María de San Lucas, Pilar Redondo, Carmen Redondo, Ángeles Sastre, Mari Carmen Fuentes, Rosario Colorado (que fue la primera presidenta), Consuelo Escalero, Isidora Alonso, Antonia Pintado, Isabel Pascual, Soledad Callejas, Angelines Delgado, Froila Hernández (que fue la que dijo el nombre de la asociación), María Robles, Isabel Santos, María Teresa Prieto, María Adoración Vaquero y Lourdes Fadón. Son los nombres de las 18 mujeres, todas de Bermillo de Sayago, que el 23 de noviembre de 1995 se juntaron y fundaron un colectivo que, entonces, pretendía dotar a las mujeres del pueblo de una iniciativa de ocio y cultural con la que, sobre todo, se dinamizara la vida en el pueblo y se fomentara el sentimiento de colectividad. El nombre lo puso Froila. «Nos vamos a llamar Amuber, Asociación de Mujeres de Bermillo, un nombre bien puesto».
Recuerda la historia ahora Manuela Andrés, que no pudo estar en aquella reunión fundadora pero que sí formó parte de los encuentros previos en los que se daba forma a la agrupación sayaguesa. A su lado está Lourdes Fadón, que sí estuvo en aquella tarde. El relato es de hace treinta años, pero parece de otra época. «Eran tiempos en los que muchas mujeres todavía no trabajábamos» fuera de casa «y en los que muchas no tenían actividad» por cuenta ajena. «La idea era juntarnos y hacer cosas juntas, salir de casa», asegura Manuela. La sociedad ha avanzado y la pertenencia a estos colectivos no busca ya eso de «hacer cosas juntas y salir de casa». La mayoría de las socias tienen otra ocupación remunerada y ya no es necesaria aquella función original. Estos grupos, como Amuber, perviven en los pueblos, casi siempre impulsados por mujeres (este en concreto al 100%, pero la presencia femenina es casi siempre mayoritaria en colectivos de este tipo). Sobre ellos recae buena parte de la dinamización social de los pueblos. En algunos casos, toda la responsabilidad.

Recién cumplidos los treinta años, Amuber está de enhorabuena. Este fin de semana la asociación femenina de Bermillo será anfitriona del noveno Encuentro Provincial de Águedas, que llenará el pueblo con más de 1.500 mujeres llegadas desde todos los puntos de la provincia, prestas a pasar un día de fiesta, de reivindicación de las costumbres locales y de orgullo de género. Parte de las 42 socias que ahora conforman la agrupación se reúne en su sede para atender a este periódico y poner en valor el trabajo realizado, no solo en lo referente a la fiesta de este sábado, que también, sino fundamentalmente en lo que se refiere al día a día del resto del año. Acompaña Mayca Ferrero, técnico de animación del CEAS de Sayago, encargada de la coordinación de la concentración del sábado y colaboradora de Amuber a la hora de proponer iniciativas que trasciendan los límites del municipio y que involucren a asociaciones de toda la comarca.
«Concentraciones como la del sábado son importantes porque ponen en valor las tradiciones de la provincia», asegura Ferrero. «Lleva ya muchos años y este año ya tenía que ser Sayago», apunta la técnico de animación, vigilante de toda la logística, mucha, que conlleva el encuentro de este sábado. Alguien debe llevar la organización en medio de tanta fiesta, y ese es su papel. El resto está lógicamente a otras cosas. A organizar la quedada para vestirse todas juntas, a recordar que en la iglesia se va a bailar el ramo, a pensar en la comida de después y, en algún caso, como el de Lourdes, a pensar ya en pasar el día con su nieta de tres años. «Si quieres te dejo un traje pequeño», le dice una compañera. «Tranquila, que yo ya tengo uno», contesta.

Pero Amuber es más que lo que se verá este sábado. Las socias se reúnen cada pocas semanas, plantean iniciativas, organizan charlas, se involucran en asuntos sociales y están casi siempre presentes (junto con la asociación cultural del pueblo, La Mayuela) en gran parte de los actos organizados en el pueblo. En colaboración con empresas o artesanos de la zona se organizan talleres, actividades formativas, demostraciones, degustaciones y un largo etcétera de propuestas que logran que los veranos sean más animados y que los inviernos no tengan unas tardes tan largas. «Al final, en los pueblos, si no haces nada, pues la gente se queda metida en casa». Es algo que habitualmente se dice, por eso hay que poner en valor el trabajo de quienes cogen el toro por los cuernos y proponen para generar comunidad.
Amuber tiene pasado, lo demuestran algunas de sus socias, presentes en la primera reunión y presentes ahora en la vida diaria de la asociación, y tiene futuro. Varias de las personas más activas de la asociación son jóvenes y están plenamente involucradas en el funcionamiento del grupo. Una de ellas es la presidenta, María Alcalá. Otras, como Mariam García o Reyes Rodríguez, forman también parte de esta charla y reivindican el papel trascendental de estos colectivos si lo que se busca es que los pueblos tengan vida. La combinación de experiencia y juventud, apuntan, es lo que da a la asociación el toque «transversal» que ha permitido que perdure a lo largo de tres décadas, que muchas de sus socias fundadoras, las que aún viven, hayan mantenido su contribución al grupo y que el colectivo haya sido todavía interesante como para incorporar a otras mujeres.
Y es que se organizan actividades de diverso calado, sí, pero lo fundamental es lo otro. Juntarse, reírse, pasar la tarde en compañía de las vecinas y juntarse a cenar un par de veces al año con el poco dinero que da la Primitiva que se juega semanalmente. «No nos da para ir a las Seychelles, pero para juntarnos una noche da de sobra», bromea Mariam García, una de las socias más jóvenes. Mientras dé para eso, bien empleado va el dinero.
