Todo era distinto en 1932. Lo sabe Florentina Santiago, que nació ese año en Aliste y que conoció otro mundo. Esta mujer de mirada serena cumplirá los 94 en octubre, pero aguanta bien el tirón. Lo revelan los guantes de trabajo que lleva encima y el rato que resiste de pie mientras contempla a las vecinas de su pueblo y de otras partes de la contorna. Las señoras y las muchachas en cuestión bailan, sudan, se carcajean, se abrazan, cambian de pareja, se divierten y forman corros al son de la música. Si se deja fuera el sol invernal que se cuela por la ventana, esto podría ser una verbena nocturna. Pero la jarana es tempranera. De la mañana del 8 de marzo.
Y es que el evento al que asiste Florentina junto a casi dos centenares de personas más tiene como telón de fondo el Día Internacional de la Mujer. Todo sucede en un rinconcito de Zamora, allá en Fonfría. El 8M, donde nunca se reivindicaba. Hasta que llegó Ruralza. La asociación que dirigen dos mujeres de nombre Laura, de apellidos García y Méndez respectivamente, decidió el año pasado que había que hacer algo en los pueblos para conmemorar la fecha. Montaron un evento, triunfaron y repiten en 2026. El centro cívico de Fonfría es una fiesta de color morado.

A la cita acuden mujeres de Fonfría, pero también del resto de los pueblos donde trabaja esta asociación que llegó en 2024 para montar un centro social itinerante y que encontró muchas necesidades a las que dar respuesta. En eso están sus responsables, contra los elementos y con el empuje de las propias participantes en sus talleres. Algún hombre hay también, pero ellas son mayoría aplastante. Y muchas están en la fiesta del 8M. Entre todas han redactado un manifiesto, pero antes de leerlo se divierten juntas.
Ahí suena un pasodoble, luego un poco de bachata. ¿Alguien ha dicho que saquen a bailar a La Morocha? Muchas de las mujeres se entregan a todas las piezas; otras, las más veteranas, dejan alguna en paso. Por el medio corretean también los niños y las niñas con pañuelos morados atados donde pueden. Hay quien ha ido sola. O con amigas. O en familia, como Manuela Vaquero, Manoli para los que tienen confianza, que además cumple años el 8 de marzo.

«Viene tanta gente porque se siente identificada con la mujer», cuenta Manoli, que explica que ella ya había tenido fiestas del 8M, pero en Fuenlabrada, cuando vivía allí: «Aquí ha sido ahora, desde que están estas chicas», apunta la vecina de Fonfría. Su nuera, Rocío Escudero, admite que «la gente está encantada» con este tipo de dinamización social. En el caso de esta familia, han acudido tres generaciones, porque por allí se menean también Vera y Elsa, niñas pequeñas, pero mujeres al fin y al cabo.
Esta familia y todas las demás echan otro rato largo de baile hasta la hora del discurso. Casi les viene bien parar para recuperar el resuello. El micro lo coge primero Laura García. Luego, mira a su compañera sin que le salgan las palabras. Las mujeres entienden el momento, que se rompe con un aplauso. Hay que seguir. Y lo que viene es el discurso que han preparado todas juntas. Hay sorna, reivindicación y muchas voces para clamarlo.
«El machismo es lo que tiene que caerse»
«Nos enseñaron que había cosas de niños y cosas de niñas. Y que si los niños hacían cosas de niñas se les iba a caer el pito. Así que bien derecho lo tendrán», arranca la primera. «Así crecieron generaciones enteras, convencidas de que la escoba era más peligrosa que el machismo», continúa la siguiente. «A muchos niños les enseñaron a tener miedo de parecerse a nosotras», añade una tercera. Otra compañera remata: «Cocinar, cuidar y querer no quita nada. El machismo quita derechos, tiempo y libertad. Eso es lo único que tiene que caerse».
Ese es el discurso. Luego, «a bailar para seguir sudando la camiseta» y a compartir el resto del día antes de volver a casa. Florentina se marcha un poquito antes. Quiere atender unas jeras. «¿Has visto qué animación? Yo estoy sudando ya», le dice Ángel, uno de los vecinos vinculados a Ruralza. Ella asiente con una sonrisa y se va de la fiesta del 8M en Fonfría. Todo era distinto antes para las mujeres. En 1932, cuando nació esta vecina, pero también en 2023, antes de que apareciera Ruralza para reivindicar y acompañar.





