Modesto, Emilio, Francisco Javier, Francisco, Demetrio, Serafín, Jesús, Juan… Y luego Ildefonsa.
Onésimo, Carlos, Ricardo, Luis, Andrés, Domingo, Santos, José Antonio, Ángel, Jesús, Luis, José Manuel, José Emilio, Dionisio, Luis Felipe… Y luego Ildefonsa.
La primera lista corresponde a los primeros procuradores zamoranos en las Cortes de Castilla y León por orden de llegada al hemiciclo. La segunda es la relación de los nombres de pila de los senadores por la provincia, también en disposición cronológica. La enumeración de parlamentarios autonómicos se detiene el 2 de julio de 1987; la de miembros de la Cámara Alta, el 3 de marzo de 1996. Esas fueron las fechas en las que la primera mujer tomó posesión de su asiento por esta circunscripción en los citados hogares del poder legislativo. Las dos veces fue Ildefonsa Salgado Santos, Ilde.
Casi 40 años después de llegar a las Cortes – entonces en Fuensaldaña – y prácticamente 30 años exactos más tarde de su aterrizaje en el Senado, esta mujer que pasa por poco los 80 se sienta para recordar los tiempos de la política y para analizar su propio papel como pionera de la provincia en el marco del 8M. Salgado habla de su bagaje como procuradora y senadora, claro, pero su gran honra en la política es haber sido, durante ocho años (1983-1991), alcaldesa de Tábara. También una de las primeras en esta tierra.
De hecho, ahí llegó el primer paso, la entrada en política cuando ese era un terreno de difícil acceso para las mujeres. Y más en los pueblos: «Yo estaba trabajando, era funcionaria, y me ofrecieron ir de independiente por Alianza Popular, así que me animé. Siempre había estado en un mundo de hombres, desde que hice las oposiciones, y así me desenvolví luego», explica Salgado, que destaca el apoyo de su marido para que ella fuese la cabeza de lista, y que defiende la importancia de aquella victoria a nivel local: «Enseguida hubo luego otra alcaldesa en Faramontanos, otra en Ferreruela, muchas concejalas…», cita.

De aquel tiempo, Ildefonsa Salgado guarda algunos detalles de machismo: «Alguna vez vino gente a casa a decirme que si no me daba vergüenza ser mujer y alcaldesa, que por qué no me ponía a fregar. Pero no era generalizado. También me pasaban cosas cuando venía a Zamora a pedir para el pueblo y me preguntaban: ¿Pero qué haces tú de alcaldesa?», recuerda esta mujer nacida en Coreses, pero ligada a Tábara, que fue acostumbrando a la gente y a sus propios concejales, y que acabó por afiliarse a Alianza Popular (luego Partido Popular) para encauzar lo que iba a ser una carrera política inesperada para ella misma.
Y es que, cuatro años después, aparte de revalidar el cargo en Tábara, Ildefonsa Salgado fue elegida como número cuatro de la lista a las Cortes por los populares. Aunque aquella decisión tiene intrahistoria: «Me pusieron ahí porque el que iba de cuatro se creía más importante y dijo que, para ir en ese puesto, no quería estar en la candidatura», señala la protagonista de esta historia. AP sacó exactamente cuatro representantes.
«Fue bonito», apunta Salgado, que se reunió con amigos, recibió a sus padres en Tábara y festejó una llegada a las Cortes que iba a permitirle ser una de las cuatro mujeres en el hemiciclo durante esa legislatura. Dos matices aquí: una de ellas entró mediado el ciclo y el número total de asientos era 84. «Era un tiempo político en el que, a nivel autonómico, todavía se estaba perfilando todo. Fue un trabajo duro, con muchos arreglos y modificaciones», cuenta Salgado, que asevera que no sintió rechazo: «No teníamos problema», indica.
En eso influye, según Salgado, que el tono de antes no era el de ahora: «Éramos todos más educados», advierte la expolítica, que considera que, en la disputa actual, «se han perdido la vergüenza y el respeto». «Yo no reconozco a estos parlamentarios. Y hablo de todos los grupos», insiste la tabaresa, que explica con normalidad su salida de las Cortes cuatro años después: «Mis compañeros me decían: hay que pelearlo en el partido para que nos sigan poniendo, pero yo les respondía que yo no iba a pelear», aclara la exparlamentaria. Y no la siguieron poniendo.
Algo parecido le sucedió en el Senado: «Y, fíjate, en aquella legislatura éramos 17 mujeres del grupo popular y, al final, nos reunió Esperanza Aguirre para decirnos que teníamos que continuar porque tenía que haber más mujeres, que hablásemos con el partido y que, si no, intervenía ella. Pero yo le dije: Esperanza, te lo agradezco muchísimo, pero no quiero que mi partido tenga presión por mi culpa», rememora Salgado. Tampoco la siguieron poniendo. «No podemos ser siempre los mismos. Para eso, siempre he sido muy amiga de retirarme», constata.
Ildefonsa Salgado dejó atrás su vida de parlamentaria, pero se mantuvo en la pelea por el desarrollo de la provincia en el cargo de presidenta de la Asociación para el Desarrollo de Aliste, Tábara y Alba, un colectivo que encabezó durante catorce años. Ahora, lo mira todo desde la distancia, pero con lucidez. Con esa perspectiva analiza lo que pueden ser las elecciones del domingo que viene y apunta lo que casi todo el mundo piensa que va a ocurrir: «Yo creo que va a salir Mañueco y que tendrá que aliarse con Vox», opina la pionera de las procuradoras zamoranas.
Sin presidenta
Lo que está bastante claro es que Castilla y León – igual que España – seguirá sin haber tenido una presidenta. Los tres candidatos principales son hombres: «Aunque las mujeres ya somos más visibles, todavía nos falta mucho», abunda Ildefonsa Salgado, consciente en todo caso de que, en esta legislatura que acaba de concluir, han pasado 41 procuradoras por la cámara autonómica y que, por ejemplo, su partido presenta en Zamora a una cabeza de lista como Leticia García, que antes tuvo a Isabel Blanco y que el PSOE, hasta esta vez, había elegido como primera del cartel a Ana Sánchez en las ocasiones precedentes.
«Habrá que ir poco a poco, qué le vamos a hacer», remacha Ildefonsa Salgado antes de contar algunas anécdotas y de rematar con una reflexión: «Que yo no sufriera machismo en las Cortes, más allá de situaciones aisladas, no quiere decir que no lo hubiera».
