Esmeralda Alfonso tiene 45 años y vive de alquiler «desde siempre», lo menos 20 o 25 años. Los últimos quince los había pasado en el mismo piso hasta que, en el mes de septiembre del año pasado, «sin que hubiera ningún tipo de conflicto» y sin dar más explicación, su casero la llamó para avisar de que el contrato terminaba. «De repente pensaría que a ese piso le estaba sacando 350 euros y le podía sacar 600, así que te vas a la calle, de un día para otro, sin ningún tipo de explicación. Era mi casa, tenía ahí mi vida, y de un día para otro te llaman y te dicen que te tienes que ir», apunta la zamorana.
Es un ejemplo, cierto, pero lo es de una realidad que cada vez afecta a más personas en la provincia. El mercado de alquiler en Zamora da síntomas de no estar funcionando correctamente si se mira desde el prisma del alquiler residencial. Lo vivió de nuevo Esmeralda cuando se lanzó, después de muchos años, de nuevo a la búsqueda de piso. «Cuartos sin ascensor, pisos en las afueras por los que se están pidiendo hasta 800 euros al mes. Eso en una ciudad en la que se gana lo que se gana, entre 1.000 y 1.300 euros al mes la mayoría de las personas», razona Alfonso, que resume: «Pisos por los que hace diez años se pagaba 300 euros subieron después a 500 y ahora te piden 800».

«Hay poca oferta, los pisos son muy antiguos y la mayoría, demasiado caros para lo que son», explica ahora César Caso, onubense, llegado a Zamora hace dos años y también afectado por la situación del mercado de alquiler. César consiguió un piso protegido junto con su pareja, zamorana, cerca de Valorio, algo que evitó males mayores porque el mercado, asegura, no está bien. En una vivienda pública en las afueras, César y su novia pagan 450 euros mensuales. «Eso en un piso de titularidad pública, los alquileres privados están mucho más altos», apunta. «Tuve que estar batallando por conseguir el piso durante varios meses para poder salir del mercado privado y ahorrar algo», asegura.
«Estamos dando por normales algunos alquileres que no deberían serlo. Yo, por ejemplo, ganaba el Salario Mínimo y ahora estoy en paro», apunta el onubense, de 34 años. «Por el precio que pagamos ahora no había nada en el mercado privado o eran cosas muy muy viejas», en las que difícilmente se podía entrar a vivir sin más. «Estaba imposible, está bien que surgiera esta alternativa», asegura antes de entrar a la primera asamblea del Sindicato de Inquilinos de Zamora, que se ha presentado este fin de semana.

Tomás de Arriba también participa en la asamblea. Tiene 34 años, es de Villaralbo y ha vivido de alquiler durante una buena etapa de su vida. Llevaba prácticamente la mitad de su vida fuera de casa de sus padres. Decimos «llevaba» porque este curso, ante la situación del mercado de alquiler en Zamora y en Salamanca (donde trabaja como profesor interino a media jornada) ha llegado a la conclusión de que rentar un piso con sus ingresos era misión imposible, así que ha tocado vuelta al hogar familiar.
«Cuando empezó el curso estuve mirando para vivir en Salamanca y fui incapaz de encontrar nada que no supusiera perder dinero con un trabajo a media jornada», explica el profesor, que ya rechaza, cosa normal a su edad, compartir piso con estudiantes para ahorrar. Intentó alquilar en Zamora pero se encontró un panorama similar. «El año pasado ya estuve en Segovia y fui incapaz de ahorrar nada, algún mes incluso perdí dinero, entonces me puse a pensar y decidí que lo más inteligente era volver a casa y poder ahorrar un poco» durante los meses que dura el curso, explica, resignado ante la situación. Y pone el ejemplo de lo que se ha encontrado en Segovia. «En 2022 viví en un piso en el que pagaba 450 euros al mes, con calefacción incluida. El año pasado pregunté por él y había subido a mil euros. Me tocó compartir, con gente adulta, pero no era lo que yo pensaba que iba a ser cuando me fui a vivir allí», resume.

En Zamora, lo dicho, pisos de alrededor de 700 euros si se busca algo «que esté bien». Con unos ingresos a media jornada y teniendo que sumar calefacción, luz, internet, comida… Las cuentas «no salen». «Así que nada, a casa».
La situación del mercado
En Zamora provincia, según los datos del Ministerio, hay 2.470 viviendas nuevas que no están ocupadas. Es lo que se llama el «stock» de vivienda nueva, que es todavía, en el año 2026, consecuencia directa del incremento de la construcción que se vivió en los años de la burbuja inmobiliaria, hace ya prácticamente veinte años. Muchas de las viviendas que se construyeron entonces todavía no se han ocupado. Se compraron (o no, algunas son todavía propiedad de empresas) y ahí siguen. El nuevo Sindicato de Inquilinos hablaba por su parte de 4.000 viviendas vacías en la provincia. Las diferencias entre ambas cifras son significativas aunque el problema que se evidencia sea el mismo.
La oferta es además escasa. En Idealista, principal portal de Internet a tener en cuenta para alquilar una vivienda, se ofrecen solamente 35 viviendas en toda Zamora. Algunas de ellas viejas y muchas subidas de precio. También, como recuerda Esmeralda Alfonso, con alguna cláusula «abusiva», como «que los caseros te obliguen a contratar un seguro para la vivienda cuando es algo que tendría que hacer el propietario, o que no se permita fumar o tener mascota».
Los precios, por su parte, no hacen otra cosa que subir en los últimos tiempos. De nuevo hay que recurrir a Idealista para buscar datos, ya que no hay números oficiales a este respecto. Los precios se dan en euros por metro cuadrado e indican que en Zamora, en el último mes, se pagaban 7,8 euros por metro. Llevado a un piso de 75 metros cuadrados salen más de quinientos euros. En la ciudad, cifras de 600, 700 u 800 euros, antes impensables, hace tiempo que se convirtieron en habituales. En 2020, ese mismo piso de 75 metros hubiera costado casi doscientos euros menos.
El papel de las administraciones
Se acercan elecciones, así que lo que no falta ahora son propuestas. La mayoría van orientadas a construir más vivienda, ya sea pública o privada, aunque los datos vengan a decir que en Zamora hay miles de pisos y casas sin habitar. Sea como fuere hay convenios, acuerdos, se han levantado algunos bloques de pisos y se trabaja en edificar vivienda para que pueda ser utilizada por las familias a precios razonables. Por lo que refiere a la Junta, el trabajo se está centrando en los pueblos. En un buen número de localidades van a levantarse viviendas públicas en los próximos meses. También se va a dar a los propietarios dinero para reformar las casas en el entorno rural si después las destinan a alquiler social.
En Zamora es otra cuestión, porque el Ayuntamiento no tiene competencias para construir. Sobre el tema se posicionaba este sábado el alcalde, Francisco Guarido, en redes sociales. «La solución no está en incentivos fiscales, ayudas al alquiler o menor burocracia, al menos en ciudades tipo Zamora. La solución, insisto en ciudades pequeñas y medianas, está en la construcción pura y dura de viviendas de protección oficial o alquiler social, y eso solo lo puede hacer quien tiene las competencias para ello», asegura el regidor municipal.
«En el caso de Zamora el ayuntamiento podría poner suelo gratis para construir 1.000 viviendas públicas ya mismo; es decir, tenemos los medios para dar un vuelco a eso que llaman la España vaciada y descongestionar las grandes ciudades», indica Guarido. «La competencia de la construcción es de la Junta de Castilla y León que no debería bajar los tributos y dedicar ese dinero, que son muchos millones, a la construcción, bien para venta a precios de construcción o alquiler; a la vez el Gobierno debería transferir fondos condicionados a las comunidades para ello y no gastar en tantas tonterías a las que nos obligan los fondos europeos», apuntaba el alcalde.
El papel del alquiler turístico
Aunque Zamora no es una ciudad en la que los turistas hayan colonizado los barrios, como sí sucede en otras grandes capitales, es innegable que el alquiler turístico influye también en el mercado residencial. Los datos actuales del portal Idealista indican que en la capital hay menos de medio centenar de viviendas que se destina a alquiler residencial. Las diferencias con el alquiler vacacional o turístico son abrumadoras. Basta una cuenta más que sencilla. Por cada vivienda ofrecida en la ciudad para alquiler residencial hay cuatro cuyos propietarios optan por el alquiler turístico.
