Hace veinte años y un día del lleno contra el Barça, pero este domingo tiene menos brillo que aquel martes. Es un partido de liga ordinario en un día de frío fuera de lo común. Se ve en las gradas. Y ya no tanto porque haya menos gente. Ahí, en el Ruta, hay abonados que se plantan en el asiento como quien va a misa, por una cuestión de convicciones férreas más que de placer. Eso quiere decir que la hinchada asiste, pero consciente del padecimiento. Se ven mantas, gorros, bufandas y narices coloradas; se intuyen el doble calcetín, la térmica y las ganas de salir de ahí sin hipotermia y con una alegría. Veremos.
Van los protagonistas. El Zamora sabe que ganar es acercarse otro poco, que hace unas semanas la cabeza se veía lejos y ahora se roza. Al menos, la parte del dos hacia abajo. Dejemos al Tenerife en paz. Lo que ocurre es que, en este campeonato, todo rival se hace incómodo. Aprieta bien el Arenas de Getxo, complica la salida, roba y golpea; no se deja gobernar. A los rojiblancos les conviene ser precisos. O besar el santo al llegar. Y allá va Álvaro Romero, que vuela por los aires con un contacto. Penalti.
Ahí se empieza a ver que el día viene áspero en todos los sentidos. Kike Márquez, el hombre del talento, ejecuta el penalti como un amigo del portero. Suave, al medio, a las manos. Todo lo que vendrá a continuación es una sucesión de imprecisiones con el paréntesis del gol. Por suerte para los que tiritan en la grada, el que acierta es el Zamora. Sancho, en realidad, que galopa al ver la diagonal de Miki Codina, controla casi con las costillas, se perfila para la derecha y atina. 1-0.
Luego, el sufrimiento. Con los errores propios, el empuje de un contrincante que no se arredra y el viento que atraviesa la grada como una ola. Piensa y expresa la gente del público que Farrell podría haber aliviado un poco el rato si llega a empujar a gol una acción clara para el 2-0 en el primer tiempo. También que conviene amarrar los puntos en los días malos; que a falta de lucimiento bien está marchar con el botín.
La expulsión de un jugador efímero del Arenas, que entra y sale en tres minutos, pone el camino cuesta abajo. En esa acción, Márquez deja un caño que compensa un poco que hoy el día está jodiendo. El resto es esperar a que el árbitro pite y correr rumbo a la calefacción más cercana con el confort de los puntos en el bolsillo. El domingo, Salamanca.
Desde este mes de enero, Enfoque Diario de Zamora publicará cada lunes un comentario de lo acontecido durante el fin de semana en los partidos del Zamora CF y del CB Zamora.
