
Algo funciona especialmente bien en las sociedades que son capaces de movilizarse. Es pura salud democrática que, pese a tener más edad o ser menos numerosos que las medias estadísticas de este país, nos echemos a la calle para pelear por lo común o celebrar que ningún tiempo pasado fue mejor.
Arrancábamos marzo con un temporal de viento, lluvia y nieve que no dejó en casa a más de medio millar de zamoranos que se manifestaron contra los proyectos de biogás que quieren envenenar nuestra tierra y nuestra agua, y darle la puntilla definitiva a la agricultura y ganadería tradicionales, que son nuestro motor económico y parte sustancial de nuestra herencia cultural gastronómica. No podemos bajar los brazos en esta lucha, porque la cola de especuladores ansiosos por exprimir nuestro territorio da la vuelta a la provincia. Si algún alma de cántaro espera la más mínima protección por parte de la Junta de Castilla y León, ya le adelanto que le van a partir el corazón: van sin filtro, sin luz y sin taquígrafos en el trámite de estos expedientes. Hace unos días conocíamos los datos de Soria y se nos ponían los pelos de punta: 101 plantas de biogás proyectadas y 81 nuevas macrogranjas de porcino en tramitación con capacidad para 350.000 cerdos. Estas son las barbas del vecino que vemos cortar.
La siguiente protesta de estas plataformas está prevista para el 22 de marzo en Valladolid y allí estaremos todas las personas que nos tomamos muy en serio esta amenaza letal para la supervivencia de nuestros pueblos.
El día de celebración fue el 8 de marzo. Hacía años que no se veía una manifestación tan numerosa, festiva y emocionante. Es una alegría muy grande ver que, pese al éxodo de jóvenes que sufrimos, hay un relevo generacional en el activismo feminista que nos llena de esperanza. Porque el futuro, también en Zamora, será feminista o no será.
Y la otra cita ineludible de marzo es la convocatoria autonómica por la sanidad pública. Escribo estas letras el 14 de marzo y espero que el sábado Valladolid se llene de protesta y reivindicación. Porque no se puede seguir arrastrando una gestión tan nefasta en la que todos resultemos perjudicados: pacientes y sanitarios, pueblos y ciudades, atención primaria y especialidades. Es insostenible este sistema fallido que resulta muy conveniente para alimentar al sector privado. Son insultantes las trampas electoralistas que la Junta hace con las listas de espera. Son indecentes las condiciones laborales del personal que, cuando la cosa se complica, resulta que es esencial.
Así que, amigas y amigos, prietas las filas y las agendas, es tiempo de echarse a la calle para luchar por lo colectivo. Por la salud. Por el futuro. No encontraréis una causa más justa.