Quedan 33 días para las elecciones de Castilla y León y el foco ya está aquí. Pasó Extremadura, pasó Aragón y la siguiente cita con las urnas tendrá lugar en la comunidad de las nueve provincias, un feudo habitual del PP donde el guion cambió en 2019. El PSOE ganó entonces y los populares tuvieron que pactar para resistir en el Gobierno. El acuerdo con Ciudadanos duró dos años largos, pero se rompió a finales del 21. Los vecinos votaron en febrero del 22 y el resultado derivó en otra coalición liderada por el PP de Alfonso Fernández Mañueco. Esta vez, con Vox.
El guion se repitió más o menos y se produjo una ruptura con el socio a medio mandato. Pero el PP, sin riesgo de moción de censura, tiró para adelante en solitario y en minoría hasta el final de la legislatura. Por eso, Castilla y León ha visto pasar ante sí los procesos electorales de Aragón y Extremadura, como previamente los de Galicia, País Vasco o Cataluña, antes de enfrentarse a su propio destino como comunidad. Lo que ocurre en otros territorios no tiene por qué calcarse aquí, pero sí sirve como referencia. Y hasta como condicionante. Los nombres son distintos, pero las marcas son las mismas. Y unas llegan con empuje y otras con desgaste.
Por empezar con el partido más votado del territorio, lo cierto es que el PP se está acostumbrando a ganar elecciones. Lo hizo en los últimos procesos de Andalucía, Aragón, Cantabria, Castilla y León, Madrid, Comunidad Valenciana, Extremadura, Galicia, Baleares, La Rioja y Murcia. También en las generales y en las europeas. Lo que le está costando últimamente, en general, es lograr mayorías suficientes para gobernar en solitario. A eso aspiraban Guardiola en Extremadura y Azcón en Aragón. Pero se toparon con un Vox fuerte. A eso aspira ahora Mañueco en la comunidad. Con el riesgo de que le pase lo mismo.
Al líder de los populares en Castilla y León le gustaría mirarse en el espejo de Galicia, donde Alfonso Rueda se mantuvo por encima del 47% de los votos para sujetar la mayoría. Lo que ocurre es que el escenario parece más similar al de Extremadura o Aragón. En la comunidad situada al sur, Guardiola ganó un escaño, pero vio cómo Vox pasaba de cinco a once; en la del este, Azcón se dejó dos y los de Abascal duplicaron el botín: de siete a catorce.
Ahora, en Castilla y León la mayoría está en 81: el PP logró 31 en 2022 y Vox, 13. Con ese panorama, haría falta un giro importante en la tendencia para que los populares consiguiesen desembarazarse de un socio incómodo. Habrá que ver si la candidatura de los de Abascal, encabezada por Carlos Pollán, tiene margen aún para crecer. Ya hace cuatro años, su lista se situó en el 17,64% de los apoyos, una hoja de resultados similar a la que ha logrado ahora en Extremadura y Aragón.
En lo concerniente a la alternativa, no corren buenos tiempos para la marca PSOE. Eso dicen, al menos, los datos. Ya en los comicios gallegos de 2024, los socialistas bajaron de catorce escaños a nueve. En Extremadura, donde habían empatado a 28 con el PP en 2023, cedieron diez asientos y catorce puntos porcentuales. Finalmente, en Aragón, pasaron de 23 a 18 representantes. El partido solo ha sonreído recientemente en Cataluña, donde arrancó otros nueve parlamentarios y además puede gobernar.
La sensación es que existe un debilitamiento de la marca que complica el objetivo primario de la candidatura de Carlos Martínez en Castilla y León. Ese reto básico es volver a ser primera fuerza. Es decir, recuperar los 1,4 puntos porcentuales que Mañueco le sacó a su predecesor, Luis Tudanca, en 2022. Parte de la estrategia de campaña de los socialistas se basa en apretar al PP para comprometerse a permitir un Gobierno de la lista más votada, lo que convertiría la batalla en un mano a mano de los actores del bipartidismo dejando al margen a Vox y al resto de las fuerzas periféricas. No parece que los populares vayan a pasar por ese aro.
Los giros de guion
En todo caso, ganar las elecciones supondría un cambio de tendencia para el PSOE en medio de este ciclo de derrotas con parada en Extremadura y Aragón. Lo mismo ocurriría para el PP si, además de vencer, logra los números para gobernar en solitario. Mientras, Vox, aspira a tener cada vez más peso en la política autonómica, sabedor de que parte como favorito para tener la llave de la gobernabilidad en otro territorio más.
¿Y el resto? UPL parte con buenas perspectivas en León, Por Ávila peleará por su lugar, Soria YA! tratará de evitar el desgaste de las marcas de la España Vaciada – o, al menos, de Teruel Existe – y la izquierda alternativa intentará, como mínimo, tener representación para que su voz se escuche en las Cortes. Por delante, más de un mes para que cada cual juegue sus cartas lo mejor que sepa y arrastrar a los electores que todavía dudan.
