Seguro que esta escena les resulta familiar. Se desarrolla en el patio de cualquier colegio. A la hora del recreo, había una actividad que estaba en jararquía por encima de cualquier otra: el fútbol. El partidillo entre niños, rarísimas veces participaban las niñas, ocupaba una parte importantísima del espacio total del patio. Ahí estaban los críos. Fuera de la pista miraban los niños a los que no gustaba el fútbol y las niñas se repartían como podían en el espacio no ocupado por el balompié. La cuestión se ha puesto de actualidad en las últimas semanas porque en muchos patios el fútbol se ha convertido en un foco de problemas. Balonazos, empujones, gafas que van al suelo… Hay de todo. Y en este contexto han ganado protagonismo los llamados patios inclusivos. En Zamora hay uno de los pioneros en Castilla y León, en el colegio Amor de Dios de Pinilla.
El centro readaptó su patio tras la pandemia, como recuerda ahora Luis de Mena, su director. No se hizo por “demonizar” al fútbol y sí por ordenar el juego de los alumnos. De Mena trabajo en el Espanyol de Barcelona y fue encargado del fútbol base del Zamora CF, así que no estamos precisamente ante un “hater” del balompié. Sin embargo, la experiencia acabó imponiéndose. Con el COVID cambiaron las reglas del patio, se restringieron grupos, se prohibió el juego al libre albedrío… y los profesores constataron que la conflictividad disminuyó. La idea de crear un patio inclusivo en el centro cogió fuerza entre profesorado y Consejo Escolar y, al hilo de una charla de Gey Lagar (terapeuta, una “institución en la materia”) en el CFIE, la idea empieza a tomar forma. El proyecto echó a andar de forma natural, sin más pegas que las que muy al principio pudieron poner los chavales de los últimos cursos de la ESO, acostumbrados al fútbol en los recreos desde Primaria. Pero pronto se acostumbraron. Y el plan ha dejado unos resultados fascinantes.

Los chavales se lo pasan mejor y el trabajo del profesorado es más cómodo. Por ejemplo, explica Luis de Mena, se localiza ahora más rápidamente a los llamados “alumnos satélite”. ¿Qué son? Los chavales que, en el patio, se quedan fuera de los juegos porque ven que no encajan en ninguno. En un recreo sin orden, localizarlos es complicado. En uno inclusivo, es más sencillo. A ello ayudan los llamados “mediadores”, alumnos voluntarios de quinto y sexto de Primaria que tienen como misión intentar que ningún niño se quede fuera de los juegos. “Si ven a alguno le preguntan qué le pasa, qué necesita, a qué quiere jugar” y tratan de integrarle en el grupo.

El punto de partida fue el fútbol, pero la realidad es que diversificar el juego y ordenarlo ha hecho que las relaciones entre los críos mejoren. No hay grupos tan cerrados como los ha habido tradicionalmente, los niños y las niñas se mezclan más y los pequeños y los mayores comparten tiempo de ocio. En el caso del Santísima Trinidad, el patio cuenta con un rincón de lectura con un sofá y varios sillones, que tiene una estantería con libros que proponen los propios alumnos. Hay una mesa de pimpón, un futbolín, juegos de mesa y un área más amplia de juegos al aire libre. Incluso los turnos están organizados. “Por ejemplo, primero de Primaria tiene preferencia el lunes por el pimpón, el martes por el futbolín… Y los niños son consicentes y lo respetan, aunque después todos puedan jugar a todo”, apostilla de Mena. “Se ha creado un ambiente que crea espacios seguros para los alumnos, y eso es lo fundamental”, apuntan las mismas fuentes.
Pensando en el futuro
En el colegio aseguran que todavía hay margen de mejora, aunque distintos centros han visitado ya estas instalaciones para captar ideas y, sobre todo, para intentar comprender la filosofía que se esconde detrás del proyecto. Hace dos cursos, el Área de Inspección Educativa encargada de revisar los planes de convivencia de los centros se sorprendió “gratamente” tras ver el patio y tras constatar que los alumnos del último ciclo de Secundaria, que tienen permiso para salir al exterior en el tiempo libre, preferían quedarse en el colegio. Al hilo de esto, bastantes centros se han interesado por el proyecto, en el que los alumnos juegan un papel fundamental. El colegio reparte formularios entre sus alumnos para que expresen sus peticiones, que van desde libros concretos para el rincón de lectura a un nuevo futbolín o un taller de parkour.

Dentro de este proyecto de “humanización” del patio el colegio muestra un agradecimiento especial al Ayuntamiento de Zamora, que ha acometido dos actuaciones “fundamentales” en el entorno, actuaciones que han facilitado la convivencia y que han allanado el terreno a los planes de profesorado. Se ha peatonalizado la calle de las Aceñas, que ha permitido que los alumnos que pueden salgan del colegio con mayor seguridad e incluso ganar un zona de juegos por la que ya no pasan coches. Y también se ha dado voz a los estudiantes en el proyecto Soñando parques para que diseñen en aledaño al colegio, que se ha convertido en un “espacio maravilloso” para jugar al aire libre.
Actuaciones que, en definitiva, buscan devolver a los niños espacios de juego seguro, romper roles de género que con la presencia de ciertos deportes permanecían aún muy marcados y favorecer las relaciones entre los más mayores y los que empiezan Primaria. Los resultados son tan buenos que aquí animan a otros colegios a que vengan, pregunten y se atrevan a hacer algo similar en sus instalaciones a la hora del recreo. «Hemos ganado todos», reivindica De Mena.

