«Al hombre que vive aquí le han llegado dos multas, una de casi ocho mil y otra de cuatro mil euros». Hace no tanto, en los últimos meses. De poco ha servido, para acabar con el «ansia sancionadora» de la Confederación Hidrográfica del Duero, que los regantes de los cauces del Eria y el Órbigo se hayan constituido en Comunidad de Usuarios. Lo hicieron hace un par de años, mantuvieron una reunión con los responsables de la CHD y, aseguran, nada ha cambiado. Si acaso, ha servido para constatar que «lo que nos encontramos con las primeras multas es lo que hay ahora».
Los regantes, ante la situación sobrevenida en forma de sanciones, se constituyeron en comunidad a principios de 2024, hace ya dos años. La superficie que compone esta comunidad, que integra ocho municipios de las provincias de León y Zamora (Alija del infantado, Coomonte, Fresno de la Polvorosa, Maire de Castroponce, Morales de Rey, Santa María de la Vega, Villabrázaro y Villaferrueña), asciende a 1.333 hectáreas repartidas en casi 2.000 parcelas, y cuenta con una concesión por parte de la Confederación Hidrográfica del Duero de 5,3 hectómetros cúbicos, insuficiente para atender con garantías las necesidades de la zona regable.
Lo que se vive en la zona con la CHD pasa la línea del respeto al miedo. A lo largo de este reportaje conversarán dos agricultores. Uno es de Morales de Rey, pero pide no desvelar su nombre por miedo a más vigilancia. «Ya tuve bastante hace dos años», lamenta. El otro no quiere ni dar su nombre ni el pueblo en el que vive y tiene sus parcelas. «Si digo mi nombre, vienen a por mí. Si digo el del pueblo, nos crujen a unos cuantos. Mejor ni una cosa ni la otra», asegura mientras se lleva a cabo la conversación. Ambos coinciden en el diagnóstico. Según indican, emana de un mapa de zonas regables y no regables «desfasado», en el que faltan algunos de los pozos excavados en la última década y que, dicen, la institución gestora de la cuenca se niega a revisar. El primer agricultor, el de Morales, dice que en el mapa quedan fuera más de un veinte por ciento de los pozos que estaban activos hace 2023. El segundo habla de entre el 25 y el 30%.

Los preguntados reconocen que, en tiempos, hubo «dejadez» por parte de los «antepasados». Pero indican que la Confederación no les ha dado margen. «Vale, esto hay que arreglarlo, estamos de acuerdo. Pero hombre, que nos dejen hacerlo, pagando un canon o lo que sea. Pero no. Nos dicen que hay zonas que no son regables y que no se puede usar agua en ellas. Y no se vienen a buenas para intentar arreglar las cosas». Muchas pequeñas explotaciones están quedando en barbecho. Los cultivos de la zona se plantan en minifundios, no hay posibilidad de aprovechar el secano. «O se riega o se abandona», resume el segundo de los agricultores. Por la segunda opción han optado últimamente muchos, habida cuenta de las dificultades para usar agua.
«A mí me quedan ocho o nueve años, pero me da que en estos pueblos no va a quedar nadie como no levanten un poco la mano», lamenta uno de los afectados. En los pueblos de la comarca no hay precisamente una actividad económica boyante. Algún bar, algún pequeño comercio, algún taller… y poco más. «Aquí siempre se ha vivido del campo y cada vez quedamos menos», apunta el agricultor de Morales de Rey. «Yo cuando acabe lo cierro. No tengo hijos, pero si los tuviera les diría que no se les ocurra meterse a esto», dice el otro.
Los agricultores no quieren saber nada de los planes de modernización porque, dicen, no tienen sentido mientras no se aclare lo principal. Hace unos meses se llevó a cabo en Valladolid una reunión con el Itacyl, dependiente de la Junta de Castilla y León, de la que se salió con el ánimo de «modernizar» el sistema para gastar menos agua en la esperanza de que la CHD se viniera a buenas y permitiera que las famosas tierras no regables «del mapa desfasado» pudieran volver a tener agua. «Mientras se nos diga que eso no se va a poder regar no tiene sentido hablar de modernizar nada, porque es una inversión muy grande y va a tener poco retorno», lamenta un afectado.
«Por mucho que llueva, habrá que regar»
Aunque es raro hablar de regadíos mientras por la ventana se ve llover a mares sobre la comarca, los agricultores piden que las lluvias de estas semanas no empañen sus reivindicaciones. «En años he visto mis tierras con más agua de la que tienen ahora y en verano siempre hay que regar porque el agua siempre vuelve al cauce», al del Eria o al del Órbigo, según toque. «Este es el acuífero más importante de Castilla y León, aquí vienen a parar varios ríos, siempre hay agua y son pocas hectáreas las afectadas. De ellas viven familias. ¿Qué sentido tiene prohibirles el riego? ¿Qué daño hacen? ¿No se dan cuenta de que esto nos echa de los pueblos?», se pregunta uno de los agricultores que ha participado en la elaboración de esta información. «Que se den cuenta. Aquí o se riega o se pierde», insisten ambos.
Con todo, y aunque se pueda trabajar en la modernización, el camino no es fácil. Lo primero es llevar a cabo un estudio técnico y económico preliminar que analice las distintas alternativas existentes, así como el trabajo conjunto para tener a punto las condiciones necesarias que permitan iniciar, en el momento que sea oportuno, el proceso de concentración parcelaria, apuntaron en su día fuentes de la administración regional. Para acometer la reconversión parcelaria hacen falta fondos, claro. “Nos dijeron en Valladolid que nos iban a ayudar a buscarlos, en España y en Europa, pero de momento no hemos sabido mucho”, dicen en la zona. Mientras, avanza el año y se acerca el verano, cuando habrá que regar por mucho que esté lloviendo ahora. “A lo en junio mejor nos encontramos con más parcelas abandonadas”, lamenta uno de los agricultores.
Similar en otras zonas cercanas
En comunidades de regantes cercanas, como la del Páramo Bajo, la situación es similar, pues los regantes se enfrentan a una subida del precio del uso del agua que, dicen, compromete la estabilidad de las explotaciones. Estos regantes han recibido en las últimas horas los apoyos de los del Páramo Medio y Páramo Alto. «Al fin y al cabo, hemos de pensar que las tres comunidades de regantes son entidades vecinas que en muchas ocasiones comparten partícipes», argumentan desde los propios colectivos.
«Después de observar y analizar en profundidad lo que la CHD pretende con la repercusión de los gastos de energía y mantenimiento de la estación elevadora de Villalobar, hemos de decir que lamentamos mucho la posición de la CHD con respecto a estos gastos y con la pretensión de imputarlos a la Comunidad General del Paramo Bajo vía cánones y tarifas». No es comprensible, dicen, que la CHD «pretenda cambiar las reglas del juego a mitad de partida».
