A las siete de la mañana, Ricardo Gómez todavía está tranquilo. A eso de las ocho, ni se puede entrar en su bar, el Gofer, para ver cómo lleva el agobio. Es la historia de todas las mañanas de Viernes Santo. Antes del amanecer, preparación en silencio; con las primeras luces, un servicio acelerado; «a las diez o diez y media, todo acabado». Lo cuenta el hostelero, que aclara que, en días como este, en el negocio se cocinan unos 40 litros de sopas de ajo. Todo se despacha.
De hecho, una buena cantidad ya la tienen vendida a priori. Hay muchas reservas hechas de un año para otro. Algunos repiten desde hace más de veinte. Sucede lo mismo en otros bares de la zona. De hecho, a veces cuesta encontrar hueco si uno va sin más a llenar la tripa con el plato típico de esta madrugada. Si lo hace, en locales como el Gofer, se va con premio extra. Por cinco euros, el alimento, el cuenco y la cuchara.

Los que no han reservado se amontonan en algunos de los bares de las Tres Cruces para meterse en la jungla de las colas y la barra. Generalmente, uno hace la cuenta de las sopas y se sacrifica por los demás: «Mirad a ver cuántas: una, dos, tres, cuatro, cinco…», enumera un hermano que acaba de descubrirse la cara y que deja la cruz en manos del compañero para empezar a meter codos: «Este año lo pago yo, pero el año que viene otro», advierte un chaval más joven que ya tiene la cuchara en la boca.
Por la zona, están además los que se han independizado de los bares y traen la mesa y el desayuno. Muchos, también los recuerdos de quienes empezaron la tradición del Viernes Santo con ellos. Esta mañana incipiente resulta emotiva para Gabriel Moreno y los suyos, que sacan la cazuela y las jarritas sin dejar de pensar en los tiempos de antes. Hay que seguir. Para recibir con el sustento a quienes están por venir de la procesión.
Por ahí rondan también los de las bandas. Los de aquí y los de fuera. Un portugués con carácter lo deja claro: «Hay que comer». Ya sean las sopas o el chocolate con churros, el otro clásico de esta madrugada. Aunque los hay que se salen de la norma: bocadillo de tortilla y cerveza. Pues también vale.





