic Club, se encontró con la siguiente respuesta del jugador: «Fiesta para ellos, que han ganao». Traído al presente y al contexto, fiesta para Unionistas este domingo en el Ruta de la Plata.
El Zamora CF llegaba a la cita después de cinco partidos sin perder y envuelto en la euforia que siempre desprende la Semana Santa en la ciudad, de la que es difícil desligarse. Y más en esta edición, con la explosión de sol, gente y éxito que ha acompañado a la Pasión. Todo eso desembocó en un Domingo de Resurrección resplandeciente, con la visita de un rival con una hinchada de otra liga y con la gente propia movilizada para generar un ambiente de partido de fútbol de los de verdad.
Efectivamente, fue una fiesta. Pero con final feliz para los vecinos. Voló Unionistas en el segundo tiempo ante un Zamora CF que ya había sido anodino antes del descanso y que luego fue sometido por un rival sin puntería. Llegó a pensar la parroquia que se iba a librar el día con el 1-0, pero no solo no fue así, sino que el deporte se empeñó en castigar a los rojiblancos con toda la crueldad que conoce. Fue un pescozón detrás de otro.
Primero, Unionistas empató. Se veía venir. Lo que parecía menos probable era que el Zamora CF se volviese a poner por delante al filo del descuento. Ya la traca fue encajar de nuevo el 2-2. Y lo del 2-3, la puntilla. Duro, pero justo. Como ver el éxtasis de la afición salmantina y cierto recochineo propio de la coyuntura. Vaya fiesta, ¿no?
Pasado el disgusto (más o menos), ahora queda mirar a la realidad, que no es tan mala como la sensación del partido. Quedan siete jornadas. El Zamora va sexto y está empatado con las posiciones de play off. De los rivales que faltan, cinco están situados del trece para abajo en la clasificación. El campeonato se agita cada jornada de manera imprevisible. La fiesta todavía puede ser para los rojiblancos en mayo.
