«Veinte años ya, madre mía…». María Isabel Prieto se sorprende tras escuchar las explicaciones de la visita mientras atiende a la clientela a la hora del café en el bar Zapatero de Peque. Este establecimiento llevó en su tiempo el nombre de Manolo, pero ahora hace referencia al oficio del padre de la mujer que se sitúa otra vez tras la barra después de coger unos días de vacaciones a primeros de septiembre. El verano siempre es duro para la hostelería rural. «Necesitaba descansar», constata la interesada, que habla de un agosto frenético. Seguro que menos que el de 2006 para la localidad. Y es que de lo que va esta historia, de lo que se cumplen esos veinte años, es de la gran polémica que envolvió al pueblo cuando su alcalde de entonces, Rafael Lobato, propuso la instalación de un cementerio nuclear en el término.
Efectivamente, a primeros de agosto de 2006, aquel dirigente municipal de este núcleo ubicado en La Carballeda contactó con el Ministerio de Industria y le ofreció terrenos para albergar el almacén temporal de residuos radiactivos de media y alta intensidad que entonces se pretendía construir en España. Según las informaciones publicadas en su día por el diario El Mundo, el alcalde aducía que los problemas de despoblación y falta de servicios del municipio necesitaban revulsivos como el que prometía esta infraestructura con una inversión contemplada de mil millones de euros, 300 puestos de trabajo durante las obras y 110 empleos directos una vez la instalación estuviera en marcha.

Según la citada información, el alcalde puso a disposición de Industria 2.000 hectáreas de terrenos comunales desde la lógica de que el pueblo estaba «a punto de morir». No lo veían igual ni la Diputación, ni la Junta, ni los vecinos. Estos últimos reaccionaron rápido tras conocer la noticia y crearon la llamada Plataforma Antinuclear de Peque, que puso en marcha movilizaciones durante el mes de agosto para tratar de frenar esa intentona de su equipo de Gobierno. Tanto el ofrecimiento de unos como el rechazo frontal de los otros generaron una polémica que causó un importante impacto mediático. Incluso, para unos canales nacionales ávidos de noticias agostizas.
Peque se convirtió así, durante unas semanas, en uno de los focos informativos de España. En la hemeroteca, todavía se pueden encontrar fragmentos de programas como España Directo, de Televisión Española, en los que queda patente esa mediatización de los hechos: «Nosotros enfadaos, que no lo queremos de manera ninguna» (…) «Ya bastante tiene uno con las enfermedades que Dios le da», señalan algunos de los vecinos en las imágenes de la época durante una de las manifestaciones convocadas. «Se me criminaliza por pedir información», replica en esa misma pieza el alcalde.
Lo cierto es que Lobato pudo comprobar en primera persona el rechazo frontal no solo de la gente de su pueblo – o de una buena parte – sino también de la comarca en su conjunto, con movilizaciones que llegaron a juntar en Peque, durante ese agosto de 2006, a más de 4.000 personas en las calles con ataúdes que simbolizaban «la muerte» de la zona si se instalaba el cementerio nuclear. «Aquí vino todo el mundo a protestar y a dar apoyo», apunta ahora Antonio Lobo, uno de los vecinos que recuerda aquel tiempo. «Se puso la cosa caliente», apostilla la ya citada hostelera, María Isabel Prieto.

Tanto, que pronto salieron los políticos autonómicos y nacionales de todos los colores a calmar las aguas y a señalar que, con ese rechazo frontal, la propuesta del alcalde no se iba a activar. Aun así, el pueblo vivió momentos de tensión como el «secuestro» que denunció Lobato al verse encerrado por la presión popular dentro del propio Ayuntamiento, o los rifirrafes lógicos dentro de una localidad que, por entonces, tenía 166 vecinos. Aunque en verano, como en tantos lugares de la contorna, multiplicaba y multiplica su censo.
Finalmente, no fue en las semanas centrales del verano, sino en septiembre, cuando el Ayuntamiento de Peque renunció formalmente a pedir el cementerio. Sucedió el día 13, cuarenta días después del inicio de la polémica. El alcalde y los concejales que le apoyaban enviaron un comunicado para desistir de su intención de presentar la candidatura del municipio como futura sede del almacén de residuos nucleares de España. En una información de la época recogida por ABC se citan unas palabras de Lobato en las que lamenta el acoso sufrido y destaca que, con la marcha atrás al plan, confiaba en «evitar otro Puerto Hurraco», en referencia al conocido asesinato múltiple registrado en la localidad extremeña.
Con todo, en esa misma información, el alcalde incidía en que el telón de fondo de la iniciativa, la mala situación del municipio, no se había resuelto después de todas las movilizaciones. Lobato citaba el mal estado de las carreteras, la falta de pavimentación de las calles o los problemas para arreglar los caminos. También lamentaba el regidor que Peque fuese «un punto rojo» en el reparto de subvenciones, a pesar de que él concurría por el Partido Popular, la misma formación que ostentaba – y ostenta – el poder autonómico.
Sea como fuere, con la decisión tomada en septiembre de 2006 por el entonces alcalde se empezó a aplacar el revuelo. En 2007, hubo elecciones en el municipio y Lobato dio paso a una nueva alcaldesa. Era el momento de pasar página. De vuelta a 2026, en el bar Zapatero, María Isabel Prieto constata que del asunto se habla poco por allí. «Sale alguna vez, pero ya pasó», confirma la hostelera. Muchos piensan por allí que aquella propuesta no tenía sentido para la localidad, por mucho que la despoblación apretara.
La pérdida de población
En realidad, esa pérdida poblacional sigue achuchando al pueblo y a la zona. En 2006, la población oficial de Peque era de 166 habitantes. Ahora es de 111. Es decir, el municipio ha visto marchar un tercio de su capital humano en veinte años. María Isabel Prieto admite que negocios como tal hay pocos. Abierto al público, el suyo. También va a hacer veinte años que lo cogió. «Aquí antes se cosechaba mucha patata y había ganadería, pero ya casi no queda nada», lamenta a su vera Antonio Lobo.
Seguramente, a Peque le habría ido mal con un almacén de residuos radiactivos, pero no da la sensación de que, en estos dos decenios, le hayan llegado muchas alternativas de desarrollo. A nivel general, a finales de 2022, 16 años después del ofrecimiento de Lobato, el Gobierno aparcó el proyecto de construir un cementerio nuclear para toda España. No fue en La Carballeda ni será en ningún sitio.
