Pese a ser Jesús Nazareno el paso titular de la Congregación, la cofradía carecía hace un siglo y medio de una imagen que generara verdadera veneración entre los hermanos. La Mañana salía con un desfile que, en lo fundamental, era como el de ahora (aunque se han realizado incorporaciones de pasos) y la procesión, como ahora, era cerrada por la imagen de la Virgen de la Soledad. Una Virgen de la Soledad, la antigua, de la que se sabe realmente poco. Imagen de vestir «sin mérito especial», como reconoce la propia cofradía, «la Virgen es de tamaño natural, inclina levemente la cabeza y cruza las manos a la altura de la cintura». Es austera, viste con un manto de terciopelo negro y porta una diadema de plata como único adorno, aunque después se le añadió algún ajuar.
La mejor manera de saber cómo era la antigua Virgen de la Soledad de la Congregación es acudir a San Cebrián de Castro. Ahí está, en la iglesia, todavía recibiendo el culto de los fieles. No ya en Zamora, pues fue retirada de las iglesias cuando Ramón Álvarez creó a la imagen de más devoción (con permiso del Cristo de las Injurias) de la ciudad. Como sucedió hace unos meses para otros fines (intentar un cambio de estatutos para que las mujeres puedan desfilar el Viernes Santo y los hombres, el sábado), la Congregación convocó una Junta Extraordinaria el 19 de junio de 1885. En ella Joaquín Muñiz, vecino de la ciudad y, como se le define en las actas, «amante de la gloriosa tradición de esta cofradía y deseoso de contribuir al mayor esplendor» de las procesiones, ofrece a la cofradía una imagen de la Virgen que reemplace a la antigua «y que reúna las condiciones de arte y veneración que requieren esta clase de obras».

La Virgen de la Soledad, que procesionó por primera vez con La Mañana hace 140 años fue por tanto un encargo particular a Ramón Álvarez, no un trabajo solicitado por la Congregación. No hay muchos datos de su precio, ni de las condiciones que el célebre imaginero pactó con el hermano Muñiz. Sí, estima la Cofradía de Jesús Nazareno, puede aventurarse algo de su precio, que no llegaría a los dos mil reales. Cantidad esta que el Ayuntamiento pagó a Ramón Álvarez por la Tarasca y afeada por el escultor, que entendía que la figura de la Soledad debería haber sido más cara que esta otra, pues «no admitía comparación». De su hechura no se sabe tampoco mucho. «Posiblemente estuviera muy adelantada, sino ultimada, en febrero de 1886», dice la Cofradía, fecha en la que también se iniciaron los trabajos del nuevo manto, el que luce actualmente, que fue confeccionado por Valentín Mireles y que, ante el escenario económico que vivía la Congregación, fue pagado por suscripción popular y no estuvo exento de errores, pues se hizo pensando en la imagen antigua sin caer en que la nueva era algo más grande.
El hombre que donó la Virgen, Joaquín Muñiz, solicitó a la Congregación comprar la antigua, que le fue regalada en contraprestación por la donación que había realizado, de mucho más valor artístico. Hubo quien propuso dejarla al culto en Zamora, algo que finalmente no sucedió. La imagen antigua fue cayendo poco a poco en el olvido del gran público y, aunque aún hoy es visitable, pronto los fieles cambiaron la devoción por la nueva Soledad, que acrecentó el número de devotos y que fue catalogada como «bellísima» desde el mismo día de su estreno en las calles.

Pocas imágenes religiosas han concitado un fervor tan rápido entre los fieles como la Soledad de Ramón Álvarez. En los años siguientes fue objeto la Virgen de todo tipo de donaciones, desde ropas a joyas. Su principal «posesión» es la corona, de oro y platino con diamantes, rubíes, esmeraldas y perlas. Para evitar su deterioro, a diario luce una réplica de bisutería en la iglesia.
Hoy, la Virgen congrega cada Sábado Santo a más de 4.000 mujeres que la acompañan por las calles de Zamora y recibe día a día, desde su modesta capilla en la iglesia de San Juan, las inquietudes de los fieles, sobre todo las fieles, que pasan continuamente a verla. Han pasado 140 años desde que Ramón Álvarez renovara el vínculo de la ciudad con la Virgen de la Soledad.
