Cuando tiene lugar esta charla, Mōrago está a punto de dar un concierto en el Avalon. Es jueves a media tarde y sus componentes no tardarán en ir a hacer las pruebas correspondientes, pero antes se sientan para hablar de un tema que les afecta: el de los locales de ensayo. Su realidad desaconseja tener un lugar fijo donde reunirse, pues la residencia de sus componentes se reparte entre Zamora y Madrid. Para juntarse, lo ideal sería escoger una ciudad u otra en función de las circunstancias, pero en el caso de Zamora surge una pregunta: ¿Dónde?
Dos de sus componentes, Pablo Estébanez y Carlos Villarino explican el panorama: «Un sitio fijo es muy caro y no es lo que necesitamos», apunta el primero. Para grupos como este, lo ideal es poder ir a una sala cuando se pueda ensayar – a veces, en fines de semana intensivos – y no pagar una renta fija que no siempre es accesible o que no les compensa: «Y eso que nosotros tenemos nuestros trabajos, pero habrá gente más joven que ni eso», advierte Carlos. Hay muchos conjuntos en la ciudad, pero las alternativas escasean.

Por eso, ya hace años, antes incluso de la pandemia, el Ayuntamiento de Zamora pensó en un proyecto para crear salas públicas de ensayo por rotación en los bajos del Ruta de la Plata. La idea cristalizó en 2022 y las obras se ejecutaron, pero los locales aún no están abiertos casi tres años después de la finalización de los trabajos principales. El grupo popular denunció el asunto hace unos días y la Concejalía de Cultura admite que ha habido una concatenación de problemas que ha retrasado la apertura.
La parte positiva, para la ciudad y para los grupos, es que la espera parece estar a punto de terminar: «Lo tenemos todo planificado y estructurado», asegura la concejala de Cultura, María Eugenia Cabezas, que explica que ya se han probado los sistemas de apertura y los equipamientos. Ahora, la última tarea se centra en resolver una inoportuna entrada de agua en uno de los baños. El Ayuntamiento confía en que sea cosa de poco. A partir de ahí, las salas estarían listas.
Ante la proximidad de su puesta en marcha, la concejala ya puede definir cómo será el funcionamiento para los músicos que las quieran utilizar. La idea es poner las cuatro salas del Ruta de la Plata a disposición de diez de la mañana a diez de la noche. Cada grupo podrá reservarlas por un tiempo máximo de tres horas y con una antelación tope de quince días. No habrá personal para abrir a los grupos, sino que el planteamiento es que todo funcione mediante una aplicación web.
Cabezas cuenta que los interesados tendrán que darse de alta en el sistema y acudir al servicio de Cultura para completar el registro. La idea es tener bien identificadas a las personas que reserven las instalaciones para que se hagan responsables del buen uso de las dependencias públicas. Para eso, se requerirán los datos de personas mayores de edad. Incluso, si quienes van a usar el local son chicos o chicas de 16 o 17 años. En esos casos, un tutor tendrá que inscribirse.
Esa misma aplicación en la que se introducirán los datos servirá para hacer las reservas y para activar los sistemas de apertura de las puertas. Por seguridad, las salas tendrán cámaras en los pasillos y alarmas. Además, se espera que los grupos se comporten con civismo, habida cuenta de que, para ellos, el uso será gratuito. La idea es acabar cobrando una pequeña cantidad, pero haría falta una ordenanza reguladora que, de momento, no existe.
Cabezas cuenta todo esto y lamenta también que las obras hayan estado «gafadas» durante los últimos meses. «Se han ido torciendo cuando parecía que lo teníamos todo», asevera la concejala de Cultura, que cita problemas en las puertas o en las cerraduras, y también situaciones como la de ahora del baño. En todo caso, la perspectiva es abrir en las próximas semanas. Cuando se haga, se anunciará la aplicación web que servirá para la reserva y entrada, y se colgará un tutorial a modo de manual de uso.
En Madrid, entre doce y quince euros la hora
«Ahora, en Madrid, o alquilamos la sala o tenemos que tocar en casa de alguno con la música bajita», señalan los componentes de Mōrago, que hablan de precios de entre doce y quince euros la hora por ocupar las salas en la capital de España. Un pellizco en cada ocasión. «Tenemos ganas de que abran estas», resume Pablo Estébanez, que cree que habrá bastantes grupos como ellos, interesados en utilizar y cuidar estas instalaciones.
Para el citado grupo, se abre además una etapa de grabación de un disco que podría ser de los primeros en forjarse entre esas paredes del Ruta de la Plata. «Nosotros encantados de que la apertura sea ya», constata Carlos Villarino. Si todo va bien, las nuevas canciones de Mōrago podrían sonar en otoño. Para entonces, las salas ya deberían llevar meses disponibles para los artistas locales.
