El turista que busca naturaleza puede moverse atraído por cualquier elemento. Bosques, ríos… e insectos. Lo sabe el Ayuntamiento de Zamora, que este fin de semana ha llevado a Naturcyl 2026 su propuesta ligada a los polinizadores, insectos fundamentales en el ecosistema sin los cuales mantener un medio natural en buen estado es poco menos que imposible. De su importancia en la naturaleza y de su potencial turístico, que también lo tienen, habla estos días Alba Núñez, bióloga, encargada de impartir un taller para dar a conocer la importancia de estos seres vivos y el potencial asociado a ellos. «Los polinizadores mantienen el medio natural y atraen a un tipo de turismo que nos interesa mucho, el de personas que quieren conservar la naturaleza. Un turismo que va en contra del turismo masivo de la ciudades, concienciado, que busca entornos limpios y que puede ser beneficioso para la conservación del ecosistema», resume Núñez.
Los insectos son los grandes olvidados del turismo de la naturaleza. Los paisajes mueven personas y la fauna de mayor tamaño (ahí está el ejemplo de la berrea, el del lobo o el del lince) son capaces de justificar el viaje de las personas. No así los insectos, «de los que se habla poco y son tremendamente importantes» pues, indica Núñez, «son la base de la pirámide». En este sentido, Zamora se reivindica como «isla» en el entorno masificado de las grandes ciudades, aunque con salvedades. «La capital no deja de ser una ciudad en un entorno que antes era rural, aunque no sea tan grande como otras. Pero lo que influye mucho es el tema de los cultivos. Cuando se cultiva una sola especie, se limita mucho el trabajo de los polinizadores, que necesitan alimentarse todo el año», explica la bióloga. La solución, indica, sería «esforzarnos por intercalar varias especies de plantas, por incluir diferentes tipos de vegetación».
En este sentido cobran importancia proyectos como la autopista de polinizadores que se plantea entre Puebla de Sanabria y Bragança. «Es importante también», redunda Alba Núñez, «trabajar contra la fragmentación del paisaje». «Es bueno que haya continuidad de vegetación silvestre, que haya plantas sin interrupciones para que los polinizadores puedan moverse». Una mayor presencia de insectos en el ecosistema, indica la bióloga, lleva a más diversidad natural y, a la postre, a favorecer este tipo de turismo.
Lo que trata el Ayuntamiento de Zamora con los talleres, y a la sazón con la promoción del turismo ligado a los polinizadores, es además poner sobre la mesa la problemática existente con la mala conservación del medio ambiente. «Cada vez hay menos insectos en el ecosistema», apostilla Alba Núñez, «y en parte es debido al ser humano y su impacto en el mundo». «Están en un momento delicado por varios factores. Uno de ellos es el calentamiento global. Muchos polinizadores están adaptados a determinadas temperaturas y, si suben, irán desapareciendo», explica la bióloga. Influyen también los nuevos usos del campo, como las energías renovables, que eliminan vegetación para instalar grandes extensiones de maquinaria. «No solo es la flora que se elimina, también es el hecho de que no hay continuidad entre las diferentes masas de plantas» y los insectos son incapaces de cruzar el campo de placas porque no saben que al otro lado la naturaleza continúa. «Defender los insectos es, al fin y al cabo, defender la naturaleza», insiste Alba Núñez. Y aquí Zamora, y su modelo turístico, se juegan mucho.
