Miércoles 12 de marzo, cinco y cuarto de la tarde. Una mujer llamada Marina Camacho, responsable de producción, aparece en el foyer del Teatro Principal de Zamora y advierte: «Estamos con las memorias». Dentro, en el patio de butacas y sobre el escenario, los actores, la dirección y los técnicos de la obra Tebanas dan y reciben indicaciones. Es el primer día de los miembros del reparto en la ciudad y quedan 75 horas para el estreno. Han pasado más de seis meses desde el primer contacto y casi tres desde que los ensayos aceleraron.
Los trabajadores de Ay Teatro y el elenco de la obra Tebanas están en este lugar porque el Principal es el recinto escogido para su primera función. Por eso, el equipo se ha desplazado a Zamora con varios días de margen. Aquí, se trata de probarlo todo, de hacer los últimos ajustes, de terminar con los ensayos generales y de salir, por fin, ante el público. «Esto es diferente a cuando vienes a un bolo en gira. Nosotros siempre hemos estado en la sala de ensayo, sin la maquinaria técnica ni la iluminación. Aquí se pueden poner todas las piezas juntas», explica Mario Salas.

Este hombre sale unos minutos del escenario para explicar cómo son las horas previas a un estreno, ya en las entrañas del primer teatro que verá la obra en la que llevan meses trabajando. Salas es uno de los actores, y aparece junto a su compañera Cira Ascanio. Los dos respiran juventud e ilusión. De hecho, vienen casi conmovidos después de ver por primera vez el diseño de luces que ha hecho Miguel Ángel Camacho para la representación. Todas las incógnitas que quedaban se van despejando.
«Se trata de ver cómo se relacionan las diferentes áreas de trabajo, o cómo de repente la luz se comunica con la música que hemos montado en la sala de ensayo», añade Ascanio, que admite que los actores trabajan en función de la pauta que marca la dirección y que afirma, al igual que Salas, que la compañía con la que llegan a Zamora trabaja con «tanta precisión y tanta antelación» que ofrece un nivel de seguridad muy alto. Siempre hay cierta tensión, como en el primer día de cualquier cosa, pero existe una percepción de que los factores controlables están razonablemente atados.
Una de las personas que se encargan de que no haya cabos sueltos es Tatiana de Sarabia, diseñadora de vestuario y codiseñadora de la escenografía, que deja claro que su estado de ánimo es estable, a pesar de la tensión propia de una semana como esta: «Yo no tengo estrés», apunta la trabajadora, que destaca que el día a día con el director, Yayo Cáceres, y con el dramaturgo, Álvaro Tato, se convierte en un «proceso de creación» conjunto que llega ya muy hilvanado al Principal. Quedan los detalles.

«Hay cosas que tenemos que cambiar. Por ejemplo, al ver las luces, hay un especie de arcón en el escenario que hemos tenido que oscurecer porque llamaba demasiado la atención. Ese ingrediente de la luz influye. Al final, estaremos unas horas con cositas», admite De Sarabia, que apunta al ensayo general de este jueves como el instante en el que todo debe estar tal cual lo verán los espectadores el sábado a las ocho y media de la tarde. O casi: «Todos estamos abiertos a ir transformando sobre la marcha», recalca.
Tatiana de Sarabia trabaja en la parte de abajo, en las dependencias interiores del teatro. Mientras, arriba, Cáceres y Tato tratan de dominarlo todo. Ellos son los que tienen la obra en la cabeza, los que llevan más tiempo tras este proyecto. El dramaturgo abandona unos minutos la sala para explicarlo todo. Y llega alterado para bien, muy activo: «Los nervios ilusionados y el terror controlable son la esencia del teatrero», destaca el también poeta madrileño.
La obra que su compañía, Ay Teatro, estrenará en Zamora, es una versión «sintetizada» de Edipo Rey y Antígona de Sófocles, Siete contra Tebas de Esquilo y Fenicias de Eurípides. De ahí que Tato compare la primera función con esa forma que tienen los personajes de la tragedia griega de enfrentarse a su destino: «Si no existiera esa tensión o esa magia, no sería teatro. Llevamos muchas horas y esto es una mezcla entre el día de tu boda con alguien que no conoces y la mañana del día de Reyes», desliza el dramaturgo.

Tato defiende el trabajo hecho hasta llegar aquí, «el talento de un elencazo joven» que tranquiliza a la dirección y «la artesanía del teatro», la insistencia, el tiempo dedicado: «Esto es puro sudor, pura diversión, puro equipo, puro día a día. Es una sensación muy familiar, como de comando de paracaidistas», añade el autor, que es consciente de que, en un vuelo de estas características, puede hacer viento, llover o que brille el sol. Para todo vienen preparados.
Tato insiste en que el espectáculo viene a Zamora «ya al 100%», pero pone un ejemplo de los detalles que toca perfilar en estos días: «El teatro es maravilloso, una bombonera, una preciosidad. Pero, comparado con nuestro local de ensayo, tiene una larga corbata, un proscenio casi tan grande como el escenario. Eso nos está obligando a hacer unas modificaciones de cosas que habíamos dado por sentadas hace un mes y que tienen que ver, por ejemplo, con las entradas y las salidas de los actores», revela el responsable de la compañía.
Eso se acabará de cerrar en las próximas horas, con los pases técnicos pertinentes. Luego, vendrá el día uno de Tebanas, un proyecto que Tato empezó a construir en la pandemia, que pasó a un segundo plano en beneficio de otros menesteres y que ha regresado al centro de todo con un formato diferente al que había tenido en la cabeza inicialmente el dramaturgo: «Los proyectos aparecen, desaparecen y corren una vida paralela a lo que es la puesta en escena», advierte el autor.

Álvaro Tato echa un vistazo hacia la puerta tras la cual se ubican sus compañeros. Toca seguir con la preparación. El montaje, la escenografía, la puesta de luces, las citas de prensa, los pases técnicos o el ensayo general son pequeños pasos, soluciones constantes a problemas que emergen, un proceso «muy laborioso» que todo el elenco combinará estos días con fases de pausa en Zamora. Los actores hablan de «comer muy bien» como una de sus prioridades en esas horas fuera de la escena; el dramaturgo incide en «la maravilla» de poder pasar ese tiempo conociendo el entorno que les rodea.
«Este es un lugar maravilloso, lleno de arte por todos los costados, con una gran oferta cultural y con un río asombroso. A mí me conmueve ya solamente pasar por delante de la casa del gran poeta Agustín García Calvo», repasa Tato, que ya se imagina, más adelante, en Alcalá de Henares, en Lugo, en Logroño: «En esta vida globalizada, tecnificada y rodeada de pantallas, nosotros podemos vivir lo que significa pasar un día entre semana en estos lugares de España. Para mí es un regalo», resume el dramaturgo.
Anfitriones de un espectáculo «singular»
Mientras Tato regresa al interior de la sala para enfrascarse de nuevo en la obra, el director del Teatro Principal, José María Esbec, aparece por los pasillos. «Lo que hacemos nosotros es poner a disposición de la compañía todos nuestros recursos y albergar el estreno», señala el responsable del liceo, que incide en el «orgullo» de poder contar con la primera función de un espectáculo de estas características: «Álvaro Tato es un dramaturgo de excepción y Yayo Cáceres, aparte de ser un actor muy conocido, es una persona que ha dirigido todos los espectáculos de Ron Lalá», recuerda el zamorano.
Esbec afirma que el público del Principal podrá ver una obra «singular», con textos de la literatura griega que «muchas veces son denostados» y con una «cantera» de actores que ya está prácticamente en capilla. El comando de paracaidistas se encuentra a punto de dar el gran salto.