Las dos últimas semanas de mayo fueron ya mucho más cálidas de lo que era habitual para esa época del año, rozándose los cuarenta grados a finales de ese mes. Un calor «que no era normal» y que dejó la primera ola de un verano que no acaba y que ya ha rebasado, en lo meteorológico, los cuatro meses de duración. El final del mes de septiembre está siendo también extraordinariamente cálido en la provincia, lo que ha estirado la estación cálida de este 2026. Los meteorólogos llevan años avisando de que los veranos serán cada vez más largos y duraderos. No ha habido que esperar mucho para sufrir el primero.
En los últimos meses Zamora ha visto como se rompían varias estadísticas relativas a las temperaturas, muchas de ellas desgraciadamente recientes. Y es que, mientras que las efemérides que atestigua la Aemet son antiguas (por norma general) en lo que refiere a bajas temperaturas y jornadas de lluvia, los datos extremos relacionados con el calor son siempre recientes (casi todos concentrados desde 2015 hasta la actualidad). Este año se han roto varios en el verano que no acaba.
El primero cayó en mayo. El día 28 se registró la temperatura máxima más alta para un quinto mes del año desde que hay registros, hace más de cien años. Por la tarde de aquel día se alcanzaron los 36,3 grados de temperatura, un registro no visto hasta entonces tan pronto en el año. Junio fue peor. La del día 22, con más de 24 grados, fue la madrugada más cálida de la historia de la capital zamorana. El 23, un día después, se alcanzó la máxima más alta para un mes de junio: 40,6 grados; el mes registró la media de las máximas más elevada de su serie (32,8) y la media de temperaturas también más alta (24,4). Julio y agosto también fueron más cálidos que la media, pero sin llegar a batirse récords (los de temperatura máxima y media más alta de agosto no son muy antiguos, pues datan, todos, de 2025).
Las gráficas difundidas este miércoles por la Agencia Estatal de Meteorología permiten comprobar que este verano inacabable está siendo más cálido de lo normal. Las temperaturas solo fueron levemente más bajas de lo que es normal durante unos pocos días en torno al 25 de julio y durante la última semana de agosto, cuando refrescó algo el ambiente después de varias semanas soporíferas. Las mínimas han estado por encima de la media de las últimas tres décadas de forma continuada durante los tres meses estudiados (junio, julio y agosto), con excepciones de muy pocos días. Por lo que refiere a las precipitaciones, ha llovido menos de lo que es normal durante los tres meses. El otoño ha empezado igual. Las máximas de septiembre deberían haber empezado en los 28 grados y haber llegado al día 20 ya rondando los 25. Eso es lo que marca la estadística pero, por contra, el mercurio lleva varias jornadas superando holgadamente los 35 grados.
El otoño, así las cosas, se resiste a entrar. Y, cuando lo haga, será cálido, según avisa la propia Aemet, que da un 70% de posibilidades de que las temperaturas sean más altas de las habituales para esta época del año. Por lo que refiere a las precipitaciones, el otoño se prevé como una estación más típica. De momento, lo que hay por delante en los próximos días es más calor. Este jueves se prevén máximas de 34 grados, las mismas que el viernes. Durante estos días, la estadística diría que las máximas tendrían que ser ya de menos de 25 grados. Para notar un alivio hay que esperar, al menos, hasta el martes, pero la previsión es tan lejana que todavía puede sufrir cambios.
