En un espacio abarrotado, con gente fuera en la Harinera y con un grupo de más de treinta jóvenes con banderas nacionales y del partido a sus espaldas, el líder de Vox, Santiago Abascal, ha clamado este miércoles en Zamora contra el PSOE y ha advertido al PP en un acto en el que ha colocado al partido ultra como la alternativa capaz de forzar «un cambio de rumbo». Primero, en las autonomías; luego, en España. Sin salirse de su discurso habitual y de los mantras que repite en cada acto, el dirigente nacional sí ha querido dejar claro que, si los populares quieren su apoyo en los Gobiernos regionales, tendrán que ceder.
Abascal ha centrado el grueso de su discurso en lo nacional. Básicamente, en un alegato que toca los puntos sensibles para su electorado. Poco de Zamora, más allá de la referencia al bisabuelo que nació en la provincia y a los incendios del verano. El resto fue en la línea del mensaje machacón que traslada Vox en cada territorio: contra la inmigración ilegal, «el fanatismo climático» y, sobre todo, Pedro Sánchez, el enemigo común de todos los que ocupaban la sala y sus aledaños.

De hecho, en la intervención anterior, la del candidato a la Junta, Carlos Pollán, el público coreo «¡Pedro Sánchez, hijo de puta!», sin que ninguno de los intervinientes pareciese importunado por el clamor. Abascal no llegó al extremo del insulto, claro, pero sí fue duro con el presidente del Gobierno, al que situó en la cúspide de «una mafia traidora, enemiga de los intereses del país y que busca perpetuarse en el poder, eludir la acción de la Justicia y evitar la responsabilidad sobre sus crímenes».
A los palos al Gobierno central y a Sánchez dedicó un rato Abascal, que insistió en la inmigración («quien venga aquí ilegalmente se va por donde ha venido») y que apostó por vincular parte de su acción gubernamental a lo que sucede a nivel europeo. Ahí ligó el líder de Vox al PSOE con el PP. Primero, para colocar su propuesta ultra como alternativa. Luego, para advertir a los populares de que los pactos han de ser con unos o con otros. Que no le vale el juego a dos bandas.
«El bipartidismo es el culpable de todo lo que nos pasa», ha clamado igualmente Abascal, que ha defendido un hecho difícil de discutir tras las elecciones extremeñas y aragonesas, más allá de filias y fobias de cada cual: «La gente ha dicho que quiere el doble de Vox». Quizá no el doble, pero los suyos han salido reforzados de los envites. Y aspiran a lo mismo en Castilla y León, donde ya gobernaron con el PP hasta que se bajaron del Ejecutivo en 2024. Después, el que era su dirigente autonómico salió tarifando.

Pero ni esos problemas con Juan García-Gallardo, o con Javier Ortega Smith, o con Macarena Olona, o con Iván Espinosa de los Monteros han hecho mella en la entrega del público al líder nacional de Vox, que ha destacado que este de la Harinera probablemente vaya a ser el acto político más multitudinario de la campaña en la provincia.
Para cerrar, Abascal ha alentado a los suyos: «El cambio puede ser extraordinario si todos nos entregamos en cuerpo y alma». El líder de Vox aspira a que el procurador que tiene su partido en la circunscripción se convierta en dos representantes tras el 15M.

