Verónica Pérez echó un buen puñado de horas en la tienda de sus padres, en Fresno de la Ribera, sin pensar que acabaría por cogerles el relevo. En los viejos tiempos, la tarea era la misma que tenía cualquier adolescente o joven que conviviese con un negocio familiar: cuando había que arrimar el hombro, tocaba ponerse detrás del mostrador. Pero el futuro iba por otro lado, creía esta mujer, que acabó por marcharse del pueblo para establecerse con su pareja en León. Ella como esteticista; él, de comercial de materiales eléctricos.
Y así podría haber transcurrido la vida a 150 kilómetros de la patria chica de no ser porque el ya marido de Verónica, de nombre Ángel Galván, entendió que había una oportunidad de rebobinar: «Mis padres se iban a jubilar y me dijo que cómo íbamos a dejar perder un negocio que tenía 40 años», recuerda esta mujer. Efectivamente, Ángel y Damiana tenían decidido retirarse y dejar Supermercados Dami, como se llama la tienda en honor al diminutivo de la mujer que tanto la empujó durante décadas. Pero su hija y su yerno retornaron para quedarse con la herencia.

«En ese tiempo, me quede embarazada y me despidieron. Eso nos empujó a pensar que podíamos hacerlo», recuerda Verónica. Su pareja es de Zamora, no de Fresno, pero los dos se establecieron en el pueblo para acabar por tomar las riendas del negocio pasada la pandemia. Contada así, la historia parece sencilla, pero tiene sus aristas. Sin ir más lejos, cabe apuntar que, en esta localidad pegada a la N-122, como la tienda, viven 327 personas según el censo. Ya son 26 menos que cuando los nuevos dueños de Supermercados Dami se pusieron al frente en 2022. «Está la cosa un poco complicada», admite la responsable.
A la falta de gente se unen otras circunstancias como la subida de los precios. Y eso hay que capearlo. «También hay que tener en cuenta que mucha gente trabaja en Zamora y ya puede comprar allí, pero estamos sobreviviendo», remarca Verónica, que indica que, gracias al negocio de toda la vida, se sostiene su familia, que «no es poco».
Tampoco es algo menor haber rescatado de un cierre casi garantizado al único establecimiento de esta índole que hay en Fresno de la Ribera: «Cualquier pueblo, y me da igual este que otros, se acaba si no hay bar o tienda. Hablamos de primeras necesidades. Incluso, para socializar. Mucha gente solo se ve aquí porque al final hace su vida y va del trabajo a casa. La tienda acaba siendo un punto de encuentro para verte y hablar», constata la responsable del negocio, que mira adelante con una ilusión clara en el horizonte: Monte la Reina.
A un paso de Monte la Reina
Para quien no se ubique, conviene destacar que este pueblo está al pie del campamento militar que el Gobierno pretende reabrir para trasladar a más de mil efectivos a sus instalaciones. «Yo creo que es algo que puede afectar muy positivamente al negocio», advierte Verónica, que estima que Monte la Reina le puede venir bien a ella y al pueblo en general. «De hecho, ha habido maniobras hace quince días y ya se ha notado tanto en el bar como aquí. Siempre vienen, entran, cogen cualquier cosa…», destaca la responsable del establecimiento, que apunta que esta vez fueron solo doce. «Imagina si llegan los mil», apostilla.
«Dicen que tiene que estar en 2027, así que ya veremos. Es importante que suban Fresno, Toro y Zamora porque al final, si no, es una pena. Además, por aquí toda la gente es mayor», abunda Verónica, que ahora camina hacia el tiempo bueno, un estímulo siempre para cualquier negocio de un pueblo. Los días cortos de frío y niebla merman el censo y desincentivan las salidas a la compra, al bar o a cualquier otro sitio: «Ahora esperamos más movimiento», remacha la esteticista que volvió a casa para quedarse en el primer negocio en el que puso un pie.
