Casi parece el traslado. El del jueves anterior al Domingo de Ramos. Lo que pasa es que hace más frío y la ilusión viaja sobre todo a bordo de los niños. Por lo demás, la estampa de un Puente de Piedra lleno, la gente en los muros o el «mira, mira, que ya viene» se asemejan mucho a la puesta de largo de la Semana Santa. También ayuda a crear ese ambiente que todo vaya encabezado por la banda de cornetas y tambores Ciudad de Zamora, que esta vez no va con marchas de Pasión, sino con villancicos. Hay que crear la atmósfera correcta. Vienen los Reyes Magos.

Sus Majestades madrugaron para plantarse a primera hora en Carrascal, pero ahora llegan entre bocinazos a la sede de la Fundación Rei Afonso Henriques (FRAH). De allí a la Plaza Mayor espera una nube de familias, de niños con gorros y pompón, de bebés a hombros y de vecinos asomados a los balcones. Se barruntaba día oscuro, pero en realidad no, así que las gentes se guían por el sol igual que Melchor, Gaspar y Baltasar siguieron la estrella.

Los Reyes se montan en los caballos y viajan rumbo a la margen derecha a paso ligero. Nunca dejan de saludar. Con ellos va su séquito, que calma a los animales, que atiende a los niños y les da piruletas. Solo es el aperitivo de lo que está por venir. La comitiva cruza el puente, con los magos atentos. No se les escapa ninguna mirada. De todos conocen y a todos atienden. Luego cada cual sabrá cómo se ha portado durante el año.

Ya en Santa Lucía, en zona abierta, Sus Majestades se detienen: «¿Has entregado la carta?», pregunta uno de los pajes a una niña que se acerca tímida. Respuesta afirmativa. Hay que dejarlo todo amarrado antes de irse a dormir. De fondo, un muchacho rubio saluda desde el balcón. Lo hace en brazos de su madre y a la vera de su abuela. La ilusión que se comparte siempre es la mejor.
Camino a la Plaza Mayor, los Reyes Magos suben la cuesta, toman la curva y se dan un baño de masas. Luego, seguirán su ruta por la ciudad. En la cabalgata al anochecer y en el viaje mágico que les queda de madrugada. Cuando amanezca, todo habrá valido la pena en las casas de los niños.

