Localizar un nido de avispa asiática puede llevar días o, en el mejor de los casos, horas. Los insectos suelen construir sus nidos en lo alto de los árboles, en zonas muchas veces arboladas, y están bien camuflados con el entorno, lo que hace difícil localizarlos desde abajo. Lo saben bien en Galicia, donde se estima que hay 30.000 nidos de velutina, una de las grandes amenazas para los apicultores locales. Localizar y eliminar los nidos se ha convertido, así, en prioridad para el sector, y hasta ahora han sido varios los intentos por localizarlos más rápido. La última innovación en este sentido la trae este año a Meliza Abel Kavanagh, representante de la empresa Robor España. A grandes rasgos, de lo que se trata es de localizar a una avispa para encontrar el nido. Pero detrás hay mucho más.
Kavanagh, que antes de dedicarse a esto participó en misiones de la ONU en la República Democrática del Congo, donde trabajó como fotógrafo, resume sus intentos de localizar los nidos antes de profundizar en esta tecnología. «Pensé en el caballo de Troya. Capturaba una avispa asiática, le impregnaba un poco de veneno y la soltaba para que volviera al nido y lo envenenara». Una técnica con varios puntos flacos. «Me di cuenta de que si no llegaba al nido, envenenaba el campo. Si se la comía un ave, afectaba al ave y si caía al agua, pues contaminaba el agua».

Investigando, llegó a Robor, una empresa de Países Bajos que trabajaba precisamente en esto y que, primero usando una cámara térmica, consiguieron localizar nidos de velutina. Pero tardaban una media de un mes en conseguirlo. Y apareció entonces la idea de la radiofrecuencia. La idea es la siguiente: se captura una avispa asiática y se le acopla un emisor de radiofrecuencia pequeño, apenas pesado, para que pueda volar sin dificultad. Se alimenta un poco al insecto para que reponga fuerzas, se comprueba que vuela bien… y se la suelta de vuelta a la naturaleza. Ella, lógicamente, volverá a su nido con el emisor.
El apicultor es el que tiene el receptor, una especie de «pistola» que se ilumina más o menos dependiendo de la cercanía del nido. Tiene un alcance de 750 metros y se puede acoplar a un dron que eleva la captación hasta un área de cuatro kilómetros. El emisor emite una señal cada dos segundos durante tres días y cada veinte segundos en los dos días siguientes. Una vez se localiza el nido se instala cerca un imán con un cebo de azúcar para que las avispas bajen a comer con la confianza de que, tarde o temprano, bajará la que tiene el emisor y lo dejará pegado en el imán, para poderlo cargar y evitar así tener que comprar otro y gastarse los 98 euros que cuesta cada uno. Una vez está todo atado, es hora de eliminar el nido.
Kavanagh explica que el sistema se está usando ya en Galicia y en varios países de Europa con una eficacia «de entre el ochenta y el noventa por ciento», unos porcentajes muy elevados. Se usa en Bélgica, Países Bajos, Suiza, Alemania, Inglaterra o Nueva Zelanda, entre otros lugares. No es, eso sí, una tecnología para cualquier bolsillo pues el kit inicial, que trae cinco emisores, cuesta 2.400 euros. «Más que para apicultores individuales esto está pensado para instituciones, ayuntamientos, concellos o asociaciones, para que puedan beneficiarse varios apicultores de un mismo aparato», explica el representante de Robor.
Una gran amenaza para el sector
La avispa asiática está hoy por hoy entre las principales amenazas de los apicultores. En Zamora, según los cebos que distribuye Apis Durii para capturar reinas, está ya en «toda la provincia», con especial incidencia en la zona noroeste, la más cercana a Galicia. Los apicultores insisten en que la presencia de velutina no es un problema exclusivamente suyo. «La entrada de esta avispa de forma generalizada en la provincia va a ser un problema para todos los ciudadanos, que van a sufrir en sus carnes los ataques y las molestias que causa otra especie de avispón (además del autóctono Vespa crabro), pero que en este caso concreto construye nidos de más de 90 centímetros de diámetro como los retirados en 2024 en San Salvador de Palazuelo, Puebla de Sanabria, Hermisende o Villabrázaro».
Los nidos pueden llegar a albergar miles de avispas, en contraposición a las decenas que agrupan los avisperos autóctonos, y de ahí el principal riesgo. Los apicultores reclaman un plan de trampeo a instancias de la propia Junta de Castilla y León, como se hace en otros casos, y por tanto la contratación de un servicio propio de trampeo cada primavera que pueda operar «con más de 2.000 trampas en el oeste y norte de la provincia».
