Cierran las piscinas y ese chico que te gusta se va del pueblo porque durante el año vive en Sabadell. Y hay que ir a trabajar. O a la Universidad. O al instituto. O a retomar en serio lo de la oposición. Es verdad que sigue haciendo calor – ese es otro tema – pero el otoño que asoma va más allá del tiempo. Hablamos de la toma de contacto con una realidad que el verano había aparcado. Pronto, agosto será un sueño lejano y la rutina del curso difuminará los recuerdos de las verbenas. No habrá melancolía para quienes tengan vidas plenas, pero sí llegará en cambio para los que se sienten atrapados en un día a día que no remonta.
En fin, ¿recuerdan la pretemporada? Es «una gran mentira», dice Óscar Cano. O una ilusión efímera, como los amores estivales. Para el Zamora CF, el verano fue un oasis con mensajes de ascenso directo, victorias de prestigio en los amistosos y la sensación de que esos chavales se iban a comer el mundo cuando empezara el curso. Pero no. El otoño feliz lo tienen equipos como el Lugo, que se ha quitado el bañador, se ha puesto el mono y ha empezado a facturar. Los rojiblancos del Ruta de la Plata siguen posponiendo el despertador.
La pregunta ahora, con todo ya en marcha y tras constatar que lo de la preparación eran imaginaciones nuestras, es si hay «materia prima», como indica también Cano, para que la desazón de este inicio se convierta en ilusión cuando aparezca la primavera. De momento, más allá de la victoria contra el Arenas, fundamentada en un arranque demoledor, el Zamora CF transmite bisoñez y un puntito de desesperación. Contra el Lugo, también falta de ideas para encarar el partido ante un rival mucho más maduro.
A lo colectivo se suman, además, errores individuales que pueden relacionarse con las deficiencias colectivas. Los fallos crecen más con el abono de la desconfianza. No hace falta personalizar cuando resulta evidente. Este domingo, al Zamora le faltó, incluso, un puntito de actitud bien entendida para empujar cuando el fútbol no aparecía. Y eso desesperó a una grada que pita pronto porque se le prometió otra cosa. Y es que, después del verano, se esperaba un otoño de grandes tardes que aún no se intuyen en el horizonte.
En la comparecencia posterior al partido, Cano habló de las malas rachas del pasado, de las veces que el equipo se levantó de su mano. Pero ese equipo era otro. Este, de momento, solo se divirtió en verano. Y en otoño transmite melancolía.
