Al Club Baloncesto Zamora le robaron el partido contra Estudiantes. No lo pudo decir Saulo con estas palabras, pero como aquí no hace falta ser políticamente correcto, pues se puede decir. Así que ahí va otra vez. Al Club Baloncesto Zamora le robaron ayer el partido contra Movistar Estudiantes. ¿Esto quiere decir que sin los árbitros se hubiera ganado? No, claro. En finales apretados, con el físico del rival y con los jugadores locales agotados podría haber pasado cualquier cosa. Pero hubo tres árbitros que decantaron la balanza del lado visitante, que tomaron decisiones injustificables en momentos clave (tiros libres regalados, antideportivas impensables y alguna técnica que no venía al caso) y que llevaron el partido a la igualdad en los minutos finales. Y ahí ganó Estudiantes (73-80).
A Estudiantes, en un partido tremendamente físico, los árbitros le pitaron cinco faltas en contra entre el tercer y el último cuarto. Tres en el tercer cuarto y dos en el último periodo, minutos en los que meter una canasta se convirtió en una cosa muy seria. Cinco faltas en dos cuartos en un partido de baloncesto profesional. Poco se puede hacer contra eso. «Quiero ver el vídeo para ver cuánta culpa hemos tenido nosotros y cuánta otras personas, pero la sensación que he tenido en el tercer y cuarto cuarto hacía tiempo que no la tenía», decía Saulo Hernández al término del partido. Puede no parecer mucho, pero es seguramente la declaración más contundente en tres años de un entrenador acostumbrado a sufrir decisiones dudosas. El enfado es grande y no puede ser menos, porque recordemos, al Club Baloncesto Zamora le robaron el partido contra Estudiantes.
Dicho esto, a lo tangible. El equipo jugó un buen partido, pero perdió. Entraron los tiros en la primera parte (51 puntos en 20 minutos, solo seis menos que la semana pasada en el partido completo en Córdoba) y se cerró el aro en la segunda (solo 22 puntos), cuando el exuberante físico visitante se impuso. Fue ahí, cuando había leña bajo los aros, cuando Estudiantes cometió solo cinco faltas en medio partido. Increíble, la verdad. Los locales ganaron el primer tiempo por catorce puntos y perdieron el segundo por 21. El equipo madrileño subió varios peldaños su estándar físico y los locales no pudieron llegar. Primero por el cansancio, evidente en los minutos finales, y segundo porque había tres personas que permitían en un aro lo que penaban en el otro. Y así es muy complicado.
Al menos, las sensaciones a la salida del pabellón eran buenas, aunque de sensaciones no se coma. Isaiah Rivera fue el mejor del partido y Pau Isern tuvo una buena tarde. Ambos animan a la esperanza, como un Blackshear que aportará más cuando acabe de amoldarse al equipo. Faltan centímetros bajo los aros y da la sensación de que puede hacer falta más físico en los finales apretados, pero el de este fin de semana ha sido (no pasó en Córdoba) un equipo que parece preparado para luchar por sus objetivos. Siguiente partido, en Mallorca contra Palmer. Y ya empieza a ser necesario ganar.
