Durante años, Portugal se consideró a sí mismo un país con un solo idioma. Lo entendió, incluso, como una virtud. Pero, como en tantos otros aspectos, se olvidó de mirar al interior. Allí, en un rincón del noreste del país, seguía la Tierra de Miranda, en la frontera con España por Zamora, la aldea gala de una variante del asturleonés que jamás se perdió. Tras el aguante, en 1999, el Estado luso lo reconoció finalmente como un idioma. Ahora, desde 2025, existe hasta una Estructura de Misión para la Promoción de la Lengua Mirandesa. Alfredo Cameirão fue nombrado comisario de este órgano en enero, y esta semana ha estado en la Fundación Rei Afonso Henriques (FRAH) para explicar su tarea en el camino para defender la supervivencia de un idioma minoritario muy relacionado con las hablas del oeste de Zamora.
– ¿Qué papel juega el mirandés como único idioma aparte del portugués que es oficial en el país?
– El idioma mirandés se habla en Portugal, en esta zona fronteriza con Zamora, desde antes del inicio de la nacionalidad portuguesa. O sea, antes de haber Portugal, antes del Tratado de Zamora de 1143, ya se hablaba mirandés en esta parte del territorio. Desde el punto de vista lingüístico, es un idioma de la familia del asturleonés. Tiene los mismos trazos, la misma genética, la misma raíz. Se habló desde siempre y hasta hoy, aunque fue ya en 1999 cuando el Estado portugués aprobó una ley nacional que reconoce al mirandés y el derecho a hablar, a enseñar y a aprender esta lengua. A partir de ahí, se han hecho algunas cosas. Por ejemplo, el mirandés entró en las escuelas como disciplina extracurricular, como una opción. Lo que ocurre es que se enseña con los materiales de los propios profesores, sin materiales didácticos oficiales, lo cual implica un trabajo inmenso para los docentes. Y, aún así, lo escoge un 82% de los alumnos, lo que es un número extraordinario. Además, aparte de ser una lengua minoritaria, se trata de una lengua minorizada. Se puso fuera de las instituciones, de la iglesia y de las aulas. Es decir, en Miranda, en una situación formal, la regla siempre fue hablar portugués. Pero aún así se trata de un idioma que se ha mantenido.
– ¿Cuál es su rol dentro de este ecosistema?
– En el año 2025, el Gobierno de Portugal decidió crear la estructura de misión para la promoción de la lengua mirandesa. El objetivo es atender a un valor patrimonial y a la realidad de un bien riquísimo y único en el país. En base a eso, pretendemos diseñar un plan estratégico para la promoción del mirandés y preparar, apoyar y organizar actividades que vayan en la línea de esa idea. En definitiva, se trata de que el mirandés pueda subsistir en esta tierra como una forma de comunicación normal, como es el portugués o como aquí el castellano. Nuestra función, en resumidas cuentas, es evitar que el idioma se pierda.
– ¿La idea es lograr una coexistencia con el portugués como la que existe en España con el castellano y los idiomas propios dentro de comunidades como Galicia, Cataluña o País Vasco?
– La situación en España y en Portugal es muy diferente. Durante siglos, Portugal se enorgulleció de ser un país monolingüe, así que escondió el idioma mirandés y ni siquiera lo consideró una lengua. Se consideró como el habla de los pastores que estaban en los montes y que no sabían nada. El Estado miraba al mirandés como un portugués hablado por gente ignorante, que no había ido a la escuela. Eso solo cambio en los años 90 del siglo XX y ese fue el drama de la lengua de este territorio. En definitiva, se creó un estigma y eso tuvo consecuencias. El mirandés se redujo al ámbito familiar y al ámbito de las aldeas de Miranda; al trato de la vecindad.
– Con esos precedentes, ¿cómo se empieza con la misión que les encomendaron el año pasado? ¿Por dónde se reconstruye todo?
– Es muy difícil, pero nosotros queremos comenzar por la juventud. Es esencial trabajar con las nuevas generaciones y convencerlas de que hablar el mirandés es algo positivo y no les hace de menos en relación a otros portugueses. Creemos, además, que es algo que se puede aprovechar a todos los niveles. Hablamos, por ejemplo, del turismo o de la creación artística en el cine, el teatro o la literatura. Luego, debemos dar a conocer el idioma en el resto de Portugal y también en Europa, especialmente en España; es algo que despierta curiosidad. Y, por supuesto, hay que seguir fomentando su estudio en la escuela.
– ¿Eso implica que pase a ser una asignatura obligatoria?
– Yo no diría obligatoria, pero sí dignificada y reforzada. Puede enseñarse como otra lengua cualquiera, como el francés o el español. Incluso, clases de otras asignaturas que se impartan en un formato bilingüe.
– En España, existe un movimiento creciente que va despojando al medio rural del estigma de años atrás. ¿Eso está sucediendo en Portugal como respaldo a la puesta en valor de este idioma?
– El estigma que pesa sobre las lenguas no se puede cambiar con una ley o con un decreto. Efectivamente, tienen que mudar las mentalidades. Y eso es bastante difícil, pero sí creo que se está consiguiendo. Desde que Portugal reconoció esto como un idioma y no como una forma de hablar mal, las maneras de pensar cambiaron bastante. Sobre todo, para los mirandeses, que pasaron a abandonar la vergüenza y empezaron a tener proua de usar el mirandés. Esa es nuestra forma de decir orgullo. El idioma no nos hace ni mejores ni peores que los demás, pero sí diferentes, porque nos convierte en la única región con otra lengua aparte del portugués. Y eso se puede rentabilizar. Le doy un ejemplo: en la Cámara Municipal de Miranda do Douro, yo entiendo que las personas que hablan mirandés deberían tener preferencia en relación a quienes no lo hacen. Sobre todo, en lugares como el museo de la Tierra de Miranda o en otros ámbitos culturales.
– En Miranda, ya se puede ver cartelería en mirandés, se pueden comprar libros en el idioma y es común encontrarse con traducciones a esta lengua. Para una persona que llegue desde España y quiera familiarizarse con su diccionario y su gramática, ¿qué premisas debe tener en cuenta? ¿Es de fácil comprensión para un castellanoparlante?
– Sí. Recordemos que la familia de las lenguas asturleonesas comparte trazos fundamentales con el castellano y con el portugués. Yo diría que se entiende en ambos lados. Eso convierte al mirandés en un idioma comprensible, por ejemplo, desde Miami hasta la Patagonia. Es importante que los idiomas se entiendan. E insisto en que nos convierte en una región especial. Por poner un caso muy sencillo: si alguien de fuera va a comprar un frasco de miel y ve dos tarros casi idénticos con la diferencia del etiquetado en portugués y en mirandés, probablemente va a comprar el del mirandés. Aunque sea un poco más caro.
– Por cerrar con cifras, ¿cuánta gente puede hablar el mirandés en estos momentos?
– El último estudio sociolingüístico serio lo hizo Xosé Henrique Costas, de la Universidad de Vigo, en el inicio de la pandemia. Más o menos, unas 3.500 personas lo usarían y otras 1.500 personas lo sabrían, pero no lo utilizarían habitualmente. Se entiende que porque no quieren.
