Otra postal de la Zamora feliz para despedir la Semana Santa 2026

La procesión de la Resurrección despide la Pasión con otro desfile multitudinario y deja el sabor amable de unos días sin borrón

por Manuel Herrera
Dos jóvenes celebran el Domingo de Resurreccion. Foto Paloma V. Escarpa.

¿Te acuerdas de la Semana Santa 2026? La de gente que había y el sol que hizo. Salieron todas las procesiones.

Esta conversación todavía no se ha producido, pero llegará. La Pasión que se ha despedido este domingo tiene aroma referencial. Como la de 2014. Como todas las que uno rememora cuando se acerca el jueves de traslado y el tiempo amenaza lluvia. Ni rastro esta vez. Ni gota. Sí una ciudad hasta los topes, atestada de gente de aquí y de allá. Hasta el último segundo del último desfile.

Sí, también en la Resurrección. Hasta la entrada de la Virgen. Filas y filas de hombres y mujeres. Y flores. Y abanicos. Y luego cervezas. Y dos y pingada. La Zamora feliz de esta Semana Santa no se ha dejado nada guardado. Lo ha disfrutado todo. Y en manga corta. Ni a las nueve en la Horta hacía frío. Quizá por eso, el desfile ha sido multitudinario por dentro y por fuera. En el camino, en el descanso y en una Plaza Mayor que, dos horas largas antes del encuentro ya tenía copada la plataforma del Merlú y las primeras filas de a pie.

Los asistentes levantan las varas al finalizar la procesión. Foto Paloma V. Escarpa.

Era curiosa la estampa. En la periferia de la procesión, quietud; en el meollo, todo el jaleo. Y las flores primaverales. Y la música tradicional. Y las bandas con más fatiga que nunca. Y las campanas que se oyen a lo lejos desde todas las iglesias. Se celebra lo religioso, claro, pero también lo popular. La ciudad necesita la Semana Santa. Y la necesita así, como espaldarazo emocional y económico. Los que han pasado estos días trabajando estarán derrengados, pero ven asomar los billetes en la caja.

El resto también jadea ya, porque la Pasión ha sido cansada hasta para seguirla al completo como espectador. Los churros del descanso llenan el buche y preparan para la recta final. Para el Encuentro del Resucitado y la Virgen. Tarda en llegar el momento. Más de lo previsto. Como si Zamora quisiera retrasar lo inevitable: el final de estos días que ya tiene que llegar. Hasta las doce no se alcanza ese instante, pero al final suenan los disparos. Y Pedraza. Y la gente. Unos ya se quedan por allí. Otros bajan a la Horta para apurar el último sorbo.

Lo hacen, por supuesto, los hermanos de la Resurrección, que no van uniformados, sino de paisano y con medalla. Hoy vale cualquier atuendo. El de las niñas que van de rosa y blanco a juego o el del niño que lleva el cabezal de un chándal del Valencia. Mucho tiene que rezar ese muchacho. También con equipaciones futboleras pasan aficionados de Unionistas, que tienen cita en el Ruta de la Plata a las cuatro, pero que antes alucinan con la cantidad de gente que contemplan.

«Venga, que ya se acaba», le dice un abuelo a un niño impaciente. Qué pena, ¿verdad? Pero menos que otras veces. No hay lamentos que expresar. Solo queda agradecer. Y salud para otro año.

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