En un local anexo al edificio principal del Ayuntamiento de Tábara, un grupo de jóvenes se viste para la ocasión. Es la mañana del día de Reyes, queda un rato para las doce y llega el momento de la tradición y el teatro en el pueblo. Allí está Herodes colocándose la barba; al otro lado, una muchacha ata un pañuelo rojo a la cabeza de un miembro del séquito de Sus Majestades; en esa parte, una chica repite en alto el texto para consolidarlo. Se lo sabe, pero por si acaso. La escena tiene lugar en 2026, pero podría ser cualquier 6 de enero de los últimos 63 años por aquí.
Efectivamente, 63 años. O sea, desde 1963. Ese es el tiempo que lleva Tábara representando de manera ininterrumpida – salvo alguna circunstancia muy puntual – su auto de los Reyes Magos. En realidad, este teatro que cuenta la llegada de Melchor, Gaspar y Baltasar a Belén se estrenó en 1923, pero se perdió tras la Guerra Civil y costó recuperarlo. Lo hizo este pueblo merced al empuje de gente como Santiago Andrés, que escuchó las historias de su abuelo a la lumbre, empezó a recopilar información y reconstruyó el libreto. El camino parecía cerrado, pero la voluntad lo despejó. Y desde entonces.

Los tabareses relatan los hechos de la recuperación de la tradición, aunque muchos no los vivieron. Desde luego, Paloma Fresno ya vino a este mundo con el auto de los Reyes Magos consolidado de nuevo como parte de lo cotidiano en Tábara. Esta joven se ha convertido ahora en una de las expertas del elenco, un grupo de muchachos jóvenes que son los sucesores de padres, abuelos y bisabuelos. «Entras porque lo ves desde pequeño», resume Paloma, que aclara que todo rueda desde los tiempos de Santiago Andrés: «No hemos parado de hacer la obra».
Paloma cuenta también el argumento básico de este auto y la forma de representarlo en Tábara: «Consta de tres partes», apunta la intérprete. El primer acto tiene lugar en la plaza, con la referencia del balcón donde se encuentra Herodes, que recibe a los Reyes Magos. La siguiente escena se desarrolla en la iglesia, con la Virgen María y el Ángel, y la tercera se hace de nuevo en la calle, con el final de Herodes y una pequeña fiesta popular – ya fuera del teatro – que sirve como broche.

Suena sencillo, pero hay que prepararlo. Personajes como Herodes tienen mucho texto. Paloma lo admite, pero apunta que la clave es que los miembros del elenco tienden a repetir de un año a otro, aunque se intercambian los papeles y de vez en cuando entra alguien nuevo. «Casi todos nos lo sabemos», remarca esta tabaresa, que subraya que los ensayos fuertes comienzan en diciembre. Se aprieta en las últimas semanas y sale. Tiene que salir. Nadie se plantea lo contrario.
«Generalmente, siempre es gente joven. Entras a los 14 o los 15 años y hasta que te canses», insiste Paloma, que incide sobre todo en la ilusión de los niños: «Les gusta muchísimo verlo. Al final, ellos vienen de pegarse el madrugón y coger los regalos en las casas. Esto es como el broche final de ver a los Reyes y vienen con nervios», apunta la tabaresa. La respuesta ante eso es el aplomo con el que actúan quienes un día estuvieron en ese lado de la expectativa por ver entrar a Melchor, Gaspar y Baltasar.

La dirección marcada
El elenco lo forman unas 16 personas. Son de Tábara. Al menos, sentimentalmente. No todos viven aquí de continuo: «Tampoco cerramos la puerta a nadie que quiera venir a hacerlo», advierte Paloma, que matiza que los ensayos tienen lugar en el edificio del reloj. Allí se configura lo que luego sale el 6 de enero. Este año, con Unai García en el papel de Herodes, y Mateo Sanz, José Manuel Fresno y Hugo Sanz en el papel de Reyes Magos.
Minutos después de la charla, el auto sale a la calle. Lo hace en un día de sol deslumbrante, con los mayores que repiten el texto en bajito al tiempo que lo dicen los actores y con los niños expectantes: «La estrella se nos perdió. ¿Qué dirección tomaremos?», se preguntan Sus Majestades. En Tábara, la que marcaron Santiago Andrés y todos los que decidieron que esto no podía meterse en el cajón del olvido.
