En los últimos días se han realizado diversas declaraciones en medios de comunicación por parte del alcalde de Tábara, Antonio Juárez, y de la concejala Francisca Gutiérrez sobre el proyecto previsto para el entorno de la iglesia de Santa María y de la Torre de Tábara. Escuchando algunas de esas afirmaciones, muchos vecinos hemos sentido la necesidad de trasladar una preocupación que cada vez se percibe más en el pueblo.
Quiero hacerlo como concejala del Partido Popular en el Ayuntamiento, pero también como vecina y en representación de muchas personas que sienten inquietud por el futuro de uno de los espacios más importantes de Tábara.
Lo primero que conviene dejar claro es algo muy sencillo: nadie está en contra de cuidar la Torre de Tábara. Es uno de los símbolos más importantes de nuestro municipio y todos queremos que esté protegida y que su entorno mejore. Pero también creemos que cuidar el patrimonio no puede hacerse a costa de perder la vida del pueblo.
La plaza de la Torre no es solo el entorno de un monumento. Es un lugar donde se encuentran los vecinos, donde paran muchas personas que vienen de la comarca a hacer gestiones o compras y donde se desarrolla buena parte de la actividad del centro. En los pueblos, las plazas no se entienden sobre un plano: se entienden viviéndolas cada día.
En estos días también se ha querido relacionar el problema de las humedades del monumento con los coches que aparcan en la plaza. Sin embargo, en edificios con tantos siglos de antigüedad las humedades suelen tener su origen en el terreno o en problemas de drenaje, algo habitual en iglesias y construcciones históricas.
También se ha dicho que existen muchas plazas de aparcamiento cerca. Pero quienes vivimos aquí sabemos que muchas de ellas están más lejos de lo que parece y además en cuesta. Para muchas personas mayores o con dificultades de movilidad no es lo mismo aparcar junto al centro que tener que hacerlo bastante más lejos.
Además, se ha afirmado que solo desaparecerán once plazas de aparcamiento. Sin embargo, cuando se observa cómo funciona realmente la plaza se entiende que no se trata solo de contar plazas sobre un plano. La instalación de jardineras, bancos y bolardos cambia completamente el uso del espacio y reduce su capacidad real para estacionar y hacer uso de la misma.
A esto hay que añadir que los sábados se celebra el mercado en el centro del pueblo. Si desaparece el aparcamiento en la plaza, esos coches simplemente se desplazarán a calles cercanas, generando problemas donde ahora mismo no los hay. También ha sorprendido a muchos vecinos insinuar que las firmas que se están recogiendo responden a algún tipo de presión o coacción. Nada más lejos de la realidad. Lo único que se está haciendo es informar a la gente y escuchar su opinión. Cada vecino decide libremente.
Desde el primer momento, y precisamente por la preocupación que existe en el pueblo, los vecinos decidimos trabajar también en una alternativa. Para ello se encargó a un arquitecto y a un técnico especializado en movilidad urbana el estudio de una propuesta que permitiera mejorar el entorno de la Torre sin perder la funcionalidad de la plaza. Este tipo de trabajos requieren tiempo, análisis y responsabilidad.
Todo esto no nace de un enfrentamiento político. Nace de algo mucho más sencillo: del cariño de muchos vecinos por su pueblo y por su forma de vivirlo. Porque cuando hablamos de la plaza de la Torre, en realidad estamos hablando de algo más profundo: de cómo queremos que siga siendo la vida en Tábara.
Cuidar la Torre es imprescindible. Pero también lo es mantener un pueblo vivo, accesible y pensado para las personas que viven en él. Y muchos vecinos sienten que todavía estamos a tiempo de encontrar una solución que cuide nuestro patrimonio sin perder la vida que siempre ha tenido el centro del pueblo.
Artículo escrito por Sara Pedrero, concejala del Grupo Popular en el Ayuntamiento de Tábara.

