El pasado 22 de diciembre, en la Unidad Veterinaria de Bermillo de Sayago, apareció un cartel en la puerta. «No hay servicio de registro entre el 22 de diciembre y el 7 de enero, ambos inclusive». Más abajo, otra cartulina de color anuncia lo mismo. «No hay registro hasta el 8 de enero». No es una situación nueva, dicen los ganaderos, que vuelven a lamentar el «mal estado» general del servicio de un tiempo a esta parte. Hasta el verano, en el registro trabajaban dos personas que, cuando llegaba la hora de coger vacaciones o días de descanso, se turnaban. Siempre quedaba alguien para atender al público. Pero desde mediados de 2025 esto no ha sido así. Una de las dos personas se fue y queda solo un profesional, que tiene derecho a vacaciones y que deja no solo a Bermillo, sino a toda la comarca, sin servicio.
Los ganaderos están resignados. No ha habido una comunicación a los afectados, así que la situación se complica para muchos, fundamentalmente para los de más edad. Los más jóvenes son más ágiles con los certificados digitales y la administración electrónica, pero los más veteranos acuden todavía de forma habitual al registro para presentar alguna de la mucha documentación que tienen que acreditar las explotaciones. «Hay gente que viene desde los pueblos, que hace kilómetros para presentar un papel, y se encuentran esto cerrado», asegura Sonia, una joven ganadera de la comarca.
Desde la Asociación de Ganaderos 19 de abril hacen un dibujo similar de la situación. «El hecho de que la unidad veterinaria esté abierta, y los veterinarios estén trabajando, no solventa el problema que genera el estar sin registro, ya que hay muchos trámites, la gran mayoría, que no los hacen los veterinarios sino que son mediante registro, con lo cual, durante el período en el que permanece cerrado, esos trámites se acumulan», apuntan desde la agrupación. «Esto no supondría demasiado problema si no fuese porque existe un plazo legal para la comunicación y registro de los trámites». Por ejemplo, la muerte de un animal de la explotación tiene que comunicarse en un plazo máximo de 6 días a partir de la baja. Lo mismo pasa con los nacimientos, los movimientos… todos ellos trámites cotidianos que se dan a diario en las explotaciones.

«No parece lógico que tengas un plazo máximo para hacer esas comunicaciones y cuyo incumplimiento puede ser motivo de sanción porque son plazos estipulados por ley de obligado cumplimiento, y que porque una persona se vaya de vacaciones, no tengas opción a hacerlo», dicen los ganaderos sayagueses en declaraciones recogidas por este periódico. La alternativa que se ha dado desde la Unidad Veterinaria es ir a los ayuntamientos y registrar un escrito que diga que se ha ido a la Unidad y que la persona encargada de recibir las comunicaciones estaba de vacaciones. «Esto podría justificar que no se ha incurrido en incumplimiento de plazos», pero es rocambolesco. «Una vez más, se carga de burocracia y trámites en distintos estamentos al ganadero, que no tiene ni culpa ni responsabilidad en que un trabajador puntual se vaya de vacaciones». Ello por no hablar de que en los pueblos grandes, como Bermillo, el Ayuntamiento está abierto en horario normal, pero en las localidades más pequeñas no es raro encontrarse las puertas del Consistorio cerradas.
Hay, además, la sensación de que existe una doble vara de medir con la administración. Cuando un ganadero presenta un papel fuera de plazo, se le sanciona. Pero si es porque una persona está de vacaciones y no se pone sustituto, «parece que los plazos no importan». Es la «sensación constante de que el ganadero tiene que cumplir a rajatabla obligaciones y cuando se incumplen por parte de la administración se abre la mano», dicen los ganaderos. La queja, insiste el sector, es hacia la administración, no hacia el trabajador que se ha cogido sus vacaciones, a las que tiene derecho, en Navidad. «Pero nadie piensa que hay gente que dedica la mañana a coger el coche, hacer 30 kilómetros hasta Bermillo, encontrarse la puerta cerrada, tiene que ir al Ayuntamiento a presentar otro papel, vuelta a casa y, después de Navidades, otra vez a la Unidad Veterinaria para solucionar el trámite», lamentan los ganaderos.
