El Teatro Principal lleva este sábado (20.30 horas) una de sus funciones al Ramos Carrión, a unos metros de su hogar habitual. Será allí donde se represente El Entusiasmo, una obra escrita y dirigida por Pablo Remón, con participación del Centro Dramático Nacional, y que habla de crisis y conflictos en cuatro partes diferenciadas que confluyen en la siguiente pregunta: ¿Somos autores de nuestras vidas o simplemente personajes? Entre el elenco de actores de esta propuesta asoma Francesco Carril, que atiende a este medio desde San Sebastián en un año en el que también ha tenido que viajar para rodar en Francia o en Italia. Su éxito como intérprete en la serie Los Años Nuevos le ha abierto nuevas puertas, pero la del teatro nunca se cierra.
– Usted acaba de cumplir 40 años. ¿Las cuestiones que se abordan en la obra sobre la crisis de la mediana edad le asaltan también en esta fase de su vida?
– Sí, de alguna manera es un momento en el que empiezas a pensar en ciertas cosas. Yo tengo la suerte de que estoy trabajando bien y bastante, pero también intentas equilibrar esto con tu vida personal y muchas veces es difícil. Nosotros, por nuestra profesión, estamos todo el día fuera y a veces cuesta compaginarlo todo. Te planteas un poco cómo gestionarlo.
– La propia síntesis de El Entusiasmo lanza algunas preguntas que suelen aparecer en la cabeza de las personas cuando traspasan ciertas fronteras de la vida. Una de ellas habla del control sobre lo que a uno mismo le sucede. Adaptado a la profesión de actor, ¿pueden manejar las situaciones o, en determinados casos, dependen de un éxito o un fracaso que puede condicionar cómo transcurre una carrera?
– Yo creo que, más que el éxito o el fracaso, lo que nos preocupa es trabajar o no. Luego el éxito o el fracaso depende menos de uno. En general, lo de controlar la vida es complicado y los problemas suelen venir cuando intentamos controlar demasiado. Creo que tenemos que liberarnos un poco de ese deseo de querer manejarlo y entenderlo todo, y dejar que la vida nos pueda sorprender.
– ¿Hasta qué punto influye el azar o lo que se genera alrededor de uno de manera involuntaria en lo que le sucede a una persona?
– Mucho, desde luego. Yo lo traslado a los años que llevo trabajando y pienso que es un factor importante. Por ejemplo, coincidir en el momento justo con la persona adecuada o tener la suerte de encontrarte con alguien determinado. Pero también hay un componente muy alto de trabajo y de preparación. Yo soy un defensor de la formación, creo que es algo fundamental. Por eso, está la suerte, pero también trabajo, trabajo y trabajo.
– Hace poco, usted protagonizó una serie que tuvo bastante repercusión, Los Años Nuevos. ¿Eso le ha cambiado a nivel laboral o ha sido un trabajo puntual que no ha variado demasiado su trayectoria?
– No, desde luego que lo de Los Años Nuevos supuso un antes y un después. Estamos hablando de una serie a la que le ha ido fenomenal en España, pero también a nivel internacional, en lugares como Francia o Italia. De hecho, gracias a eso, he podido empezar a trabajar fuera. Este invierno he estado rodando una película en Roma, después otra en Francia y he tenido una proyección que, sin duda, se debe a la serie. Estoy muy agradecido.
– Imagino que ponerse a las órdenes de Rodrigo Sorogoyen siempre es una garantía.
– Desde luego. Él es un director inteligente, que deja trabajar a los actores y que tiene una visión de la profesión muy parecida a la mía. Entonces hemos coincidido bien y el resultado ha sido bueno.
– Me habla de rodajes y de proyectos en el extranjero; de un futuro próximo que pinta bien. ¿Sigue cabiendo el teatro entre esos planes?
– Sí, sigue cabiendo el teatro. De hecho, estamos de gira con El Entusiasmo y después voy a hacer una obra en Madrid junto a Juan Ollero y Ángela Boix. Es una creación de los tres que se llamará Belvedere. Se trata de un proyecto que hicimos hace cinco años y que ahora hemos recuperado con muchas ganas. Para mí, el teatro es como una vuelta a casa. Cada cierto tiempo necesito hacerlo.
– ¿Le ayuda a seguir ligado con la vocación?
– Yo empecé en esto porque hacía teatro de pequeño. El teatro fue lo que me despertó las ganas de actuar. Además, estudie en la Escuela de Arte Dramático de Madrid, que es un centro dedicado 100% al teatro. Quizá por eso, aunque yo ruede, me guste mucho y lo disfrute, al final el teatro está siempre. Me encantan los procesos, a veces casi más que las propias funciones. Encerrarte durante días y pasar muchas horas ensayando tiene algo de lo que decía, de vuelta a casa y de recordar que lo importante son los procesos más allá de los resultados.
– Con la trayectoria que acumula ahora, ¿sigue temiendo, como muchos actores, que algún día le dejen de llamar?
– Esa preocupación siempre está de alguna manera. Sobre todo, cuando vas haciendo carrera y también vas rechazando ciertas cosas. Creo que los noes también son importantes y construyen una trayectoria, pero claro que existe esa incertidumbre que va ligada a nuestro trabajo y que forma parte de él.
– Volviendo al concepto de la obra ligado con la profesión, ¿usted sigue manteniendo el entusiasmo como una llama que está siempre encendida?
– Sí, sin duda. Es algo que se mantiene encendido y, de momento, con la misma fuerza con la que empecé. Es verdad que quizá con más calma, más sosiego y más tranquilidad, pero con el entusiasmo y la ilusión intactos.
– Para terminar, ¿qué conceptos le puede trasladar a la gente de Zamora que se va a sentar a ver la obra?
– Yo creo que se van a encontrar con momentos más divertidos, más nostálgicos, más tiernos y más emocionantes. Un poco la mezcla que hay también en la vida. Además, se van a topar con unos actores maravillosos, como Raúl, Natalia y Marina, y se van a cruzar con un texto que les va a hacer conversar mucho a la salida de la obra.
