Mayte Calatayud lleva más de treinta años trabajando para una editorial. Primero, desde Barcelona; más tarde, desde Barbastro; ahora, en la localidad zamorana de la que procede su familia: Fuentes de Ropel. Cada mañana, cuando se conecta a primera hora, esta mujer tiene que validar su contraseña para acceder al sistema. Lo hace con un código SMS que le llega al móvil de la empresa, que funciona con la compañía Orange.
«Lo que hago es subir a la planta de arriba, donde trabajo, pido el código y vuelvo a bajar. Aprovecho para hacer la cama y otras tareas mientras veo si llega el SMS», explica Mayte. Esa inquietud forma parte de la vida cotidiana de esta mujer que teletrabaja en un pueblo donde la cobertura va más que viene. Eso siempre ha sido así. Ahora, desde hace «un par de meses», la cosa ha empeorado, el mensaje tarda y las carencias en la red generan otros problemas.

Y no es solo con Orange. Los vecinos de Fuentes de Ropel sufren con todas las compañías. Y, claro, si uno teletrabaja en el pueblo, el asunto le puede causar unos cuantos trastornos. Con Movistar en su teléfono personal, Mayte tiene un poco más de cobertura arriba, «abajo nada». «Los más allegados ya están avisados y nos llaman por Whatsapp». señala la vecina, que para comunicarse en el trabajo utiliza Teams. Internet no es que funcione como un tiro, pero resulta más fiable.
La teletrabajadora de Fuentes tiene claro que lo único que puede resolver este asunto es la instalación de «una antena mucho más fuerte». Mientras tanto, lo que le queda es buscar un lugar fijo en la habitación para el móvil de la empresa, «donde es más probable que coja una raya de cobertura para el SMS», y padecer cuando le toca estar operativa las 24 horas del día, en determinadas épocas del año.
La conversación tiene lugar en casa de Mayte, y allí está presente también el alcalde, Andrés González. El regidor recuerda que, en su momento, el pueblo rechazó la instalación de dos antenas cerca de las viviendas por temor a las radiaciones. Ahora, lo que les llega procede de Villalobos, pero con una señal mucho más débil desde hace algunas semanas: «Hay varios puntos de la localidad donde no hay nada de nada», insiste el mandatario local.
A la vista de esta circunstancia, González ha contactado con la Subdelegación del Gobierno y con el departamento de Telecomunicaciones. Nada. «Está muy bien que tengamos fibra óptica, pero yo preferiría la cobertura», resalta el alcalde, que habla de problemas como la confirmación de los pagos en la banca online o las llamadas, claro. «No puedo usar señales de humo», lamenta el dirigente municipal.
Andrés González es consciente de las quejas de personas como Mayte, y señala que su propia hermana padece esta situación en vacaciones. «Trabaja en teleasistencia y, cuando tiene que hacer una llamada, sube al teso», asevera el alcalde, que estima que «no son condiciones para trabajar en el siglo XXI». Por eso, el alcalde cree que ya es el momento de hacer presión. En Semana Santa, con el pueblo lleno, iniciará una recogida de firmas para exigir que las instituciones y las compañías actúen. Y no solo por quien viene a trabajar aquí para otros, también por los propios negocios asentados en el terreno.

El caso del restaurante
«Esto nos afecta mucho, porque hay gente que tiene que trabajar online y que viene a comer y no puede conectarse a la red», advierte Beatriz Ferrero, la dueña del restaurante La Alegría de Fuentes de Ropel. El Wi-Fi alivia un poco esa circunstancia, pero «cuando hay mucha gente, tampoco va muy bien». En definitiva, si alguien ha de estar atento a una llamada o listo para conectarse sobre la marcha, en este local puede tener problemas.
«De un tiempo a esta parte, hay mucha menos cobertura», confirma la hostelera, que cuando ha de hablar con alguien desde el restaurante tiene que pedir que la llamada sea por Whatsapp: «No hay otra manera de funcionar», constata Ferrero, que también se ve indirectamente penalizada. Si la gente no puede teletrabajar, viene menos y deja de consumir en su local. La dueña del restaurante se queja con un enfado que resulta visible y que no se ve paliado por una esperanza demasiado honda: «A lo mejor si nos juntamos varios pueblos…», despacha antes de poner el siguiente café.